La Embajada de Estados Unidos en Moscú emitió una alerta sanitaria y aconsejó a sus ciudadanos abandonar Rusia «lo antes posible» tras conocerse la muerte de una investigadora de 28 años en la región siberiana de Irkutsk por sospecha de peste neumónica, el caso que ha puesto en vilo a los organismos sanitarios internacionales. La advertencia diplomática se emitió antes de una conversación telefónica anunciada entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso, Vladímir Putin, sobre el presunto brote.
«La Embajada de Estados Unidos está al tanto de las informaciones procedentes de la región de Irkutsk sobre un presunto caso de peste neumónica que condujo al fallecimiento de una persona, así como de las medidas de cuarentena y el cierre de hospitales en dicha ciudad», señaló el cuerpo diplomático en su sitio web. La representación también recordó que su capacidad de asistencia consular es limitada, especialmente fuera de Moscú, y que permanece vigente la alerta de viaje de Nivel 4 para Rusia —la más alta posible—, recomendando a los estadounidenses no viajar al país «debido al riesgo de detención arbitraria y a preocupaciones de seguridad».
El caso gira en torno a Darya Shipilova, técnica de laboratorio del Instituto Antiplagas de Investigaciones de la Peste de Irkutsk y el Lejano Oriente, quien falleció el 2 de octubre en un hospital de la ciudad de Shélejov, donde se había presentado con lo que las autoridades rusas describen como «neumonía de etiología desconocida». El centro donde trabajaba fue fundado en 1934 como organismo científico y operativo para combatir la peste, y hoy abarca también otras enfermedades altamente peligrosas como el cólera y el ántrax.
Las versiones sobre el origen del contagio divergen. Medios rusos barajan dos hipótesis: que la joven contrajo la Yersinia pestis —bacteria causante de la peste— durante un reciente viaje a Tailandia, o que se infectó tras la rotura accidental de un tubo de ensayo con patógenos en su puesto de trabajo. Rospotrebnadzor, el servicio sanitario ruso, rechaza tanto la versión del brote como la del accidente de laboratorio, asegura que una investigación interna confirmó el cumplimiento de los protocolos de seguridad y destaca que la fallecida estaba vacunada y presentaba fuerte inmunidad.
Mientras el Kremlin llama a seguir únicamente los datos oficiales, la respuesta internacional se acelera: el secretario de Estado Marco Rubio exigió transparencia informativa al gobierno ruso; la OMS —que ya calificó de «muy bajo» el riesgo para Europa— solicitó a Moscú un intercambio de información «rápido, completo y transparente» y datos sobre un posible segundo trabajador del instituto con neumonía indeterminada; y el Comité de Seguridad Sanitaria de la UE abordó el caso en un diálogo estratégico con la Comisión Europea, el ECDC y la autoridad HERA. Unas 200 personas que tuvieron contacto con la fallecida fueron puestas bajo vigilancia médica; tras cerca de 5,000 pruebas, Moscú asegura que no se ha detectado «ningún microorganismo patógeno peligroso».
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