Los hechos violentos existen y duelen. La percepción existe y afecta la calidad de vida. Los hechos violentos preocupan y no deben minimizarse, pero los homicidios muestran una reducción sostenida. Expertos explican cómo las redes sociales pueden aumentar el miedo y plantean educación, Policía Comunitaria, prevención y oportunidades para enfrentar tanto el delito como la percepción de inseguridad. Nueva York, Filadelfia, Washington, Chicago, Los Ángeles y Detroit también enfrentan discusiones permanentes entre estadísticas y percepción. República Dominicana no es una excepción.
“La percepción del crimen también aumenta por opiniones de comunicadores sin suficiente documentación, la difusión descontrolada de hechos violentos en las redes sociales y el uso partidista de la seguridad para atacar al gobierno de turno. Sin negar la delincuencia ni el dolor de las víctimas, se necesitan informaciones verificadas, contexto y mayor responsabilidad para evitar que el sensacionalismo presente hechos aislados como la realidad completa del país” dijo Luis Hidalgo.
Por Luis Hidalgo
Nueva York.– Para miles de dominicanos residentes en el exterior existe una aparente contradicción: diariamente reciben videos de atracos, asesinatos, conflictos y otros hechos violentos ocurridos en República Dominicana, pero al mismo tiempo viajan constantemente al país, visitan familiares, llenan hoteles y restaurantes, recorren pueblos y ciudades, compran propiedades, realizan inversiones y regresan a sus lugares de residencia con el deseo de volver nuevamente a República Dominicana.
A esto se suma otro fenómeno que merece mayor atención: dominicanos de la diáspora que, después de décadas viviendo en Estados Unidos y otros países, deciden jubilarse o pasar largas temporadas en República Dominicana. Muchos desarrollan allí su vida cotidiana con normalidad. Esto no significa que estén exentos de convertirse en víctimas de un delito, pero esa experiencia cotidiana rara vez recibe la misma exposición que un acontecimiento violento.
¿Por qué se habla tanto del crimen y tan poco de los miles de dominicanos que llegan, permanecen, regresan y hasta deciden retirarse definitivamente en el país?
La criminalidad existe en países ricos y pobres, densamente poblados o pequeños. Ningún asesinato, atraco, agresión o abuso debe minimizarse. Un hecho violento puede destruir una familia y provocar temor en toda una comunidad.
Sin embargo, tampoco cada acontecimiento individual puede utilizarse como evidencia de que la delincuencia está aumentando en todo el territorio nacional. Los datos obligan a separar dos conceptos que pueden coexistir: criminalidad real y percepción de inseguridad.
Los homicidios muestran una tendencia descendente. Según la Fuerza de Tarea Conjunta de República Dominicana, con datos acumulados al 11 de septiembre de 2026, la tasa nacional se situó en 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes. Datos IA
El mismo indicador había sido de 8.74 en 2025, 9.65 en 2024, 11.49 en 2023 y 13.20 en 2022. Además, 28 de los territorios evaluados equivalentes al 80 % registraban tasas inferiores a diez homicidios por cada 100,000 habitantes. Datos IA
Es una reducción importante. Pero existe una aclaración fundamental: la tasa de homicidios no mide toda la criminalidad. Robos, atracos, violencia de género, agresiones, delitos sexuales, extorsiones y otras modalidades necesitan indicadores propios. Por tanto, sería incorrecto utilizar solamente la reducción de homicidios para concluir que todos los delitos están disminuyendo.
También debemos evitar afirmaciones absolutas como decir que en República Dominicana “no existen secuestros” u otros delitos graves. Pueden ser menos frecuentes que en determinados países o contextos, pero cualquier comparación responsable requiere estadísticas verificables por categoría.
Al cierre de agosto, las propias autoridades reconocían que siete territorios mantenían tasas de homicidios de dos dígitos y requerían atención focalizada. En ese corte también se contabilizaban 4,402 robos. Datos IA
Por eso el análisis debe reconocer las dos caras: hay avances importantes, pero todavía existen problemas que requieren atención. Entonces, ¿por qué tanta gente siente que hay más delincuencia?
