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¿Mujeres “amotinadas” por remesas recortadas? Cuando el dinero de Estados Unidos ya no alcanza como antes

Desempleo, temor a ICE, deportaciones, inflación y un nuevo impuesto están presionando el bolsillo de los inmigrantes, pero las cifras no muestran una caída igual en todos los países

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– “Antes me mandaba 200 dólares y ahora solamente llegan 100”. “Recibía 100 semanalmente y la cantidad bajó a 50 o 75”. Estas quejas comienzan a escucharse entre mujeres y familias latinoamericanas que dependen del dinero enviado por esposos, parejas, amigos o familiares residentes en Estados Unidos.

Popularmente podría decirse que algunas mujeres están “amotinadas”, preocupadas o reclamando porque la remesa se ha reducido mientras aumentan sus deudas, alimentos, alquileres, electricidad, medicamentos y gastos escolares. Sin embargo, no existe una encuesta regional que demuestre un “motín” colectivo de mujeres ni que todas las remesas latinoamericanas estén bajando en 2026.

La realidad es más compleja: una cosa es el volumen total que recibe un país y otra muy distinta es cuánto dinero llega a cada hogar.

Las remesas no están cayendo igual en todas partes

Los datos disponibles muestran comportamientos diferentes. México sí sufrió una caída importante: durante 2025 recibió aproximadamente US$61,800 millones, una reducción de 4.6% que terminó con once años consecutivos de crecimiento. En abril de ese año, la disminución interanual llegó a 12.1%, acompañada por menos operaciones y un descenso de 4.4% en el envío promedio, hasta unos US$385.

En cambio, la República Dominicana no muestra hasta ahora una caída general. El Banco Central dominicano⁠ informó que el país recibió US$6,219.3 millones entre enero y junio de 2026, un incremento de 6.7% frente al mismo periodo de 2025. Entre enero y julio, la cantidad acumulada alcanzó US$7,316.4 millones.

Guatemala también continúa registrando entradas elevadas. Los datos del Banco de Guatemala⁠ muestran que durante julio de 2026 recibió unos US$2,468.6 millones y en agosto aproximadamente US$2,327.7 millones.

Por tanto, no sería correcto afirmar que las remesas están disminuyendo en todos los países. Algunas economías continúan recibiendo cifras récord mientras México experimentó una contracción importante y el Banco Mundial advierte sobre posibles reducciones en Centroamérica.

¿Cómo pueden aumentar las remesas y una mujer recibir menos?

La explicación está en la distribución. El total nacional puede crecer porque hay más personas enviando dinero, aunque determinadas familias estén recibiendo menos.

Por ejemplo, cien inmigrantes nuevos pueden comenzar a enviar US$100 cada uno y elevar el total registrado por el país. Al mismo tiempo, un trabajador que antes mandaba US$200 a su esposa puede reducir el envío a US$100 porque perdió horas de trabajo, aumentó su alquiler o enfrenta mayores gastos en Estados Unidos.

Es posible, entonces, que las estadísticas nacionales presenten crecimiento mientras miles de hogares experimentan reducciones individuales. La macroeconomía puede celebrar millones adicionales mientras una familia reclama los 50 dólares que dejaron de llegarle.

El inmigrante también está bajo presión

La economía estadounidense no se encuentra oficialmente en una crisis general de desempleo. Durante agosto de 2026 se crearon 162,000 empleos y la tasa nacional permaneció en 4.1%. Sin embargo, el desempleo entre los hispanos se colocó en 4.8%, por encima del 3.7% registrado entre los trabajadores blancos, según la Oficina de Estadísticas Laborales⁠.

Además, las cifras generales no reflejan completamente la realidad de los inmigrantes indocumentados ni de quienes trabajan por día en construcción, restaurantes, limpieza, entregas, agricultura y otros sectores caracterizados por horarios variables.

Un trabajador puede aparecer como empleado, pero estar recibiendo menos horas. También puede enfrentar alquileres más altos, alimentos costosos, transporte, seguros, deudas y gastos legales. El dinero disponible para enviar se reduce después de cubrir todas esas obligaciones.

Deportaciones y miedo a ICE

Las políticas migratorias y el temor a ser detenido también pueden cambiar el comportamiento económico. Algunos inmigrantes evitan salir, conducir, acudir a determinados trabajos o presentarse en lugares donde temen encontrar agentes migratorios.

Eso puede provocar:

  • Pérdida de jornadas laborales.
  • Reducción de horas trabajadas.
  • Mayor dependencia de empleos informales.
  • Gastos en abogados y trámites migratorios.
  • Preparación financiera ante una posible deportación.
  • Envíos adelantados de ahorros por temor a perder acceso al dinero.
  • Suspensión completa de la remesa cuando el trabajador es detenido.

