lunes 24 de agosto de 2026 10:39 am
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Cuando llega la campaña y el político baila merengue en Washington Heights: ¿conexión con la comunidad o estrategia electoral para lograr el voto dominicano? ¿Cómo lo recibe la comunidad dominicana?

¿Qué pasará cuando termine el merengue y pase el 3 de noviembre? ¿Vino solamente a bailar con nosotros o también está dispuesto a trabajar por nosotros? El merengue acerca; los resultados convencen. Baile el merengue con nosotros. Disfrute nuestra cultura. Tómese la fotografía. Pero cuando termine la música, no se vaya. En Washington Heights, el merengue no es solamente música. Pero bailar merengue no significa representar a la comunidad.

Bailar con la comunidad puede ser una señal legítima de respeto e integración, pero el verdadero significado político comienza después de que termina la música.

De cara a las elecciones del 3 de noviembre de 2026, el baile puede acercar al candidato al votante dominicano, pero la comunidad también quiere propuestas y resultados.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– Llegan las elecciones del 3 de noviembre de 2026 y vuelve una escena conocida en Washington Heights: políticos visitando actividades dominicanas, saludando comerciantes, tomándose fotografías y, cuando suena el merengue, entrando a la pista para bailar con la comunidad.

Cuando un político llega a Washington Heights, participa en una actividad dominicana, escucha un merengue y termina bailando frente a la comunidad, la imagen casi siempre funciona: aparecen los celulares, llegan las fotografías, circula el video por las redes sociales y, durante unos minutos, el dirigente parece convertirse en uno más del barrio.

Pero detrás de ese baile existe una pregunta legítima: ¿qué significa realmente que un político baile merengue en el corazón de la comunidad dominicana de Nueva York?

¿Es malo? No necesariamente. Participar en una expresión cultural puede transmitir cercanía y reconocimiento. El merengue es identidad, alegría y parte de la historia dominicana. Que un político lo baile puede ser recibido como un gesto de integración y respeto.

Pero cuando ocurre en plena campaña electoral, el gesto inevitablemente adquiere también una dimensión política.

La comunidad dominicana ya conoce estas imágenes. El video circula, llegan los aplausos y las fotografías se multiplican en las redes sociales. Pero después aparece una pregunta mucho más importante:

¿Qué pasará cuando termine el merengue y pase el 3 de noviembre?

Ahí comienza la verdadera evaluación.

Washington Heights no solamente necesita políticos que conozcan sus fiestas. Necesita funcionarios que conozcan el costo de los alquileres, los problemas de los pequeños negocios, la situación de los envejecientes, la educación, la seguridad, la vivienda, la salud y las dificultades económicas de las familias.

Por eso, el dominicano puede disfrutar viendo a un candidato intentando seguir el ritmo de un buen merengue y, al mismo tiempo, preguntarle: ¿qué propuesta tiene para mi comunidad?

Ese cuestionamiento no pretende atacar a ningún candidato. Al contrario, representa una señal de madurez política.

El merengue acerca; los resultados convencen

Bailar puede humanizar al político. Puede romper barreras y crear un momento genuino de conexión. Pero existe una enorme diferencia entre compartir la cultura dominicana y utilizarla únicamente durante una campaña.

Si el político baila merengue en agosto, septiembre y octubre, pero después de las elecciones continúa visitando Washington Heights, escuchando a sus residentes y trabajando por sus necesidades, aquel baile puede recordarse como un gesto auténtico.

Si desaparece después del 3 de noviembre, la percepción puede ser muy diferente.

Por eso, en estas elecciones de 2026, la comunidad dominicana tiene una reflexión sencilla:

Baile el merengue con nosotros. Disfrute nuestra cultura. Tómese la fotografía. Pero cuando termine la música, no se vaya.

Porque el merengue puede durar cinco minutos; el voto tiene consecuencias durante años.

Y en Washington Heights, quizás esa sea la verdadera pregunta de esta campaña:

¿Vino solamente a bailar con nosotros o también está dispuesto a trabajar por nosotros?

Foto Ilustrativa IA.

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