Por José Zabala, creador de contenido: Promoviendo el arte, los símbolos patrios, la cultura y el orgullo dominicano en la diáspora.
En Nueva York hay algo curioso y para muchos inesperado ocurriendo en silencio entre los envejecientes. Mientras el mundo cree que su rutina diaria es té caliente, sopitas suaves y noticias a las 7 pm, muchos de nuestros abuelitos andan de wine tasting, destapando cerveza artesanal y brindando con whisky como si fuera Happy Hour Senior Edition.
Reímos un poco, sí… pero con respeto. Porque detrás de cada trago hay una historia, una soledad, una celebración tardía o un deseo de sentirse vivo, acompañado y parte del mundo.
Datos que hablan claro (aunque no estén borrachos)
44.5% de los adultos mayores de 65 años en EE.UU. consumen alcohol mensualmente
(National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism)
11.4% reportan episodios de “binge drinking”, es decir, consumo excesivo en un solo día.
En Nueva York se calcula que alrededor de 1 de cada 20 envejecientes mezcla ingesta frecuente con consumo elevado, algo que preocupa a médicos y trabajadores sociales.
El envejecimiento reduce la tolerancia al alcohol, incrementando riesgos de caídas, presión alta, problemas hepáticos, depresión y deterioro cognitivo.
La cifra no es un relajo aunque muchos dicen que se sienten “como de 30 cuando brindan, y como de 90 cuando amanece”.
¿Por qué están tomando más? Causas con humor y corazón
El alcohol no es compañía, pero hace bulto
Muchos viven solos y la copa se convierte en un roommate silencioso.
“Ya yo viví lo mío, déjenme gozar”
El deseo de libertad se mezcla con deseo líquido.
Demasiadas bodegas y happy hours tentadores
Antes era ir al colmado… ahora hay vino francés por cuadras.
Estrés económico y emocional
El alcohol a veces funciona como anestesia del bolsillo y del alma.
Pero ojo: una fiesta sin control puede convertirse en dolor cuando el cuerpo ya mayor cobra factura.
Efectos: cuando el trago pasa la cuenta
Enfermedades crónicas.
Caídas, fracturas y hospitalizaciones.
Depresión o deterioro cognitivo acelerado.
Aislamiento disfrazado de alegría.
La borrachera puede ser con canas, pero el daño no respeta edad.
Opinión de un experto (respetuosa y directa)
Según el geriatra consultado para este reportaje:
“El cuerpo de un adulto mayor ya no procesa el alcohol igual. Lo que parece un simple trago puede convertirse en un riesgo serio. No se trata de prohibirles disfrutar, sino de guiarlos para que lo hagan con moderación y acompañamiento.”
Recomienda actividades sociales sin licor, encuentros culturales, caminatas, juegos de mesa y programas comunitarios que integren a los envejecientes.
Reflexión final: beber no es el problema, beber solos sí
Si vamos a hablar de envejecientes tomando, hablemos con amor.
Si vamos a reírnos, que sea con ellos, no de ellos.
Y si vamos a brindar que sea por más vida, más compañía, más comunidad.
Porque la borrachera con canas no siempre es vicio… a veces es búsqueda de afecto
















