lunes 17 de agosto de 2026 21:16 pm
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La difícil tarea de convivir en pareja en tiempos de inteligencia artificial: juntos en la casa, pero cada quien en su mundo

En la cama cada quien tiene su lado; en la cocina, su plato, vaso y cuchara; en el baño, su jabón; uno con la computadora en la sala y el otro conectado desde la habitación. Y hasta la intimidad corre el riesgo de terminar en el calendario: “martes y sábado, sujeto a disponibilidad”.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– Vivir en pareja siempre ha requerido paciencia, comunicación y negociación. Pero en estos tiempos de celulares, computadoras, redes sociales y ahora inteligencia artificial, algunas parejas parecen haber convertido el hogar en una pequeña empresa con dos departamentos independientes.

Duermen en la misma cama, pero cada quien tiene su territorio. En la cocina aparecen “mi vaso”, “tu taza”, “mi cuchara” y hasta ese plato que aparentemente tiene propietario desde el día de la boda. En el baño cada uno tiene su jabón, crema, toalla y espacio. Y cuando llega la noche, uno está en la sala conversando con la computadora mientras el otro está acostado mirando el teléfono.

La pregunta es inevitable: ¿estamos aprendiendo a convivir mejor o simplemente estamos perfeccionando el arte de vivir separados bajo el mismo techo?

Del “mi amor” al “mándame un mensaje”

La tecnología no destruye automáticamente una relación. De hecho, investigaciones de Pew Research Center encontraron que algunas parejas sienten que la comunicación digital las acerca. El problema aparece cuando la pantalla comienza a competir con la persona que tenemos delante. En una investigación entre adultos con pareja, 51% dijo que su compañero se distraía al menos algunas veces con el celular mientras intentaban conversar.

Desde la psicología, el fenómeno tiene incluso un nombre popular: “phubbing”, ignorar a la persona presente para prestar atención al teléfono. El Gottman Institute advierte que el uso excesivo de dispositivos puede convertirse en una barrera para la comunicación y hacer que la pareja se sienta ignorada o poco importante.

Y ahí aparece la escena moderna:

—Mi amor, tenemos que hablar.

—Claro… espérate que estoy terminando algo con la inteligencia artificial.

¡Competencia nueva en el matrimonio! Antes eran los amigos, el trabajo o la televisión; ahora también hay que competir con el algoritmo.

¿Y la intimidad? “Revisa el calendario”

Tener rutinas o incluso acordar momentos para la intimidad no significa necesariamente que una relación esté mal. Para parejas con trabajos, hijos y responsabilidades, reservar tiempo puede ser una forma práctica de proteger su conexión.

El problema surge cuando desaparecen completamente la espontaneidad, el afecto cotidiano, las conversaciones y los pequeños gestos, y la relación íntima termina convertida exclusivamente en una cita administrativa:

“Cariño, hoy no. Según el calendario, nos toca el jueves.”

Ahí ya no estamos hablando solamente de organización; puede existir una desconexión que merece atención.

Un psicólogo de pareja probablemente pondría el foco menos en cuántas horas se utiliza una computadora y más en cómo percibe la otra persona esa atención. El psicólogo Richard Slatcher explicó en una conversación de la American Psychological Association que la percepción de que nuestra pareja no está siendo receptiva por estar pendiente del teléfono puede ser particularmente importante para la satisfacción de la relación.

La mirada sociológica: dos individuos dentro de una pareja

Desde una perspectiva sociológica, hay otro fenómeno interesante. La pareja contemporánea conserva mucho más espacio individual: cuentas personales, dispositivos propios, actividades diferentes y tiempos separados.

Eso no es necesariamente negativo. Amar no significa perder la individualidad.

La dificultad aparece cuando tenemos dos vidas perfectamente organizadas que casi nunca se encuentran.

La inteligencia artificial puede profundizar esa situación porque ahora la computadora no solamente entretiene: conversa, responde preguntas, ayuda a trabajar, recomienda, escribe y permanece disponible las 24 horas.

La paradoja resulta hasta graciosa: tenemos herramientas capaces de comunicarnos con prácticamente todo el planeta, pero a veces no sabemos preguntarle a quien duerme al lado: “¿Cómo estuvo tu día?”

Tres parejas opinan

“Tenemos 24 años juntos. Él tiene su computadora y yo mi teléfono, pero durante la cena ninguno se usa. Si dejamos que los aparatos entren hasta en la conversación, terminaremos mandándonos mensajes desde la misma cama.” — Pareja casada.

“Nosotros tenemos nuestras cosas separadas hasta en el baño y eso evita discusiones. El problema no es tener dos jabones; el problema sería tener dos vidas.” — Pareja de 18 años de convivencia.

“Con trabajo, hijos y responsabilidades hasta la intimidad hay que organizarla algunas veces. Pero tampoco podemos convertir el amor en una cita médica: tiene que quedar espacio para la sorpresa.” — Pareja de 12 años.

Estos tres comentarios son recreaciones ilustrativas para representar situaciones comunes, no testimonios de personas entrevistadas.

Ni juntos todo el tiempo ni extraños dentro de la casa

La tecnología y la inteligencia artificial llegaron para quedarse. Prohibirlas dentro de una relación sería poco realista. La clave está en establecer espacios donde la persona vuelva a ser más importante que la pantalla.

La American Psychological Association ha recogido investigaciones según las cuales incluso utilizar el teléfono durante una comida puede aumentar la distracción y reducir el disfrute del momento.

Por eso quizá la receta moderna para conservar una pareja sea más sencilla de lo que parece: puedes tener tu computadora, tu lado de la cama, tu jabón, tu vaso y hasta tu cuchara favorita.

Pero cuidado con ponerle nombre también al cariño.

Porque cuando en una misma casa todo termina siendo “esto es mío y aquello es tuyo”, algún día alguien puede preguntar:

“Bueno… ¿y qué quedó siendo nuestro?”

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