Aquí aparece la percepción. Una encuesta nacional reportada en julio de 2026, realizada con 1,200 entrevistados, encontró que 42.8 % mencionó la delincuencia y la inseguridad entre los tres principales problemas del país. Solamente el alto costo de la vida, con 62 %, recibió más menciones. Datos IA
Tenemos entonces un fenómeno que merece estudiarse: mientras la tasa oficial de homicidios viene descendiendo, la inseguridad continúa siendo una de las mayores preocupaciones de los dominicanos.
Una realidad no necesariamente contradice la otra. Las redes sociales pueden multiplicar emocionalmente un mismo crimen. Antes, un hecho ocurrido en un barrio podía aparecer una vez en el periódico o en el noticiero.
Hoy llega por WhatsApp. Después aparece en Instagram. Luego en Facebook, TikTok, YouTube y X. Alguien vuelve a compartirlo con otro título; un medio publica las imágenes; otro presenta una entrevista; un comentarista analiza el caso y finalmente el mismo video regresa al grupo familiar.
Puede tratarse de un solo crimen, pero una persona puede exponerse a ese mismo acontecimiento diez, veinte o más veces durante el día.
La investigación sobre miedo al crimen lleva años estudiando esta diferencia entre victimización objetiva y percepción. La exposición mediática, experiencias personales, condiciones del vecindario y confianza en las instituciones pueden influir en la sensación de seguridad.
Esto no significa culpar a las redes sociales ni pedir que se oculten los delitos. Significa ponerlos en contexto. Un crimen terrible puede cambiar la percepción de todo un país.
Cuando ocurre un asesinato particularmente cruel, desaparece una persona, una cámara registra un atraco violento o una tragedia afecta a una familia, es completamente comprensible que aumente la preocupación colectiva.
Un solo caso puede dominar durante días la conversación nacional. El problema comienza cuando pasamos de decir “ocurrió este hecho terrible” a concluir automáticamente “todo el país está fuera de control”.
Un caso debe investigarse como caso. Varios casos similares pueden comenzar a formar un patrón. Y un patrón sostenido debe aparecer posteriormente reflejado en las estadísticas. Esto también ocurre en Estados Unidos.
La diferencia entre percepción y estadísticas no es exclusivamente dominicana. En Nueva York, el NYPD reportó durante 2026 importantes reducciones en homicidios, tiroteos y varios delitos mayores. Sin embargo, cuando ocurre un asesinato en el subway, Times Square, Harlem, Brooklyn o El Bronx, inmediatamente reaparece la discusión sobre si la ciudad es segura.
Filadelfia también ha registrado importantes reducciones recientes en homicidios y tiroteos, sin que eso elimine la preocupación ciudadana por determinados hechos violentos. Washington, D.C. demuestra por qué tampoco debemos mirar una sola cifra: puede disminuir una categoría delictiva mientras otra aumenta.
En ciudades como Chicago, Los Ángeles y Detroit, la conversación pública sobre seguridad también puede verse profundamente afectada por crímenes particularmente violentos, aunque las tendencias de homicidios o determinados delitos cambien de un año a otro.
No sería responsable colocar todas estas ciudades en una misma tabla y declarar simplemente cuál es “más peligrosa” sin ajustar población, metodología, período y categorías delictivas.
La enseñanza importante es otra: una ciudad puede mejorar estadísticamente y todavía tener ciudadanos que se sienten inseguros. Lo mismo puede ocurrir en República Dominicana.
¿Qué plantea la criminología? Un análisis profesional no pregunta solamente: “¿Hay crimen?”
Claro que existe. Las preguntas importantes son otras: ¿Qué delitos están aumentando? ¿Cuáles disminuyen? ¿En qué sectores? ¿A qué horas? ¿Quiénes son las víctimas? ¿Cuántos casos se denuncian? ¿Cuántos se esclarecen? ¿Qué ocurre con la reincidencia? ¿Qué territorios concentran el problema?
También hay que preguntar algo fundamental: ¿Por qué la población continúa sintiéndose insegura si algunos de los principales indicadores están mejorando?
La percepción ciudadana no debe ridiculizarse. Si una persona siente miedo de caminar por su barrio, ese miedo forma parte de su calidad de vida, aunque las estadísticas nacionales estén mejorando. Por eso el Estado tiene una doble responsabilidad: reducir el crimen y aumentar la confianza ciudadana.
Una solución: fortalecer una verdadera Policía Comunitaria. Aquí República Dominicana puede observar experiencias utilizadas en Nueva York y otras ciudades. La Policía no debe aparecer en un barrio solamente cuando ocurre un crimen.
