Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– Para un católico, asistir a misa el domingo es una prioridad porque celebramos la resurrección de Jesucristo y nos reunimos como hermanos en la fe. Escuchar la Palabra de Dios y participar en la Eucaristía alimenta nuestra vida espiritual, fortalece la esperanza y nos invita a vivir con más amor.
Entre el trabajo, las preocupaciones y las responsabilidades, dedicar ese tiempo al Señor nos ayuda a recordar lo esencial. Llegamos con alegrías y dificultades, y encontramos una invitación a perdonar, agradecer y servir. La fe que celebramos debe convertirse en bondad dentro del hogar y de la comunidad.
Cuando una enfermedad, el cuidado indispensable de otra persona u otra causa seria impide asistir, la Iglesia reconoce esa imposibilidad. Podemos dedicar un momento a la oración y a la lectura del Evangelio. El domingo nos recuerda que Dios tiene un lugar en nuestra vida y que su amor nos acompaña durante toda la semana.
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