La creciente ola de desinformación alimenta la confusión entre dominicanos tras arresto del líder venezolano. Algunos comunicadores, incluso periodistas sin experiencia en geopolítica o derecho internacional, pueden interpretar de forma incompleta los hechos o amplificar rumores. Expertos en medios señalan que las plataformas digitales son terreno fértil para la difusión rápida de desinformación, especialmente en temas complejos que combinan política, posibles acciones de seguridad y procesos judiciales internacionales.
Por José Zabala, creador de contenido
New York: La comunidad dominicana en Estados Unidos ha expresado creciente preocupación por el aumento de noticias falsas y desinformación en redes sociales y medios digitales a raíz de reportes públicos sobre la detención del líder venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes según informaciones difundidas por algunos medios enfrentarían acusaciones federales en Nueva York vinculadas a presuntos delitos de narcotráfico y otros cargos.
En este tipo de coyunturas, es fundamental recordar que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario y que los detalles oficiales deben confirmarse mediante fuentes verificables. Legalmente, periodistas y medios tienen responsabilidad de verificar hechos antes de publicar, bajo principios de ética periodística y para evitar daños reputacionales o legales por difusión de información errónea. De lo contrario, pueden exponerse a reclamos por difamación, rectificaciones públicas u otras consecuencias conforme a las leyes aplicables del país donde operan.
La preocupación dominicana: redes “locas” y narrativas contradictorias. Muchos dominicanos han denunciado que las redes sociales se han convertido en un “campo de batalla” de información falsa, exagerada o descontextualizada, donde:
• Se difunden versiones sin fundamento sobre muertes masivas, participación de terceros países o conspiraciones, sin respaldo en fuentes oficiales o verificadas.
• Algunos comunicadores, incluso periodistas sin experiencia en geopolítica o derecho internacional, pueden interpretar de manera imprecisa los hechos o amplificar rumores al comentar información no confirmada.
• El término geopolítica, fundamental para entender relaciones internacionales y consecuencias legales, suele usarse sin definición clara, lo que confunde aún más a la audiencia.
Expertos en medios señalan que las plataformas digitales son terreno fértil para la difusión rápida de desinformación, especialmente en temas complejos que combinan política, seguridad internacional y procesos judiciales.
Tres voces desde la comunidad dominicana (anonimos)
Voz 1:
“Publican cosas sin citar fuentes. A veces leo que hubo miles de muertos, que Cuba está en guerra, que Maduro ya fue liberado… la gente replica y se vuelve ‘verdad’. No sabemos qué creer.”
Voz 2:
“Algunos espacios parecen competir por ser más dramáticos. Es difícil distinguir entre información real y rumores. Nos afecta porque aquí también vivimos polarización y miedo.”
Voz 3:
“En WhatsApp y Facebook, la mitad cree una versión y la otra mitad otra. Es frustrante y crea división entre amigos y familiares.”
Opinión de un experto en comunicación (Anonimo)
Un analista en comunicación digital y periodismo señala que la desinformación se alimenta de tres factores clave:
- La velocidad de las redes sociales, que premia lo sensacionalista.
- La falta de verificación antes de compartir.
- La ausencia de comprensión de contextos complejos, como leyes internacionales, derechos humanos, doctrina de soberanía y procesos judiciales federales.
Según estudios sobre consumo informativo, una parte importante de usuarios obtiene noticias principalmente de redes sociales, donde la desinformación puede circular con mayor facilidad que en medios que aplican estándares editoriales, lo que genera confusión y desconfianza.
Tras su traslado desde Venezuela a una corte federal en Manhattan —según reportes difundidos por algunos medios—, donde ambos se habrían declarado no culpables de los cargos imputados, plataformas de redes sociales y grupos no verificados han difundido versiones contradictorias, exageradas o sin respaldo oficial, lo que ha generado incertidumbre y división entre lectores dominicanos y latinos.
La preocupación dominicana ante el incremento de la desinformación no es aislada; refleja una crisis global de confianza en información digital, donde rumores y datos sin verificar pueden propagarse más rápido que la información confirmada, especialmente en temas de geopolítica internacional. La solución no es simple, pero un mayor enfoque en educación mediática, uso responsable de fuentes confiables y verificación de hechos puede contribuir a frenar la ola de noticias sin fundamento.
Si bien los hechos judiciales y políticos seguirán desarrollándose, la comunidad dominicana y latina exige información clara, responsable y fundamentada, que permita comprender la situación sin caer en confusión o polarización.
Narrativa real de los hechos
El pasado 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro y Cilia Flores habrían sido capturados en Venezuela durante una operación que, según informaciones publicadas por algunos medios, involucró labores de inteligencia y acciones de fuerzas estadounidenses, y posteriormente habrían sido trasladados a Estados Unidos para responder ante autoridades judiciales por acusaciones federales relacionadas con presuntos delitos de narcotráfico.
El 5 de enero de 2026, tanto Maduro como su esposa habrían comparecido ante un tribunal federal en Manhattan, donde se habrían declarado no culpables y Maduro habría descrito su detención como un “secuestro” y se habría considerado “prisionero de guerra”, alegando su inocencia.
Aspectos legales y reales
A nivel jurídico, lo que corresponde en casos de esta naturaleza es que cualquier persona imputada enfrente un proceso en el que se respeten garantías como el debido proceso, el derecho a la defensa y la presunción de inocencia. Aunque el caso pueda generar debates políticos, legales e internacionales, el marco correcto es el de un procedimiento judicial donde la evidencia, las decisiones del tribunal y la información oficial determinan el curso del proceso.
















