miércoles 1 de julio de 2026 13:00 pm
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Miles de dominicanos de Nueva York comienzan el viaje del verano hacia la República Dominicana

Aeropuertos llenos de familias, hoteles con alta demanda y un fuerte impacto económico marcan el inicio de las vacaciones de la diáspora dominicana. ¡Llegó la temporada más esperada!

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– Cada verano se repite una de las escenas más emotivas para la comunidad dominicana en Estados Unidos: padres cargando maletas, niños vestidos con camisetas de la bandera dominicana, abuelos esperando en los aeropuertos y familias completas emprendiendo el viaje hacia la República Dominicana para disfrutar de las vacaciones escolares.

Entre el 15 de junio y el 15 de septiembre, miles de dominicanos residentes en Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut y otros estados del noreste viajan a Quisqueya para reencontrarse con sus seres queridos, recorrer las playas, visitar sus pueblos de origen y dinamizar la economía nacional. Para muchos, este período representa mucho más que unas vacaciones: es un reencuentro con sus raíces.

Especialistas en turismo consideran que el verano constituye una de las temporadas más importantes para el turismo interno impulsado por la diáspora. Durante estos meses aumenta considerablemente la ocupación hotelera, el movimiento en restaurantes, transporte, comercios, excursiones, alquiler de vehículos y actividades recreativas.

Un experto en turismo explica que el dominicano residente en el exterior viaja con un comportamiento diferente al turista tradicional.

«No solo se hospeda en hoteles. También visita familiares, compra en supermercados, remodela viviendas, consume en pequeños negocios, organiza reuniones familiares y recorre distintas provincias. Su impacto económico llega prácticamente a todos los sectores.»

Las zonas que tradicionalmente reciben mayor cantidad de visitantes de la diáspora incluyen Punta Cana-Bávaro, Puerto Plata, Samaná, La Romana, Juan Dolio, Boca Chica, Santo Domingo y Santiago, además de cientos de municipios donde los emigrantes mantienen sus vínculos familiares.

El impacto económico también es significativo. El Banco Central de la República Dominicana informó que el país recibió US$11,866 millones en remesas durante 2025, un crecimiento de 10.3 %, y proyecta que en 2026 las remesas superarán los US$12,200 millones. Gran parte de esos recursos proviene de dominicanos residentes en Estados Unidos, especialmente del área de Nueva York, donde se concentra la mayor comunidad dominicana en el exterior.

Un economista señala que durante el verano ocurre un fenómeno especial.

«Las remesas continúan llegando, pero además miles de dominicanos viajan con recursos para compartir con sus familias, realizar compras, invertir en mejoras de viviendas, celebrar reuniones familiares y consumir bienes y servicios. Ese dinero circula rápidamente en la economía local y beneficia desde pequeños colmados hasta grandes cadenas hoteleras.»

Desde el punto de vista social, el verano también fortalece los lazos familiares.

Una socióloga especializada en migración afirma que estas vacaciones tienen un enorme valor emocional.

«Para muchos niños nacidos en Estados Unidos, estas vacaciones representan la oportunidad de conocer la tierra de sus padres, convivir con sus abuelos, primos y tíos, aprender sobre la cultura dominicana y fortalecer su identidad. Es un patrimonio familiar que trasciende el aspecto económico.»

Un aspecto que muchos padres consideran invaluable es el impacto cultural y emocional que estas vacaciones tienen en sus hijos. Para miles de niños dominico-estadounidenses, viajar a la República Dominicana significa salir, aunque sea por unas semanas, de la rutina de la gran ciudad y de la llamada «jungla de cemento» para correr libremente entre playas, palmeras, montañas, ríos y campos abiertos. Es la oportunidad de respirar otro ambiente, disfrutar de la naturaleza y vivir experiencias que difícilmente encuentran en las grandes urbes.

Los especialistas en migración y desarrollo infantil coinciden en que estos viajes fortalecen la identidad cultural de las nuevas generaciones. Muchos niños perfeccionan o aprenden el español al convivir diariamente con abuelos, tíos, primos y vecinos; conocen familiares a quienes solo veían por videollamadas, descubren las costumbres de sus padres y desarrollan un mayor sentido de pertenencia hacia sus raíces dominicanas. A ello se suma que la República Dominicana ofrece una amplia variedad de playas, parques acuáticos, parques temáticos, balnearios, centros históricos y espacios recreativos familiares que convierten el verano en una experiencia inolvidable. Para muchos padres, estas vacaciones representan una inversión en la identidad, la educación cultural y los recuerdos que acompañarán a sus hijos durante toda la vida.

En los aeropuertos de Nueva York, especialmente en los vuelos con destino a Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata, Punta Cana y La Romana, ya se observa el tradicional incremento de pasajeros. Maletas llenas de regalos, abrazos antes del embarque y la emoción de volver a casa reflejan una tradición que se mantiene viva generación tras generación.

Los expertos coinciden en que este flujo de viajeros seguirá creciendo durante julio y agosto, impulsando tanto el turismo como el comercio y reafirmando el enorme aporte de la diáspora al desarrollo económico de la República Dominicana.

Porque para miles de dominicanos, el verano no comienza cuando termina el año escolar. Comienza cuando el avión despega rumbo a Quisqueya, donde los esperan la familia, el calor humano, la comida criolla, las playas, la hospitalidad de su gente y el orgullo de volver, aunque sea por unas semanas, al lugar donde siempre estará su corazón.

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