Por José Zabala
Washington Heights NY: Cuando la nieve cubre las aceras de Washington Heights y el frío se siente con fuerza en el rostro, muchos dominicanos no se esconden: salen, miran al cielo, sonríen y hacen memoria. La sólida tormenta de nieve que esta semana afecta a gran parte de los Estados Unidos se ha convertido, para la comunidad dominicana del Alto Manhattan, en una mezcla de disfrute, nostalgia y convivencia cultural.
Mientras algunos se abrigan hasta las orejas y sacan los celulares para grabar el momento, otros no pueden evitar decir la frase clásica:
“Esto me recuerda la nieve de Constanza”.
Y no es casualidad. Para muchos dominicanos, la nieve despierta recuerdos del país, de historias contadas por los abuelos, de viajes al interior y de un frío distinto, más breve, más campesino, pero igualmente memorable.
Entre anécdotas, historia y risas
En las esquinas, frente a los edificios y en los parques, se escuchan conversaciones que parecen sacadas de una tertulia dominicana improvisada. Unos recuerdan las grandes tormentas que han marcado la historia de Nueva York, como la del 1996, la del 2010 o la histórica “Jonas” de 2016; otros comparan la disciplina del frío con el caos del calor caribeño.
“Aquí el frío te obliga a organizarte; el calor te vuelve loco”, dice uno entre risas.
La conversación fluye entre comparaciones culturales, chistes y reflexiones sobre la vida en la diáspora, mientras se destaca el gran trabajo de los servicios de emergencia de la ciudad, desde los equipos de limpieza de nieve hasta los bomberos, paramédicos y trabajadores municipales que mantienen a Nueva York funcionando, aun bajo cero.
Nieve, parque y alegría infantil
Para los niños, la nieve no es nostalgia: es pura felicidad. Padres y madres acompañan a sus hijos a los parques, donde se ven trineos improvisados, muñecos de nieve con bufandas dominicanas y figuras creadas con creatividad caribeña.
Hay quienes aseguran, sin titubeos, que prefieren el frío a los calores intensos del verano:
“En el frío tú te tapas; en el calor no hay escape”, comenta una vecina mientras observa a los niños jugar.
Otros simplemente disfrutan el momento, sabiendo que la nieve también es parte de la experiencia de vivir en Nueva York, una ciudad que reta, pero también abraza.
Comentarios de dominicanos en Nueva York
Rafael, residente de Washington Heights:
“Cada vez que nieva me acuerdo de Constanza. No es lo mismo, pero el frío trae recuerdos del campo, de la familia y de la tierra. Uno extraña el país, aunque esté lejos.”
María, madre y trabajadora comunitaria:
“A mis hijos les encanta la nieve. Yo aprovecho para salir con ellos al parque. Es frío, sí, pero son momentos que se quedan en la memoria.”
Juan Carlos, comerciante:
“He vivido muchas tormentas aquí. Nueva York siempre responde. Hay que reconocer el trabajo de los servicios de emergencia. Esta ciudad no se detiene.”
Entre el frío y la identidad
La nieve no borra la identidad dominicana; al contrario, la resalta. En medio del frío, la comunidad se encuentra, recuerda, compara, ríe y reafirma que, aunque el clima sea distinto, el calor humano sigue intacto.
Porque en Washington Heights, aun bajo una tormenta de nieve, la dominicanidad no se congela.
Por José Zabala, creador de contenido:
Promoviendo el arte, la cultura y el orgullo latino-americano en la diáspora.
