Debe conocer a sus residentes, comerciantes, líderes comunitarios, iglesias, escuelas, clubes deportivos y jóvenes. Una Policía Comunitaria fortalecida dentro de la propia Policía Nacional puede ayudar a construir esa relación.
Los agentes deben caminar los sectores, conversar con los residentes, participar en encuentros comunitarios y escuchar directamente los problemas antes de que se conviertan en crisis. La confianza también combate la delincuencia.
Un ciudadano que confía en la Policía tiene mayor disposición a denunciar, colaborar como testigo y proporcionar información. La Policía Nacional merece reconocimiento cuando obtiene resultados. Si la tasa de homicidios ha bajado sostenidamente, las estrategias que hayan contribuido a esa reducción deben ser reconocidas y fortalecidas.
Valorar el trabajo de los buenos policías tampoco significa ignorar los excesos. Cuando exista una denuncia de abuso, uso desproporcionado de la fuerza o actuación irregular, debe investigarse con transparencia. Una Policía moderna necesita simultáneamente autoridad, profesionalización, mejores condiciones laborales, supervisión y confianza comunitaria.
Reconocer a los agentes que hacen correctamente su trabajo fortalece a la institución. Corregir a quienes se apartan de la ley también la fortalece.
¿Qué diría un abogado?
Seguridad ciudadana no significa solamente realizar más arrestos. Significa investigaciones correctamente realizadas, evidencia preservada, respeto al debido proceso, fiscales preparados y tribunales capaces de responder con eficiencia.
No sirve anunciar cientos de arrestos si posteriormente los expedientes fracasan por investigaciones deficientes. La justicia también forma parte de la percepción. Cuando un ciudadano observa que un crimen se investiga, el responsable es identificado, el proceso judicial funciona y la víctima recibe respuesta, aumenta su confianza en el sistema.
¿Qué debe hacerse contra una percepción exagerada?
Un especialista en comunicación pública probablemente comenzaría con una recomendación sencilla: no combatir percepción con propaganda. Decir constantemente “el país está seguro” mientras los ciudadanos reciben videos de hechos violentos puede producir desconfianza.
La respuesta debe ser información. República Dominicana podría desarrollar campañas permanentes de educación sobre seguridad ciudadana, utilizando datos comprensibles y verificables. Cada mes deberían explicarse públicamente: cuántos homicidios ocurrieron, cuántos robos fueron denunciados, cuáles provincias mejoraron, cuáles empeoraron, cuántos casos fueron esclarecidos y qué acciones están tomando las autoridades.
Los medios y creadores de contenido también tenemos responsabilidad. Un video debe llevar contexto. Un hecho antiguo no debe presentarse como si hubiera ocurrido hoy. Un crimen ocurrido en una comunidad no debe convertirse automáticamente en una descripción de todo el país. Y una reducción estadística tampoco debe utilizarse para silenciar una denuncia legítima.
Seguridad también significa oportunidades. La delincuencia no se combate únicamente con patrullas. Se combate creando oportunidades. República Dominicana necesita ampliar programas deportivos, culturales, tecnológicos y educativos para jóvenes; formación técnica; primeros empleos; becas; emprendimiento y recuperación de espacios comunitarios.
También necesita mejores oportunidades para sus profesionales jóvenes, para que estudiar y prepararse produzca perspectivas reales de desarrollo económico.
Una sociedad donde el ciudadano percibe posibilidades de avanzar, conseguir empleo, formar una familia y mejorar su calidad de vida fortalece también la prevención. Seguridad es Policía.
Pero también es educación, empleo, iluminación, transporte, deporte, vivienda, salud mental, justicia y oportunidades. ¿Y los dominicanos que regresan para retirarse?
Este fenómeno merece ser contado. Cada año dominicano que pasaron décadas trabajando en Estados Unidos regresan definitivamente o dividen su tiempo entre ambos países. Compran o construyen viviendas, regresan a sus pueblos, comparten con familiares y utilizan sus pensiones para vivir una nueva etapa.
No todos tienen la misma experiencia y algunos pueden convertirse en víctimas de delitos, como ocurre en cualquier sociedad. Pero existen también miles de historias normales y positivas que no producen titulares precisamente porque nada extraordinario ocurrió.
