Marilyn Ozuna una mañana de 1994 leyó en El Diario que la Ciudad buscaba oficiales bilingües, allí empezó una saga familiar de uniformados. Foto:Una madre, cuatro uniformes: (De izquierda a derecha) Jorge Ozuna, Marilyn Ozuna (madre), Antony Ozuna, Rose Ozuna y Marilyn Ozuna (hija). Crédito: NYPD | Cortesía Esta historia se podría titular, en todas sus letras, así: ‘hijo de gata, caza ratón’.
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En 1994, la puertorriqueña Marilyn Ozuna atravesaba un momento desafiante. Estaba separada de su esposo, enfrentaba un proceso de divorcio y la perspectiva de criar sola a sus cuatro hijos. Como era costumbre desde su llegada a la Gran Manzana procedente de Bayamón, su padre llevaba El Diario a su hogar en Brooklyn. En sus páginas, encontró un anuncio del Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York (NYPD) solicitando oficiales bilingües. Tras recortar la publicación, presentó su solicitud y superó todos los exámenes. Como oficial, no solo logró educar a sus hijos, sino que también los inspiró a todos, sin excepción, a seguir su vocación. Todos son miembros del cuerpo policial.
Hoy, Marilyn, de 62 años, es detective jubilada. Dos de sus hijos, Jorge Ozuna, de 37 años, y su hija Rose Martínez, de 43, son detectives de la Uniformada. Una tercera hija, también llamada Marilyn Ozuna, es oficial. Su hijo menor, Anthony Phillips, se graduó hace un par de semanas de la Academia de Policía.
“Era un momento mucho más complicado para la ciudad. Había mucha más violencia, más pandillas peligrosas. Por eso cuando tomé la decisión de convertirme en policía, mi mamá me dijo que si estaba loca. Hoy me siento muy orgullosa de haber tenido un trabajo tan importante de servicio público que además inspiró a todos mis hijos”, dijo a El Diario esta exoficial quien habla emocionada de su vida y su linaje como policía.
Cuestión de ejemplo
Marilyn, como tantas mujeres hispanas que encaran la crianza de sus hijos sola, recuerda una carrera impecable que inició en la comisaría 81 de Bedford-Stuyvesant en Brooklyn. Allí estuvo durante una década de sus 25 años de servicio.
Mirando hacia atrás, insiste a las nuevas generaciones, que siempre hay que tener un plan y hay que trabajar por ello.
“Es tanto el orgullo y la responsabilidad que sentía de ser policía de la ciudad de Nueva York, que aunque nunca empujé a mis hijos para que también fueran policías, quizás ellos sintieron la energía que yo transmití contando mis historias. Entendieron con mi ejemplo que NYPD es un lugar excelente para trabajar”, contó la exfuncionaria policial, quien vino con su familia a la Gran Manzana, cuando tenía cinco años de edad.
Recuerda que dentro de todas las experiencias, que significa ser funcionaria policial, en una ciudad tan complicada como Nueva York, no duda recordar que lo más dramático que tuvo que enfrentar fue acudir a la zona cero, luego de los ataques de las torres gemelas.
“En momentos tan límite como esos, es cuando se pone a prueba quienes realmente tienen vocación de ayudar a los demás. Mis compañeros y yo estuvimos un promedio de 17 horas diarias apoyando con el rescate. Fue terrible. Fue un ataque que nos puso a todos a prueba”, acotó.
Orgullo puertorriqueño: una familia encontró en las comisarías policiales la forma de crecer teniendo siempre en la mira el servicio público. (Foto: Cortesía NYPD)
Una familia, cinco oficiales…
Cuando Marilyn asistió a su ceremonia de graduación en la Academia de Policía, todos sus hijos pequeños la acompañaron. Al paracer, en ese momento surgió en ellos una especie de “chispa” que despertó en ellos el deseo de servir a los demás, a tal punto que ha tenido que acudir a los actos de graduación de todos, ver con el uniforme azul a todos y celebrar las carreras prometedoras de todos.
Recuerda que Jorge, su hijo mayor, le pidió luego de graduarse que le pusiera su gorra de policía: “Me dijo yo quiero ser policía. Y luego de 20 años, así fue”.
Jorge, el segundo policía de esta saga familiar, tiene 37 años de edad e ingresó a la institución policial más grande del país en 2014. Allí ha hecho carrera como detective.
“Ayudar a la gente de Nueva York es lo que quiero seguir haciendo el resto de mi vida”, señaló.
Asimismo, Rose, la hija mayor de Ozuna, tenía 12 años cuando su madre decidió ingresar a la academia.
Luego ella empezó sus estudios en la Academia de Policía en 2015, después de trabajar como operadora del 911. Junto a ella estaba su hermana menor, también llamada Marilyn, quien había sido oficial de seguridad escolar antes de convertirse en policía.
Una madre muy presente
“Siempre tuvimos a una madre muy presente, por más que tenía horarios complicados. Ella nos enseñó que con trabajo honesto, una mujer todo lo puede lograr”, comenta Rose, quien tiene dos hijos y ahora está asignada a la Oficina de Tecnologías de la Información de NYPD.
Marilyn (hija) quien también siguió este camino, ahora es policía asignada a la Comisaría 28 en Harlem y su meta principal también es ser detective.
Hace un par de semanas Antony, el menor de los Ozuna, de 25 años de edad, recibió la placa como oficial de la mano de su madre, en un momento muy emotivo, en el cual volvió a ser patente el ADN de servicio de este grupo familiar de origen puertorriqueño.
“Desde que estaba en secundaria sabía que este iba a ser mi destino. Me siento muy orgulloso y emocionado de haber tenido a una madre con sus objetivos bien claros y dispuesta a todo por su familia y por la ciudad”, aseguró.
Esta tradición parece que no se detendrá, pues ya un nieto de Marilyn muestra también inquietudes de llevar la insignia de la Uniformada neoyorquina. Este artículo fue publicado originalmente en LatidoBeat, una coalición de organizaciones locales líderes de noticias en español, unidas para difundir la rica diversidad de las voces latinas a lo largo de Estados Unidos. Actualmente incluye a La Opinión (Los Ángeles), El Diario (New York), La Raza (Chicago), La Prensa de Houston, La Prensa de Orlando, El Comercio de Colorado y La Noticia (Charlotte).
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