. Celebramos la llegada del Salvador, el Dios que se hace cercano, que abraza nuestras fragilidades y nos recuerda que el amor es más fuerte que cualquier oscuridad.
Que el Niño Jesús nazca también en nuestros hogares, en nuestras decisiones y en nuestras relaciones. Que su luz nos enseñe a perdonar, a servir con humildad, a caminar con fe aun cuando el camino se torne difícil. La Navidad nos invita a volver a lo esencial: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
En medio de las ausencias, de los silencios y de los desafíos, confiemos en la promesa eterna: “No temas, porque yo estoy contigo”. Que esta certeza renueve nuestras fuerzas y nos impulse a ser instrumentos de paz, solidaridad y justicia, especialmente con los más necesitados.
Que la paz de Cristo habite en cada corazón, que la fe nos sostenga y que la esperanza nos guíe durante todo el nuevo año.
Feliz Navidad y bendiciones abundantes para todos.
Por José Zabala
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