Una persona que pasa seis meses tranquilamente en Santiago, Santo Domingo, San Cristóbal, Puerto Plata o cualquier otra provincia no aparece en las noticias.
Un atraco sí aparece. Ahí existe otra clave para comprender la percepción: lo normal casi nunca es noticia; lo extraordinario sí.
¿Por qué la diáspora sigue regresando?
Si todos los dominicanos del exterior percibieran República Dominicana como un territorio imposible para visitar, resultaría difícil explicar el constante flujo de viajeros durante Navidad, Semana Santa, verano, vacaciones familiares, actividades sociales, inversiones y temporadas de retiro.
Esto no constituye una prueba científica de seguridad. Viajar no es un indicador criminológico. Pero sí revela un comportamiento interesante: muchos dominicanos pueden estar preocupados por la delincuencia y simultáneamente sentirse suficientemente vinculados y seguros para continuar regresando. Eso merece estudiarse.
Cuidado con la expresión “hechos aislados.
Un crimen puede ser aislado geográficamente o no representar una tendencia nacional. Pero la expresión debe utilizarse con responsabilidad. Cuando varios acontecimientos presentan características semejantes, se repiten en un mismo territorio o comienzan a mostrar un patrón, corresponde investigarlos como tendencia.
Por eso las estadísticas actualizadas son indispensables. No debemos utilizar “hecho aislado” para minimizar una tragedia. Debemos utilizar los datos para determinar si realmente es aislado o forma parte de un problema mayor.
Ni negar el crimen ni declarar al país perdido Ese debe ser el equilibrio. República Dominicana tiene problemas reales de seguridad ciudadana. Hay homicidios, robos, atracos, violencia de género y conflictos sociales.
Existen sectores que requieren mayor intervención. También existen denuncias de actuaciones policiales que deben investigarse. Pero igualmente existe evidencia oficial de que la tasa de homicidios ha descendido considerablemente durante los últimos años, desde 13.20 en 2022 hasta 7.41 en el corte del 11 de septiembre de 2026. Datos IA
Ambas realidades pueden existir al mismo tiempo. El gran desafío: bajar el crimen y también el miedo, República Dominicana tiene ahora dos trabajos. El primero es continuar reduciendo objetivamente la criminalidad. El segundo es conseguir que esa mejoría llegue a la experiencia cotidiana del ciudadano.
Para lograrlo hacen falta Policía Comunitaria, campañas educativas, estadísticas transparentes, mejores investigaciones, justicia eficiente, oportunidades para jóvenes y profesionales, recuperación de espacios públicos y una mejor relación entre policías y ciudadanos.
También sería positivo desarrollar campañas nacionales que enseñen a interpretar estadísticas de seguridad, identificar noticias antiguas recicladas y verificar videos antes de compartirlos. Las propias autoridades deben comunicar tanto las buenas como las malas cifras.
Si un delito bajó, decirlo. Si otro aumentó, reconocerlo. Esa transparencia genera más confianza que cualquier campaña publicitaria.
La percepción no se combate escondiendo la realidad. República Dominicana no está libre de criminalidad y todavía enfrenta desafíos importantes. Pero tampoco es correcto construir la imagen completa del país utilizando exclusivamente los acontecimientos más violentos que se vuelven virales.
Los datos disponibles muestran una reducción sostenida de los homicidios mientras las encuestas indican que la inseguridad continúa preocupando profundamente a la población.
Ese contraste no debe convertirse en una pelea entre quienes dicen “todo está bien” y quienes dicen “todo está perdido”.
Debe convertirse en una política pública. Reducir el delito. Mejorar la Policía. Fortalecer la justicia. Crear oportunidades. Educar sobre la percepción. Comunicar estadísticas con transparencia. Y acercar cada vez más a la Policía con la comunidad.
Nueva York, Filadelfia, Washington, Chicago, Los Ángeles y Detroit también enfrentan discusiones permanentes entre estadísticas y percepción. República Dominicana no es una excepción. Los hechos violentos existen y duelen. La percepción existe y afecta la calidad de vida. Los avances también existen y deben reconocerse.
La solución no es negar ninguno de los tres. Es conseguir que estadísticas, prevención, justicia, comunicación y realidad cotidiana caminen en la misma dirección.
Foto ilustrativa IA.
















