De: Jose Zabala
New York – Hoy la comunidad dominicana en la diáspora se viste de luto ante la partida de un ser humano excepcional: Carlos McCoy. Un amigo de todos, un verdadero hermano de Emaús, un conciliador natural, un hombre de paz que supo ganarse el respeto, el cariño y la admiración de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Carlos McCoy no fue solo un nombre. Fue presencia. Fue consejo oportuno. Fue equilibrio en momentos difíciles. Como padre y líder familiar, dejó una huella imborrable basada en valores, respeto y amor por los suyos. Como caballero, se distinguió por su trato digno, su educación y su forma elegante de vivir la vida.
Intelectual y escritor de diversos temas, McCoy aportó ideas, reflexiones y pensamientos que enriquecieron a su comunidad. Su pluma fue una herramienta de orientación, análisis y conciencia social. Su voz siempre buscó unir, nunca dividir.
Hoy más que nunca recordamos su capacidad de conciliar, de escuchar, de tender puentes donde otros levantaban muros. En tiempos donde la sociedad necesita líderes con humanidad, Carlos McCoy fue ejemplo vivo de lo que significa servir con humildad.
A su familia, amigos y a toda la comunidad que hoy llora su partida, les enviamos un mensaje de paz, fortaleza y consuelo. Que Dios lo reciba en su gloria y le conceda el descanso eterno que merece un hombre que vivió con propósito.
Carlos McCoy no se va… se transforma en recuerdo, en legado y en inspiración.
Paz a su alma
















