La ilusión del control:
Vivimos en una cultura que glorifica la autogestión: «Si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo». Pero esta mentalidad nos lleva a la ansiedad y el agotamiento. ¿Por qué? Porque hay cosas que, por más que lo intentemos, no podemos controlar: el comportamiento de otros, los imprevistos, el futuro.
Dios no te pide que seas perfecto o que lo tengas todo resuelto. Te pide que confíes. La confianza no es pasividad; es soltar la necesidad de tener todas las respuestas y creer que Dios está obrando, incluso cuando no lo ves.
¿Qué pasa cuando confías en Dios?
- Dejas de llevar cargas que no son tuyas.
- Ejemplo: Si estás estresado por el futuro de tus hijos, tu trabajo o tu salud, encomendarle esas áreas a Dios significa dejar de cargar lo que Él ya llevó en la cruz.
- Vives con menos ansiedad.
- La ciencia lo confirma: la confianza en un poder superior reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés).
- Ves las pruebas desde otra perspectiva.
- Lo que parece un obstáculo, Dios puede usarlo para fortalecerte, enseñarte o prepararte para algo mejor.
Ejemplo bíblico: Abraham
Dios le prometió a Abraham que sería padre de una gran nación, pero él y Sara eran ancianos y sin hijos. En lugar de confiar, intentaron «ayudar» a Dios (Génesis 16), lo que trajo consecuencias dolorosas. Sin embargo, cuando soltaron el control y confiaron en la promesa de Dios, Isaac nació (Génesis 21). Dios cumple su palabra, pero a su tiempo.
Tres pasos para soltar el control:
- Reconoce que no puedes hacerlo todo.
- Admite: «Necesito a Dios en esto».
- Entrégale a Dios tus planes.
- Ora: «Señor, te entrego [situación]. Haz Tu voluntad».
- Actúa con sabiduría, pero sin ansiedad.
- Toma decisiones basadas en la oración, no en el miedo.
Preguntas para reflexionar:
- ¿En qué áreas de tu vida estás tratando de «ayudar» a Dios en lugar de confiar en Él?
- ¿Qué te cuesta más soltar: el pasado, el presente o el futuro?
- ¿Cómo cambiaría tu día si vivieras con la certeza de que Dios está obrando a tu favor?
Oración:
«Padre, hoy reconozco que he intentado controlar cosas que no dependen de mí. Te entrego mis planes, mis miedos y mis sueños. Ayúdame a confiar en que Tú estás obrando, incluso cuando no lo vea. Enséñame a descansar en Tu amor y a soltar el control. En el nombre de Jesús, amén.»
Aplicación práctica:
Esta semana, elige una área específica para soltar el control (ej.: el resultado de un proyecto, la opinión de otros, un conflicto). Cada vez que sientas la tentación de preocuparte, repite: «Dios, esto está en Tus manos».
















