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Mamdani reconoce a los dominicanos como “constructores incansables de Nueva York” y coloca su legado desde Juan Rodríguez en el corazón de la historia de la ciudad

Durante la Recepción de la Herencia Dominicana en Gracie Mansion, el alcalde Zohran Mamdani recordó que la presencia dominicana en lo que hoy es Nueva York se remonta a 1613. Destacó el trabajo, los negocios, la cultura y las generaciones de una comunidad que considera fundamental para entender la ciudad moderna.

Por José Zabala, creador de contenido/ Foto Reportero William Rodriguez

Nueva York.– Con un espontáneo “¡Qué lo qué!”, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, abrió este jueves 13 de agosto de 2026 la Recepción de la Herencia Dominicana en Gracie Mansion y convirtió su intervención en un amplio reconocimiento al papel histórico, económico, cultural y social que la comunidad dominicana ha desempeñado en la construcción de la ciudad.

No fue solamente un saludo festivo. Mamdani llevó su mensaje hasta 1613, más de cuatro siglos atrás, para recordar que la presencia vinculada al territorio de la actual República Dominicana antecede incluso a la fundación colonial de Nueva Ámsterdam.

“Antes de que Nueva York fuera Nueva York”, sostuvo el alcalde, ya existía esa presencia en estas costas. La transcripción oficial de la Alcaldía confirma que Mamdani abrió su intervención saludando a la comunidad dominicana y dándole la bienvenida a Gracie Mansion, a la que describió como “la casa del pueblo”.

Juan Rodríguez: una historia que comenzó en 1613

Mamdani recordó especialmente a Juan Rodríguez, comerciante y marinero procedente de la colonia española de Santo Domingo que llegó al área del río Hudson en 1613 a bordo de una embarcación holandesa.

La referencia del alcalde tiene amplio respaldo histórico institucional. Los archivos municipales de Nueva York identifican a Jan Rodrigues o Juan Rodríguez como la primera persona no indígena conocida que residió en la isla de Manhattan. Los registros señalan que trabajaba como tripulante y traductor y que permaneció en la zona antes del establecimiento formal de Nueva Ámsterdam.

El Departamento de Educación de Nueva York también reconoce que Rodríguez llegó desde la colonia española de Santo Domingo —territorio de la actual República Dominicana— y fue el primer no indígena conocido en establecerse en el área que posteriormente se convertiría en Nueva York.

La propia ciudad ha utilizado anteriormente esa historia para reconocer la contribución inmigrante: Immigrant Heritage Plaza, en Bowling Green, fue concebida para honrar a las comunidades inmigrantes comenzando precisamente con Juan Rodríguez.

Es decir, Mamdani no estaba utilizando simplemente una referencia simbólica: estaba colocando a los dominicanos dentro de una historia documentada que se remonta a los primeros capítulos de Manhattan.

De 1613 a la gran migración dominicana

El alcalde conectó aquella presencia temprana con la transformación demográfica ocurrida siglos después.

Especialmente después de la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1961 y durante las grandes olas migratorias posteriores, miles de dominicanos establecieron sus hogares en Nueva York.

Washington Heights, Inwood y amplios sectores de El Bronx se convirtieron progresivamente en importantes centros de la vida dominicana en Estados Unidos.

Pero la influencia dominicana terminó desbordando esos vecindarios.

Hoy se encuentra en pequeños negocios, bodegas, restaurantes, supermercados, salones de belleza, empresas de transporte, servicios profesionales, hospitales, escuelas, universidades, organizaciones comunitarias, medios de comunicación, política, deportes, música y prácticamente todos los niveles de la vida neoyorquina.

Esa fue precisamente una de las ideas centrales de Mamdani: los dominicanos no solamente llegaron a Nueva York; ayudaron a construir la Nueva York contemporánea.

“Tomaron esta ciudad y la dejaron mejor”

Durante su intervención, el alcalde habló del esfuerzo de generaciones de trabajadores y familias dominicanas.

Según la cobertura de la recepción, Mamdani sostuvo que crecer en Nueva York significa estar, de alguna manera, en deuda con la comunidad dominicana, porque sus integrantes tomaron la ciudad que encontraron y contribuyeron a mejorarla.

La frase resume décadas de transformación.

Muchos de los primeros inmigrantes llegaron trabajando en fábricas, restaurantes, hospitales, servicios domésticos, construcción y pequeños comercios. Sus hijos y nietos ampliaron esa presencia hacia universidades, empresas, profesiones, instituciones públicas y cargos electivos.

Ese proceso convirtió a la diáspora dominicana en mucho más que una comunidad inmigrante: la transformó en una parte estructural de Nueva York.

