domingo 14 de julio de 2024 00:54 am

Bomba y plena: el arte de Puerto Rico que ahora se a levantado en NYC para curar y enfrentar la opresión

La organización BombaYo, creada hace 16 años por el reconocido músico Dr.Drum y Melinda González, no solo promueve las tradiciones culturales de Borinquen en la Gran Manzana sino que reivindica el valor de comprender mejor la identidad boricua, a través de la música, el canto y el baile.

Para algunos puertorriqueños, la bomba y la plena son solo tambores y panderetas. Otros lo describen como un estilo musical antiguo. Y de manera más formal, hay quienes aseguran que se trata de una de las danzas más tradicionales de la isla, impulsada por la percusión, que refleja la herencia de la cultuta africana.

Pero para aquellos que sienten y viven la bomba y la plena, y disfrutan cantando, bailando, tocando y poniendo el alma en los ritmos que salen de los cueros de sus barriles y sus panderos, las descripciones de este estilo musical, nacido en la época de la colonización en los ingenios azucareros del norte de Puerto Rico, se quedan cortas.

Esa es la confesión que sale de los labios del músico de origen puertorriqueño José Ortíz, más conocido como Dr. Drum, rodeado de tambores, y una vibra casi mágica, en la sede de la organización BombaYo, creada hace más de 16 años en El Bronx, para mantener vivas las tradiciones musicales y culturales de Puerto Rico en la Gran Manzana.

“La bomba es más de lo que uno lee por todas partes. La bomba es vida. Es reconocer que venimos de Africa. Es algo bien simbólico para nosotros, pero también es el futuro para quienes están siendo más sinceros al conocer, aceptar y entender nuestra propia historia”, advierte el músico, mientras sonríe tocando los cueros del primer barril con el que comenzó a hacer bomba, una obra artesanal de Junior Tirado, conocido en Nueva York por tener manos prodigiosas para elaborar los mejores tambores.

La bomba es deshacer el racismo, es una forma de pelear y resistir la opresión. Es una respuesta cultural que cambia vidas. Yo mismito no entendía mucho de Puerto Rico hasta que llegó la bomba a mi vida y me levantó la conciencia. Me cambió la vida, me dio claridad”, agrega el maestro, quien ha enseñado a cientos de niños y adultos, no solo en su estudio en la Avenida Grand Concourse, sino en escuelas de la Gran Manzana.

Y al hablar de los tambores que usa la bomba, mostrando mucho respeto y dando valor al género musical, Dr. Drum explica que las percusiones que se involucran en las muestras son únicas.

“Muchos no entienden que cada tambor tiene su historia y su educación. Los tambores que usamos aquí tienen el mismo nombre del género, se llaman bombas. Hay dos tambores que trabajan juntos para crear ritmos como el sicá, el yubá, el holandés, el cuembé y el yubá. El grande es el buleador y el otro es el primo”, dice el boricua, agregando que hay que conocer a los grandes de la bomba. “Además, quienes se meten a la bomba tienen que saber de la familia Cepeda, de Rafael Cepeda, que montaron todo esto. No se trata solo de ir y comprar un tambor y creer ya que están haciendo bomba y entender el valor de ser humilde para poder lograr mejor conexión con el mundo”.

El músico hace una pausa y revela que a pesar del poder que tienen la bomba y plena, muchos niños hijos de puertorriqueños ni siquiera saben de ese estilo musical, como le pasó a él mismo, quien a pesar de declararse amante de la percusión desde que era muy pequeño, se enamoró a primera vista y a primer sentir de la bomba cuando tenía 40 años.

Hay que decirlo. Muchos niños no aprenden de su propia cultura. Y en los libros que usan las escuelas aquí, tampoco se menciona nada de lo que somos, porque la educación se volvió sinónimo de dinero no de identidad. Yo amo la percusión desde antes del 5 de mayo de 1964 cuando, cruzando una calle, escuchando unos tambores, me chocó un carro, pero la bomba llegó a mi vida mucho después y no por mi mamá ni mi papá ni por la escuela”, recuerda Dr. Drum, manifestando que en El Bronx el género musical ha cambiado vidas.

Yo conocí la bomba en el BomPlenazo del 2002, viendo a la familia Cepeda en tarima. No sabía nada de ellos, pero todo cambió para mí desde ese momento, y por eso creamos BombaYo, y no solo intentamos transmitir la bomba, sino que lo hicimos. BombaYo empezó con niños en escuelas que hoy son grandes músicos como Wilson Lantigua, Keyla Pérez, Marvin Delgado, Caterine Santana, Marisol Ortiz y Donovan García y sus vidas son lo que son por la bomba”, agregó el percusionista.

Y justo cuando la ciudad enfrenta problemáticas de salud mental y las comunidades latinas están en la cabeza de padecimientos físicos, la bomba se presenta también como un arma plena de sanación.

“Quienes lo han sentido entienden la ciencia de los tambores. Los que están en esto sienten otra cosa, porque los tonos son frecuencias que hablan con nosotros y con la mente. Son una terapia poderosa. La bomba es curativa. El tambor se comunica con nosotros de otra manera y por fin estamos entendiendo mejor el poder del barril, al que el colonialismo no le dio respeto porque pertenecía a los africanos”, dice el músico y sanador.