El efecto no siempre es una disminución inmediata. Durante ciertos periodos, el miedo puede impulsar al inmigrante a mandar más dinero rápidamente para proteger sus ahorros. Después, cuando esos fondos se agotan o desaparece el ingreso laboral, las remesas pueden caer.

El nuevo impuesto también cuenta

Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos aplica un impuesto federal de 1% a determinadas remesas financiadas con efectivo, giros postales, cheques de caja y otros instrumentos físicos similares, según el Servicio de Impuestos Internos⁠.

El impuesto no se aplica de la misma manera cuando la transferencia se financia mediante una cuenta bancaria, tarjeta estadounidense u otros mecanismos electrónicos autorizados.

Un 1% parece pequeño, pero se suma a la comisión de la compañía y al tipo de cambio. Documentos oficiales estiman que, para transferencias de US$200 y US$500, ese impuesto puede aumentar entre 18% y 26% el costo total que ya representaban las comisiones, sin contar el dinero enviado.

El análisis económico

Desde el punto de vista económico, reducir una remesa de US$200 a US$100 no significa necesariamente que el remitente dejó de querer ayudar. Puede representar una redistribución forzada de un ingreso que ya no alcanza.

El inmigrante enfrenta dos presupuestos al mismo tiempo: debe sobrevivir en Estados Unidos y sostener una familia en su país. Cuando suben el alquiler, los alimentos y el transporte, la remesa funciona como una válvula de ajuste. Es uno de los primeros gastos que puede reducirse, aunque emocionalmente sea uno de los más difíciles.

Para la persona receptora, la situación es distinta. Muchas veces asumió compromisos contando con una cantidad fija: financió electrodomésticos, tomó préstamos, matriculó niños en una escuela o acumuló compras a crédito. Cuando llega la mitad del dinero, las deudas permanecen completas.

El impacto social y emocional

El conflicto no es solamente monetario. La reducción puede interpretarse como falta de amor, abandono, infidelidad o aparición de “otra familia” en Estados Unidos. Mientras quien recibe pregunta por qué llegó menos, quien envía puede sentir que sus sacrificios no son comprendidos.

Ahí comienzan las discusiones:

“¿En qué estás gastando el dinero?”
“¿Tienes otra mujer?”
“¿Por qué antes podías mandar más?”
“¿Cómo voy a pagar las deudas?”
“¿Tú crees que aquí los dólares aparecen solos?”

Para un experto en relaciones familiares transnacionales, el mayor riesgo aparece cuando la remesa se convierte en la única medida del afecto. La pareja deja de hablar sobre su realidad económica y comienza a calcular el amor por la cantidad recibida.

Un análisis social también debe reconocer que muchas mujeres administran esos recursos para alimentar, educar y cuidar a toda la familia. Su preocupación no necesariamente nace del interés material: puede surgir del temor real a no poder pagar las necesidades básicas.

No están necesariamente “amotinadas”; están angustiadas

La expresión “mujeres amotinadas” puede funcionar como un titular popular, pero no debe utilizarse para ridiculizar a quienes dependen de ese ingreso. Algunas pueden protestar o reclamar, pero muchas están experimentando ansiedad financiera porque organizaron su hogar alrededor de una ayuda que ya no llega completa.

Tampoco sería justo acusar automáticamente a los hombres de irresponsabilidad. Algunos reducen la cantidad por desempleo, menos horas, enfermedad, deudas, temor migratorio o aumento del costo de vida. Otros, ciertamente, pueden estar incumpliendo compromisos o utilizando la crisis como excusa.

La solución comienza con transparencia: explicar cuánto se gana, cuáles gastos aumentaron y cuánto puede enviarse realmente. La familia receptora, por su parte, debe evitar endeudarse suponiendo que la misma cantidad llegará indefinidamente.

La gran conclusión

Las remesas no se han desplomado de manera uniforme en América Latina. República Dominicana y Guatemala mantienen cifras elevadas, mientras México sufrió una reducción anual y existen amenazas reales para otros países.

Pero detrás de los millones reportados por los bancos centrales hay una realidad doméstica: una transferencia puede aumentar en las estadísticas del país y disminuir dentro de una casa.

Por eso, quizás las mujeres no estén verdaderamente “amotinadas”. Están haciendo cuentas, acumulando deudas y preguntándose por qué el sobre llega más pequeño. Y del otro lado, en Estados Unidos, muchos inmigrantes también están contando cada dólar mientras enfrentan desempleo, inflación, presión migratoria y miedo a no saber qué sucederá mañana.

Imagen creada: la mujer dominicana con rolos queda sorprendida y preocupada ante el “chin” de remesa que le cuenta el motorista, en un barrio popular.

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