Por José Zabala, creador de contenido
New York: Durante una radiante tarde en la ciudad de Nueva York, bajo un sol que evocaba los días de verano, decidí salir a caminar junto a mi querida suegra Thelma Garcia . Lo que parecía un momento simple y lleno de tranquilidad, se convirtió en una profunda reflexión sobre la realidad que hoy enfrentan miles de envejecientes en nuestra comunidad. Mientras avanzábamos por las calles, no pude dejar de pensar en los múltiples obstáculos, carencias y necesidades que golpean a nuestros mayores, precisamente en la etapa de sus vidas en la que más apoyo, dignidad y atención merecen.
Resulta preocupante que, en momentos donde más necesitan respaldo, se estén reduciendo o limitando servicios esenciales que impactan directamente su calidad de vida. Atención médica, asistencia social, apoyo alimentario y programas comunitarios son pilares fundamentales que no pueden ser debilitados. En medio de esa reflexión, comprendí algo inevitable: dentro de unos años, ese también seré yo… seremos todos. Por eso, hoy levanto mi voz y convoco a toda la comunidad a unirse en una sola causa: defender los derechos de nuestros envejecientes.
No podemos permitir que quienes construyeron nuestras familias y comunidades queden en el olvido. Nuestros envejecientes merecen respeto, protección y una vida digna. Rescatarlos no es solo un acto de justicia social, es un compromiso moral con nuestro propio futuro. Porque ellos fuimos nosotros… y nosotros seremos ellos.
En este contexto, es justo reconocer la labor de líderes comunitarios como Jaime Vargas conocido como “La Voz de los Envejecientes” quien ha levantado su voz de alerta ante esta situación, destacando la urgencia de atender y servir a la población envejeciente en los Estados Unidos. Su compromiso es un llamado claro a la acción colectiva.
Hoy más que nunca, la comunidad debe despertar. Defender a nuestros envejecientes es defender nuestra historia, nuestra dignidad y nuestro mañana.
Por José Zabala, creador de contenido: Promoviendo el arte, la cultura y el orgullo latino-americano en la diáspora.















