domingo 1 de marzo de 2026 08:41 am
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«El cierre del Gobierno en EE.UU.: Trump lo usa como arma política mientras miles de empleados quedan sin sueldo»

El primer cierre del Gobierno federal bajo el segundo mandato de Donald Trump ya es una realidad, y el presidente no solo no parece preocupado, sino que lo está usando como herramienta de presión para imponer su agenda de recortes. Mientras 750,000 empleados federales ven suspendidos sus salarios, Trump insiste en que este es el momento de «eliminar el despilfarro» en la administración pública, sin importar el costo humano que esto implique.

«Los demócratas han decidido jugar al chicken, y no vamos a ceder», declaró Trump en un tuit matutino, usando el término coloquial para referirse a un juego de gallina en el que ambos bandos se niegan a retroceder. El cierre, que comenzó a la medianoche del martes, ha dejado sin operaciones a agencias clave como la NASA, el Departamento de Educación y la Agencia de Protección Ambiental (EPA), además de suspender servicios como parques nacionales, procesamiento de pasaportes y algunos programas de asistencia social.

El impacto del cierre es significativo. Según la Oficina de Administración y Presupuesto, el costo diario estimado del cierre es de 6.5 mil millones de dólares. «Esto no es un juego. Hay familias que dependen de su salario para comer», declaró Richard Trumka Jr., presidente de la AFL-CIO, el mayor sindicato de EE.UU. Pero Trump parece dispuesto a asumir el costo político de sus acciones. «Si tenemos que cerrar el Gobierno por un año para limpiarlo, lo haremos», advirtió en un mitin en Pensilvania la semana pasada.

La estrategia de Trump es clara: usar el cierre como presión máxima para forzar recortes en áreas que considera burocráticas e innecesarias. Entre sus objetivos están los programas sociales, donde ha propuesto recortar 200 mil millones de dólares en asistencia social, el financiamiento climático, donde quiere eliminar fondos para la EPA y el Departamento de Energía, y la ayuda exterior, amenazando con recortar contribuciones a la ONU y la OTAN. «El presidente cree que este es el momento de redefinir el tamaño del Gobierno», declaró un alto funcionario de la Casa Blanca. «Si los demócratas no están dispuestos a negociar, él está preparado para mantener el cierre indefinidamente».

Mientras Trump habla de «limpiar el despilfarro», miles de familias ya sienten el impacto del cierre. Lisa Carter, empleada del Departamento de Agricultura en Kansas, se pregunta cómo alimentará a sus dos hijos. Marcus Johnson, guardaparques en Yellowstone, trabaja sin cobrar y teme no poder pagar su alquiler. Ana Rodríguez, analista en la EPA, nunca pensó que sería tratada como un peón político después de una década de servicio.

Los expertos advierten que un cierre prolongado podría tener consecuencias graves. Según JPMorgan Chase, si dura más de un mes, podría frenar el crecimiento económico. La Bolsa de Nueva York ya mostró señales de volatilidad en las primeras horas del cierre. «Parecemos un país en caos», declaró Susan Collins, senadora republicana moderada. Pero Trump parece indiferente a las advertencias. «Los mercados siempre se recuperan. Lo importante es que estamos salvando a Estados Unidos de la burocracia», declaró en una entrevista con Fox News.

En el Capitolio, las negociaciones están estancadas. Los demócratas, liderados por Nancy Pelosi, se niegan a aceptar recortes en programas sociales y ambientales, mientras los republicanos, con Kevin McCarthy al frente, exigen reducciones drásticas como condición para reabrir el Gobierno. «Esto podría durar semanas», advirtió un asesor demócrata. «Trump no va a ceder, y nosotros tampoco».


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