El tono de barril es una frecuencia que trabaja bien con el cerebro, el yubá, el ritmo que toco, es intencional y sincroniza con el corazón para dar terapia a la gente. Los niños entran calladitos a un aula, y sin necesidad de hablar, sienten distinto. Todas las escuelas deberían primero hacer que los niños entren al auditorio a escuchar y sentir la música y luego ir a clase, listos para aprender, pero no lo entendemos”, menciona el puertorriqueño, revelando otro testimonio de sanación.

“Hay una mamá que decía que tenía problemas con la disciplina con sus hijos, porque era muy fuerte con ellos, porque se crió así. Pero desde que empezó las clases, la bomba la ayudó a ella a tener más paciencia con sus hijos, y eso no se lee en ningún lado. Eso es lo que queremos para nuestra gente, que los políticos inviertan en nuestra cultura y puedan entender su identidad, sin dañarse la cabeza con puras canciones sin propósito que suenan por todas partes. Ahí viene el cambio”, dijo Dr. Drum.

Y mientras mira un libro empolvado que guarda en un armario en su estudio, el músico recuerda que entre el 2010 y 2014 trabajaba con gente mayor, y con sus ojos iluminados, confiesa que la bomba “salva a todos”.

“Esa es Teresa. Esa nunca bailó en su vida y la bomba le cambió todo. Fue una experiencia poderosa para ella, así como lo fue para mí, que vivía muy triste antes de la bomba, y para toditos los que han pasado por aquí. La bomba nos ha cambiado y en eso, nadie puede negar el trabajo de Bombayo”, reitera el neoyorican, diciendo con mucha humildad que cada año promueven más de 200 shows en diferentes partes de la ciudad, y que en el Desfile Puertorriqueño estarán tocando, cantando y bailando en una carroza.

Melinda González, cofundadora de BombaYo, quien ha sido educadora desde hace varios años, asegura que el valor de la bomba va más allá de un simple espectáculo de tradiciones, y para muchos es una catársis transformadora.

“Cuando yo bailo bomba me siento relajada, me siento calmada. No tengo el estrés de pagar los biles. Me siento conectada a la gente de mi alrededor y con mi herencia africana. Y sentir la bomba nos da más importancia para seguir haciendo el trabajo que hacemos, que es muy fuerte, a veces, pero es una cosa bien bonita, especialmente cuando vemos a la gente más unida, con mayor entendimiento”, dice la neoyorquina, nacida en Brooklyn.

Y a su definición de la bomba, la bailarina afirma que no puede dejarse de lado el poder que tiene para levantar la voz contra las injusticias, como empezó a hacerlo siendo muy joven en la universidad, y luego como organizadora comunitaria contra el abuso policial y en defensa de los presos políticos puertorriqueños.
“En esa época había una atmósfera de activismo y la bomba y la plena se unieron y era algo que atraía a muchos. Creo que fui entendiendo que es una manera en que la cultura puertorriqueña podía expresarse y aunque veía jóvenes de 20 y 30 años bailando la bomba, sentí que faltaba vincular a los más jovencitos, entonces me junté con Dr. Drum trabajando en escuelas y comunidades y todo se alineó para crear BombaYo”, dice la boricua, quien también habla del valor de sanación que tiene esa música.

Es increíble la sanación que da. Nos enseña que es otra manera de curarnos de manera individual y coletiva y a través de los siglos nos sigue manteniendo conectados a Africa”, advierte la educadora, quien sin embargo sigue sintiendo que falta que llegue a más personas y ocupe el espacio que se merece. “Para eso nos gustaría ver más fondos dedicados, no solo a la expresión de Puerto Rico en Nueva York, sino verlo como un movimiento de la comunidad en la isla y Estados Unidos, porque es parte esencial de nuestra comunidad para mantener la cultura y poder incluirlo en el currículo de todas las escuelas”, dice la cofundadora de BombaYo.

Y en las calles de El Bronx y El Barrio, en Manhattan, la bomba también se siente y se vive. Así da testimonio un percusionista urbano, llamado Víctor, quien se gana la vida tocando sus tambores en el metro de la Gran Manzana, y quien afirma haber tenido la fortuna de haber recibido la tradición desde muy pequeño.

“Yo amo mis tambores, y para mí eso es mi vida desde que era chamaquito, cuando aprendí. Pero la bomba da más vida”, cuenta el joven músico, quien se declara orgulloso de poder tener viva su cultura y poder compartir un poco de su talento con pasajeros del metro, quienes agradecen sus presentaciones mayormente con aplausos y uno que otro con billetes de $1 dólar.

Dónde apreder más sobre la bomba y plena y tomar clases

  • Puedes visitar el sitio oficial de BombaYo, en este link: https://www.bombayo.org/
  • Puedes visitar la sede de BombaYo en El Bronx en 1125 Grand Concourse Bronx, NY 10452
  • Puedes llamar al 347-310-0583
  • Puedes escribir al email para inscribirte a futuras clases: bombayony@yahoo.com

eldiariony.com

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