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¿Ya eres envejeciente? Estas tres paradas del barrio pueden revelar tu edad en Nueva York

Farmacia, loto y liquor store concentran salud, esperanza y socialización, pero también pueden esconder soledad, ansiedad y riesgos económicos

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– No tienen que pedirte la identificación ni preguntarte cuántos años tienes. En numerosos barrios neoyorquinos, la repetición de tres visitas puede indicar que has entrado en otra etapa de la vida: acudir regularmente a la farmacia, detenerte a jugar la loto y pasar por el liquor store.

No se trata de una fórmula científica ni significa que todos los que frecuentan esos establecimientos sean envejecientes. Sin embargo, las estadísticas sobre medicamentos, juegos de azar y consumo de alcohol muestran que esos tres negocios ocupan un espacio importante en la rutina de muchos adultos mayores.

Nueva York es una ciudad que envejece. En 2023 tenía aproximadamente 1.55 millones de residentes de 62 años o más: poco más de un millón entre 62 y 75 años, unos 370,000 entre 75 y 85, y alrededor de 150,000 mayores de 85, según NYC Aging⁠.

La farmacia: la parada más relacionada con la edad

La farmacia es la señal estadística más clara. A medida que avanzan los años aumentan las condiciones crónicas, las consultas médicas y el uso simultáneo de varios medicamentos.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento informó que 83% de los estadounidenses entre 60 y 79 años utilizó al menos un medicamento recetado durante los 30 días anteriores, mientras cerca de una tercera parte tomó cinco o más.

El adulto mayor no entra únicamente a buscar pastillas. También acude para medirse la presión, vacunarse, comprar vitaminas, preguntar por los efectos de un tratamiento y recibir orientación en su propio idioma. La farmacia termina convirtiéndose en una extensión informal del sistema de salud.

Desde el punto de vista económico, es un cliente constante: regresa cada mes, conoce al farmacéutico y mantiene una relación de confianza con el establecimiento. Por eso, en muchos barrios, la farmacia puede reconocer las necesidades del envejeciente sin preguntarle la edad.

La loto: cuando unos dólares compran esperanza

La loto tiene otra función. No cura el cuerpo, pero alimenta la imaginación. Para algunos envejecientes, comprar un número representa entretenimiento, tradición y la posibilidad de soñar con pagar deudas, ayudar a los hijos, comprar una casa en República Dominicana o retirarse con mayor tranquilidad.

Una encuesta de Gallup divulgada en 2026 encontró que 50% de los estadounidenses de 50 años o más participó en alguna modalidad de juego de azar, frente a 41% de los adultos más jóvenes.

Otros datos recopilados por el Consejo de Nueva York sobre el Juego Problemático⁠ señalan que 62% de los encuestados mayores de 71 años había jugado alguna vez. Entre los jugadores mayores, 80% dijo buscar entretenimiento, mientras 38% señaló que jugaba para distraerse de los problemas, el aburrimiento o la soledad.

Ahí aparece la preocupación por la salud mental. Jugar ocasionalmente no constituye necesariamente una enfermedad, pero el riesgo comienza cuando la persona utiliza la loto como escape emocional, persigue las pérdidas o apuesta el dinero destinado a comida, alquiler y medicamentos.

Una revisión de 51 estudios encontró asociaciones entre el juego problemático en adultos mayores y la depresión, la ansiedad, el consumo de sustancias, el deterioro de la calidad de vida y una percepción más pesimista del futuro.

Desde la economía conductual, el boleto vende algo más poderoso que el premio: vende esperanza inmediata por un precio aparentemente pequeño. Sin embargo, diez dólares diarios representan unos $300 mensuales y aproximadamente $3,650 al año. Para un jubilado con ingresos fijos, esa cantidad puede afectar seriamente su presupuesto.

El liquor store: socialización que también exige vigilancia

El liquor store aparece como la tercera parada. Muchos adultos mayores compran allí vino, cerveza u otras bebidas para reuniones familiares, fines de semana o encuentros entre amigos. En ciertos sectores también es un establecimiento cercano donde el cliente conoce al empleado y conversa con otros residentes.

Las cifras nacionales indican que 57.5% de las personas de 65 años o más consumió alcohol durante el año anterior y 44.5% lo hizo en el último mes, de acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo⁠.

Esto no significa que los envejecientes sean quienes más alcohol consumen. Los datos nacionales muestran que el consumo excesivo es más frecuente en grupos más jóvenes. La importancia del liquor store entre algunos mayores está relacionada principalmente con la cercanía, la costumbre, la celebración y la socialización.

El peligro se presenta cuando el alcohol se mezcla con medicamentos o se utiliza para combatir la tristeza, la ansiedad y la soledad. El organismo envejecido procesa el alcohol de manera diferente y puede sufrir con mayor intensidad problemas de equilibrio, coordinación y atención, aumentando el riesgo de caídas y otras lesiones.

Tres negocios y una misma necesidad emocional

Desde una perspectiva social, la farmacia, el puesto de loto y el liquor store tienen varios elementos en común:

  • Están cerca de la vivienda.
  • Permiten compras pequeñas y frecuentes.
  • Ofrecen contacto con empleados conocidos.
  • Forman parte de rutinas construidas durante años.
  • Pueden servir como lugares informales de conversación.
  • Proporcionan una razón para salir de la casa.

Para un envejeciente que vive solo, estas visitas pueden convertirse en una forma de mantener contacto con el vecindario. El problema no está necesariamente en acudir a esos comercios, sino en que la farmacia sea su única relación con la salud, la loto su única esperanza y el liquor store su principal espacio de socialización.

El mensaje que dejan las estadísticas

La farmacia habla de una necesidad real; la loto puede representar esperanza, y el liquor store, costumbre o encuentro social. Pero detrás de esas tres paradas también pueden esconderse aislamiento, preocupación económica, ansiedad o depresión.

La familia y la comunidad deben observar los cambios: medicamentos mal administrados, aumento repentino de las apuestas, préstamos para jugar, consumo de alcohol en soledad, abandono personal o aislamiento persistente. Esas conductas necesitan atención, acompañamiento y, cuando corresponda, ayuda profesional.

Los comercios no determinan oficialmente quién es envejeciente, pero las rutinas sí cuentan una historia. Cuando una persona visita constantemente la farmacia para sostener su salud, la loto para sostener su esperanza y el liquor store para sostener su vida social, el barrio quizá no conozca su fecha de nacimiento, pero ya reconoce la etapa de la vida que está atravesando. Imagen creada en una sola escena: farmacia, punto de loto y liquor store en un ambiente comunitario de Nueva York, sin titulares ni textos añadidos.

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