“La nieve está dejando a muchos envejecientes atrapados en sus casas, perdiendo citas médicas que no pueden posponerse. Esto no es comodidad, es salud y dignidad”. ¿Quién levanta la voz por ellos?
José Zabala, creador de contenido
NY: En Nueva York, la nieve puede ser una postal hermosa para algunos, pero para miles de envejecientes latinos representa una barrera real entre su hogar y su cita médica. Aceras bloqueadas, rampas cubiertas, montículos de hielo en las esquinas y calles resbalosas convierten una salida rutinaria en un riesgo físico, estrés emocional y, en muchos casos, la cancelación de tratamientos.
En comunidades como Washington Heights y el Bronx, donde reside una amplia población de adultos mayores, la acumulación de nieve no solo retrasa el tránsito: paraliza la salud.
Aquí es donde aparece una figura clave de la comunidad: Jaime Vargas. Desde 1976, con su oficina en el corazón de Washington Heights, se ha convertido en la voz de los envejecientes latinos en Nueva York. No es funcionario público. No es líder electo. Es un servidor comunitario que, por casi 50 años, ha orientado, acompañado y defendido a miles de adultos mayores en temas de seguros, beneficios, salud y derechos.
Hoy, su preocupación es clara:
“La nieve está dejando a muchos envejecientes atrapados en sus casas, perdiendo citas médicas que no pueden posponerse. Esto no es comodidad, es salud y dignidad”.
Estas declaraciones del asesor de seguros, considerado por muchos como “la voz de los envejecientes”, fueron ofrecidas en el programa Sazonando La Noticia, conducido por el periodista Manuel Ruiz.
Un llamado urgente a la ciudad y a la comunidad
Este no es solo un tema climático. Es un tema humano y de salud pública. Se necesita:
- Prioridad real en la limpieza de aceras y rampas en zonas de alta población envejeciente.
- Apoyo comunitario para ayudar a despejar accesos.
- Coordinación con clínicas y centros médicos para reprogramaciones rápidas.
- Redes vecinales de ayuda para acompañar a los adultos mayores.
La nieve pasará. Las consecuencias pueden quedarse.
Cada tormenta deja la misma escena: envejecientes mirando por la ventana, preguntándose si podrán llegar a su médico. La ciudad que nunca duerme no puede permitir que sus mayores queden atrapados por la nieve.
Porque para ellos, no es un paisaje bonito. Es una barrera entre su vida y su salud.
El problema que no se ve desde el carro
Para quien conduce, la calle puede parecer transitable. Para quien camina con bastón, andador o presenta dificultad de movilidad, la realidad es muy distinta:
- Esquinas sin acceso por montículos de nieve.
- Rampas tapadas que impiden cruzar.
- Aceras convertidas en pistas de hielo.
- Paradas de autobús inalcanzables.
Muchos envejecientes pierden citas médicas importantes: diálisis, cardiología, terapias y chequeos de rutina. Y cuando una cita se pierde, la salud se complica.
Impacto directo en la salud física
No salir implica:
- Descontrol de la presión arterial y la diabetes.
- Interrupción de terapias y seguimientos.
- Riesgo de caídas y fracturas al intentar salir.
- Retraso en diagnósticos y tratamientos.
Pero existe otro daño menos visible y más silencioso.
El golpe a la salud mental: encierro, ansiedad y soledad
Cuando la nieve obliga a permanecer en casa por días:
- Aumenta la ansiedad.
- Se profundiza la sensación de soledad.
- Aparece la depresión estacional.
- Se sienten abandonados por el sistema.
Para muchos, la salida al médico también es su único contacto social de la semana.
Por José Zabala, creador de contenido: Promoviendo el arte, la cultura y el orgullo latino-americano en la diáspora.
















