viernes 6 de noviembre de 2026 13:33 pm
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¡Se acabó la gula! Ahora los dominicanos comen con los ojos y pagan con el bolsillo

Y aquí viene la gran preflexión dominicana: antes uno decía «¡Échame más, que tengo gula!». Ahora dice «¡Échame menos, que tengo que pagar la renta!».

Porque en estos tiempos, señores, ¡la gula tiene hambre, pero el bolsillo está a dieta!

Antes repetíamos el plato porque la comida estaba buena; ahora miramos la olla, calculamos el presupuesto y preguntamos: «¿Y eso no tiene que alcanzar para mañana?». La crisis económica también está poniendo a dieta los antojos.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– ¡Ay, la gula dominicana! Esa vieja costumbre de terminar de comer, sobarse la barriga y decir: «Estoy lleno, pero échame otro chin de arroz, que esa carne está demasiado buena».

En los hogares dominicanos, comer por gula siempre ha sido casi una tradición. Pero con los precios actuales de los alimentos, la renta, la electricidad y las demás obligaciones, hasta la gula está pasando trabajo.

¡Antes los ojos comían más que la barriga; ahora el bolsillo tiene la última palabra!

¡La gula está perdiendo la batalla contra la economía!

Antes, después de un buen sancocho, aparecía alguien pidiendo otro plato. Ahora, cuando el primero quiere repetir, desde la cocina se escucha: «¡Muchacho, deja algo, que mañana también se come!».

El arroz, las habichuelas, la carne, los plátanos y hasta los huevos se compran con calculadora. Ya no basta con preguntar qué queremos comer, sino cuánto cuesta prepararlo.

Y aquel dominicano que antes entraba al supermercado con una lista de diez productos y salía con treinta, ahora entra con diez y, después de mirar los precios, sale con seis.

¡Hasta el antojo tiene presupuesto!

En Washington Heights, el Bronx y otros sectores donde viven numerosas familias dominicanas, el costo de vida obliga a administrar mejor cada dólar.

El mangú con los tres golpes sigue siendo una delicia, pero algunos tienen que calcular cuánto cuesta cada golpe. El sancocho continúa siendo el rey de las reuniones familiares, aunque reunir todas las carnes puede convertirse en un lujo.

Y cuando llega la hora del postre, aparece la pregunta que mata cualquier antojo: «¿Pero tú no acabas de comer?».

¿Se está acabando la gula dominicana?

No necesariamente. La gula sigue existiendo porque el deseo de comer por placer es parte del comportamiento humano. Lo que está cambiando es la capacidad de satisfacer todos los antojos.

Y cuidado: la falta de dinero no significa que todo el mundo esté comiendo menos. Algunas familias sustituyen alimentos caros por opciones más económicas, mientras otras reducen las salidas a restaurantes y aprovechan mejor las sobras.

La verdadera preocupación no es que desaparezca la gula, sino que algunas familias tengan dificultades para comprar los alimentos necesarios.

¡Ahora menos es más, hasta en el plato!

La crisis económica está enseñando una lección que nuestras abuelas repetían desde hace generaciones: «La comida no se bota, y lo que sobra se guarda para mañana».

Hoy, comer con moderación, planificar las compras y evitar desperdicios no solamente protege el bolsillo, también puede favorecer hábitos saludables.

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