La doble intención, las burlas personales y los comentarios fuera de tono en la televisión, la radio, YouTube y los podcasts abren un debate sobre los límites del entretenimiento y el respeto a las audiencias.
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– La comunicación dominicana enfrenta un desafío que merece una reflexión seria: el uso excesivo de chistes de doble sentido, comentarios incómodos, insinuaciones y burlas personales que, lejos de entretener, pueden provocar rechazo entre oyentes y televidentes.
En programas de televisión, radio, plataformas digitales, videos y podcasts, algunos comunicadores parecen confundir la espontaneidad con la falta de respeto. En ocasiones, una conversación interesante termina convertida en una cadena de bromas que incomodan a los invitados y distraen del contenido principal.
¿A qué se debe este fenómeno? Entre las posibles causas figuran la competencia por conseguir visualizaciones, la búsqueda de momentos virales, la improvisación sin preparación y la creencia de que cualquier comentario provocador genera audiencia.
El problema no es el humor. El humor forma parte de nuestra identidad cultural. El problema comienza cuando la gracia depende de humillar, ridiculizar o incomodar a otra persona.
Tampoco puede afirmarse, sin estudios específicos de audiencia, que estas prácticas estén provocando una pérdida generalizada de televidentes. Sin embargo, sí pueden deteriorar la confianza y la imagen profesional de los programas.
¿Qué dice un experto?
El psicólogo e investigador <Entity category=»people» value=»Peter McGraw» disambig=»Investigador del humor de la Universidad de Colorado Boulder»/> explica, mediante su teoría de la violación benigna, que una broma funciona cuando el público percibe algo inesperado o atrevido, pero al mismo tiempo inofensivo. Cuando ese equilibrio desaparece, el humor puede transformarse en ofensa o indignación. <Cite refs={[«turn710070search0″,»turn710070search1»]}/>
¿Cómo corregirlo?
Los productores y comunicadores deben preparar mejor sus contenidos, conocer a sus audiencias, respetar a los invitados, evitar burlas humillantes y reconocer sus errores cuando una expresión resulta ofensiva. La espontaneidad no debe ser una excusa para la irresponsabilidad.
La comunicación dominicana tiene talento, creatividad y una extraordinaria tradición humorística. No necesita perder su esencia, sino elevar la calidad de sus contenidos.
Porque hacer reír es un talento, pero saber respetar es una responsabilidad. Y cuando el chiste incomoda más de lo que entretiene, el comunicador corre el riesgo de perder lo más valioso: la confianza de su público.
Fuente: Asociación Americana de Psicología (APA), entrevista a Peter McGraw sobre la psicología del humor.
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