La cultura dominicana forma parte de la vida cotidiana

Mamdani utilizó también ejemplos sencillos para describir hasta qué punto esa presencia forma parte de la ciudad.

El café, la bachata, el merengue, la gastronomía y las expresiones populares dominicanas han cruzado las fronteras de Washington Heights y El Bronx para integrarse a la cultura general neoyorquina.

Eso explica por qué las grandes celebraciones dominicanas movilizan a generaciones diferentes.

Para quienes emigraron, representan un vínculo con su país de origen. Para sus hijos y nietos nacidos en Estados Unidos, constituyen una manera de conservar una identidad que es simultáneamente dominicana y neoyorquina.

Del reconocimiento a las necesidades de la comunidad

El discurso no se quedó exclusivamente en el pasado.

Mamdani relacionó el reconocimiento a la diáspora con las prioridades económicas y sociales de su administración, especialmente aquellas que afectan a familias trabajadoras, inquilinos y pequeños empresarios.

El alcalde mencionó iniciativas relacionadas con cuidado infantil, protección de inquilinos y eliminación de regulaciones que dificultan la operación de pequeños negocios, presentándolas como parte de su objetivo de permitir que los neoyorquinos puedan mantener una vida digna dentro de una ciudad caracterizada por sus elevados costos.

Ese aspecto tiene especial importancia para comunidades inmigrantes.

Reconocer una cultura mediante recepciones y celebraciones tiene valor simbólico; pero para miles de familias dominicanas el verdadero impacto de una administración municipal también se mide en vivienda, educación, empleo, seguridad, transporte y oportunidades para desarrollar pequeños negocios.

Una comunidad con peso político

La evolución dominicana en Nueva York también puede observarse a través de su representación política.

La comunidad ha pasado progresivamente de ser fundamentalmente una fuerza laboral e inmigrante a ocupar posiciones dentro del gobierno municipal, estatal y federal.

Ese crecimiento político es consecuencia de décadas de organización comunitaria, naturalización, participación electoral y formación de nuevas generaciones de dirigentes.

Incluso administraciones anteriores han reconocido institucionalmente la profundidad de esas raíces. En 2023, durante otra recepción dedicada a la herencia dominicana, la Alcaldía volvió a destacar la historia de Juan Rodríguez y la presencia política y comunitaria dominicana.

Más de cuatro siglos de historia

El reconocimiento de Mamdani adquiere una dimensión especial porque combate una percepción frecuente: considerar a los dominicanos simplemente como una comunidad inmigrante reciente.

La historia es mucho más profunda.

Existe una presencia documentada desde Juan Rodríguez en 1613; posteriormente llegaron otras generaciones y, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, ocurrió la gran expansión demográfica que convirtió a Nueva York en uno de los principales centros de población dominicana fuera de República Dominicana.

Desde entonces, la comunidad ha participado en la transformación de vecindarios completos y en la construcción económica y cultural de la ciudad.

Por eso la historia dominicana de Nueva York puede contarse desde una bodega de Washington Heights hasta City Hall; desde una familia recién llegada hasta generaciones nacidas en Manhattan, El Bronx, Queens o Brooklyn.

Análisis: reconocimiento, pero también responsabilidad

Las palabras pronunciadas por Mamdani tienen importancia porque el reconocimiento de una comunidad por parte del alcalde de Nueva York trasciende el carácter ceremonial de una recepción.

Cuando un alcalde reconoce públicamente que los dominicanos han trabajado incansablemente para construir la ciudad, está reconociendo también su derecho a formar parte de las decisiones sobre el futuro de esa ciudad.

Pero el reconocimiento trae responsabilidades en ambas direcciones.

La administración municipal tiene el desafío de convertir las palabras en políticas que permitan a trabajadores, pequeños comerciantes, jóvenes, adultos mayores e inmigrantes permanecer y progresar en una ciudad cada vez más costosa.

Y la comunidad dominicana tiene el reto de continuar fortaleciendo su educación, liderazgo, participación cívica, negocios, organizaciones y nuevas generaciones.

Después de más de cuatro siglos desde la llegada de Juan Rodríguez, la historia demuestra algo importante: los dominicanos no son espectadores de Nueva York. Son parte de su historia y protagonistas de su presente.

Mamdani cerró la recepción con una expresión que resumió el espíritu de la noche:

“¡Que viva la República Dominicana y que viva Nueva York!”

Y quizás esa frase explique mejor que cualquier estadística la relación construida durante generaciones: dos identidades que para cientos de miles de dominicanos ya no compiten entre sí, sino que forman parte de una misma historia.

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