jueves 9 de abril de 2026 13:25 pm
Search

“Cómo se convirtió José Zabala en Zabala Al Día” Mi Libro: Cómo superé las barreras raciales de la época de los 80 en la banca dominicana, cuando se decía que los bancos eran para “blancos, ricos y reinas de belleza”.

Logré convertirme en uno de los pocos hombres de color en ese momento en un banco del país, viviendo en Katanga, El Maleconcito de Los Mina. “Nadie lo creía” Mi educación fue mi refugio y mi arma no mi color de piel.

Este testimonio forma parte de uno de los diez capítulos del libro “Cómo se convirtió José Zabala en Zabala Al Día”, una obra que recoge vivencias reales, aprendizajes y mensajes de vida dirigidos a inspirar a las presentes y futuras generaciones. El libro será publicado el próximo 15 de octubre de 2026, marcando un antes y un después en la historia personal y profesional del licenciado en Contabilidad de la UASD y creador de contenido José Zabala, dejando un legado de motivación, fe y perseverancia para toda la comunidad.

Por José Zabala, creador de contenido

New York: Mi historia no comienza con privilegios. Comienza con hambre, necesidad y una fe inquebrantable en que la vida podía ser diferente. Soy José Zabala, y este es un testimonio real, profundo y humano de sacrificio, superación y esperanza, parte de mi próximo libro “Cómo se convirtió José Zabala en Zabala Al Día”, que verá la luz el 15 de octubre de 2026.

En la República Dominicana de la década de los años 80 existía una mentalidad marcada por fuertes prejuicios sociales, donde se decía que los empleos en los bancos eran para personas blancas, hijos de familias acomodadas o figuras de presencia social. Esa barrera cerraba puertas antes de que muchos siquiera intentaran tocarlas.

Yo decidí no aceptar ese límite. En el Banco Metropolitano se me dio la oportunidad y logré abrirme paso, convirtiéndome en uno de los pocos hombres de color en ese entorno en ese momento. No fue fácil. Hubo prejuicios, dudas y momentos de gran presión. Pero mi preparación, mi disciplina y mi nivel académico rompieron esa barrera. Demostré que el talento no tiene color, que la capacidad no depende del origen y que la dignidad no se negocia. Gracias Lcdo. Montaño y a mis compañeros del departamento de auditoría.

Ese logro no fue solo mío. Fue una victoria para todos los que venían detrás, para quienes sentían que no pertenecían.

Nací y crecí en sectores humildes como Katanga, El Maleconcito, Los Mina y San Carlos, lugares donde la vida no regala nada. Allí aprendí desde niño que el futuro no se espera, se construye. La pobreza no era una palabra, sino una realidad diaria. Sin embargo, dentro de esa realidad también nació mi determinación.

Mi educación fue mi refugio y mi arma. Pasé por distintos espacios que marcaron mi carácter: Santo Domingo, San Francisco de Macorís, Bella Vista Pastor, el internado “La Granja”, el Hogar Escuela Santo Domingo, el Politécnico Loyola en San Cristóbal, el Liceo Manuel Rodríguez Objío y, finalmente, la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Cada lugar dejó una huella en mí.

Hubo días en los que no tenía qué comer. Caminaba largas distancias para llegar a la universidad, muchas veces sin dinero y con el estómago vacío, pero con el alma llena de propósito. En muchas ocasiones comía gratis en la universidad, y ese plato representaba más que alimento: era esperanza y fuerza para seguir adelante.

Uno de los momentos más transformadores de mi vida fue mi paso por la escuela salesiana y el Hogar Escuela Santo Domingo. Allí encontré orientación, disciplina, valores y dirección. Fue en ese espacio donde comprendí que mi vida tenía propósito y que podía aspirar a más. Cuantos amigos tengo hoy de ese prestigioso lugar.

También enfrenté momentos difíciles, como mi paso por la granja reformatorio en Bella Vista Pastor. Esa experiencia me enseñó que los errores no definen el destino, sino la capacidad de levantarse y solo era un niño llevado ahí sin saberlo. Allí conocí personas que dejaron huellas importantes en mi vida. Allí conocí personas que dejaron huellas importantes en mi vida: Helena Vélez, Darío Rodríguez, Nena y Maruco Medina y familia. ¡Que dichoso fui!  Me salvaron….

Nada de esto lo logré solo.

Agradezco profundamente a mi familia, a mi madre Monsita, por su amor incondicional y su sacrificio. A Mamina (EPD), por su recuerdo eterno. Gracias Mamina y familia. A todas las personas que creyeron en mí cuando no tenía nada. A quienes me dieron una oportunidad, una palabra de aliento o simplemente estuvieron presentes en los momentos más difíciles. Gracias a Doña Carmen (EPD), madre de Eurípides Pichardo, por su respaldo. Gracias a José Campillo, de la farmacia Anacaona en San Carlos (EPD), por su ayuda. Gracias a Lucinda Vélez, por su apoyo total y confianza en momentos clave de mi vida. ¡Por ti me gradué!  Logré graduarme con honores summa cum laude y posteriormente obtener un máster en auditoría y mercadeo. Fui uno de los primeros graduados de mi comunidad, llevando un mensaje claro de esperanza. Pero fue uno de los mayores desafíos fue enfrentar una realidad social de la época.

Gracias a todos los que me ayudaron en el camino, les digo con el corazón: gracias. Esta historia también es de ustedes.

Capítulo de agradecimiento a Dios quien me dio la oportunidad de no cometer errores en mi pasado y poder contar mi historia con tranquilidad y paz.

Si hay una fuerza que sostuvo mi vida en los momentos más duros, fue Dios. Cuando no tenía qué comer, Él me sostuvo. Cuando no tenía fuerzas, Él me levantó. Cuando no veía salida, Él abrió caminos donde no los había. Mi fe fue mi refugio en medio de la tormenta. No hablo de teoría, hablo de una experiencia viva. A Dios le debo cada paso, cada logro y cada oportunidad.

Mensaje a la juventud
A la juventud de hoy quiero hablarle con el corazón y desde mi propia experiencia: sé que hay momentos en los que sienten que no pueden, que las circunstancias son más grandes que sus sueños, pero yo viví el hambre, caminé sin dinero, enfrenté prejuicios y fui subestimado, y aun así no me rendí; aprendí que la educación es la llave, la disciplina es el camino y la fe es la fuerza que te levanta cuando todo parece perdido.

No uses tu historia como excusa, úsala como impulso, porque no importa de dónde vienes, sino hacia dónde decides ir. Soy José Zabala, de Katanga, de Los Mina, de caminar a pie, de estudiar con hambre y de vencer barreras, y hoy puedo decir con firmeza, humildad y fe que sí se puede; mi vida cambió cuando entendí que tenía propósito, que podía aspirar a más y que, con orientación, valores y dirección, era posible construir un futuro diferente.

Vistas: 1

Suscríbete para que recibas a tu Email las Noticias de Hoy calienticas...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

nueve − 3 =

MÁS NOTICIAS