sábado 3 de octubre de 2026 09:45 am
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Veto a Haití: proteger los estadios sin poner en juego la imagen internacional de República Dominicana

La decisión puede fortalecer el orden, pero necesita claridad jurídica, coordinación con Concacaf y una explicación que evite convertir un incidente deportivo en un conflicto político

Opinión de Raquel Nova, colaboradora de medios digitales

Nueva York.– La prohibición anunciada el 2 de octubre por el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, y respaldada por el presidente Luis Abinader, abrió una discusión que trasciende el fútbol: ¿cómo proteger las instalaciones dominicanas sin convertir los desórdenes de una parte de la fanaticada en un conflicto deportivo y diplomático? La medida siguió a los incidentes en los accesos del Estadio Olímpico Félix Sánchez durante el encuentro del 1 de octubre, ganado por Haití 4-1.

Aclarar la prohibición es el primer paso

Existe una diferencia fundamental entre rechazar que Haití utilice los estadios dominicanos como sede de sus partidos de local e impedir que participe como visitante en un compromiso oficial contra República Dominicana.

Las declaraciones gubernamentales describen una prohibición amplia. Sin embargo, Diario Libre señala que impedir una eventual localía haitiana no necesariamente excluye su participación como visitante. Esa diferencia requiere una resolución pública que precise alcance, duración, fundamentos y condiciones de revisión. Las fuentes consultadas no acreditan una sanción de FIFA o Concacaf contra República Dominicana por esta decisión.

Defender el orden y preservar la imagen del país

Según la justificación ofrecida por las autoridades, la medida responde a la protección de las instalaciones y al rechazo de los desórdenes. Esa es la razón oficial comunicada; no permite, por sí sola, determinar todas las motivaciones de la decisión.

Para evitar una interpretación política, esa explicación debe acompañarse de reglas claras, proporcionales y aplicables a cualquier selección. El mensaje institucional debe distinguir a quienes provocaron daños de los aficionados pacíficos y del pueblo haitiano. Así, República Dominicana puede defender sus instalaciones y sus leyes, mantener el diálogo deportivo y proteger su reputación como destino acogedor y anfitrión de eventos internacionales. La credibilidad de ese mensaje dependerá tanto de las palabras como de la aplicación de la medida.

Qué enseña el derecho deportivo

No sería correcto afirmar que únicamente pueden sancionarse las gradas. Un asesor jurídico de la FIFA explica, en un análisis publicado sobre un caso de México, que las federaciones pueden responder por conductas de sus aficionados, incluso sin haberlas ordenado. Pero esas sanciones se deciden mediante procedimientos deportivos y deben examinarse bajo criterios de proporcionalidad. Su estudio no evalúa el caso dominicano ni justifica automáticamente este veto.

También existen antecedentes de incidentes entre selecciones con tensiones políticas. El encuentro Serbia-Albania de 2014 terminó en un proceso disciplinario y arbitral; el Tribunal de Arbitraje Deportivo finalmente concedió a Albania una victoria administrativa. No es un caso idéntico, pero demuestra que las consecuencias internacionales dependen de pruebas, reglamentos y revisión.

Impactos políticos, sociales, económicos y turísticos

La decisión puede transmitir firmeza, proteger inversiones públicas y exigir respeto por las instalaciones. Sin embargo, una prohibición indefinida y poco explicada podría profundizar tensiones entre países vecinos y alimentar el rechazo hacia personas que no participaron en los desórdenes.

En economía y turismo, garantizar seguridad beneficia a organizadores, comercios y visitantes. Se menciona el turismo porque los partidos internacionales pueden atraer aficionados residentes en distintos países que viajan para apoyar a su selección, pernoctan en hoteles y otros alojamientos y consumen en restaurantes, transporte y comercios. Algunos aprovechan su estancia para conocer el destino y realizar otras actividades.

Por eso, perder encuentros puede reducir oportunidades de turismo deportivo y los ingresos asociados a esas visitas. Sin embargo, una gran asistencia al estadio no demuestra, por sí sola, cuántos espectadores llegaron del extranjero: en este caso no hay datos verificados para cuantificar esos visitantes, sus gastos ni posibles pérdidas.

La imagen internacional dependerá de cómo se ejecute la respuesta: una medida documentada y revisable puede mostrar capacidad institucional; una prohibición percibida como castigo por nacionalidad podría generar cuestionamientos.

Una salida firme y mejor sustentada

La recomendación de este análisis es publicar el informe de los incidentes, identificar responsabilidades individuales y evaluar también la organización del encuentro. Deben fortalecerse los controles de entradas, el aforo y la separación de accesos, tomando como referencia las guías de seguridad de Concacaf⁠.

Si la restricción afecta compromisos oficiales, corresponde coordinar con la Federación Dominicana de Fútbol y Concacaf las soluciones reglamentarias. Una decisión gubernamental sobre instalaciones no equivale a expulsar a una selección del fútbol internacional.

Hoy se trata de Haití; mañana podría ser cualquier visitante. La mejor defensa del país es proteger el estadio, investigar los daños y aplicar reglas iguales para todos, sin convertir un incidente deportivo en una confrontación entre pueblos.

Foto ilustrativa IA.

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