La cifra de muertos por los terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles 24 de junio de 2026 ha aumentado drásticamente a 589 personas, según anunció este viernes la presidenta interina Delcy Rodríguez durante una reunión con altos mandos militares y civiles, transmitida en vivo por la televisión estatal. Este salto en las cifras —desde los 235 muertos reportados anteriormente— refleja la magnitud de la destrucción y los desafíos que enfrentan los equipos de rescate en medio de un escenario de caos y desolación.
El balance de la catástrofe
Los dos sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurrieron con 39 segundos de diferencia y tuvieron su epicentro en el estado Carabobo, cerca de Montalbán, a una profundidad de 13.2 kilómetros. Esta proximidad a la superficie explicaría la intensidad de los daños, que incluyen edificios derrumbados, carreteras destruidas y comunidades enteras aisladas.
En Caracas, la capital, rescatistas y voluntarios trabajan contra reloj para buscar supervivientes entre los escombros. Las imágenes de edificios colapsados y el desplome de estructuras han conmocionado al país y al mundo. Sin embargo, las dificultades logísticas, como el acceso limitado a zonas afectadas y la falta de equipos especializados, han ralentizado las labores de rescate.
La respuesta de las autoridades
La presidenta Rodríguez ha reconocido la gravedad de la situación y ha llamado a la calma, aunque también ha instado a la población a mantenerse alerta ante posibles réplicas o nuevos sismos. «Lamentablemente, ya tenemos 589 personas fallecidas«, declaró Rodríguez, quien también agradeció el apoyo de la comunidad internacional, incluyendo el envío de equipos de rescate y ayuda humanitaria desde países como República Dominicana.
A pesar de los esfuerzos, las autoridades temen que la cifra de muertos siga aumentando, especialmente en zonas rurales o de difícil acceso, donde los equipos de rescate aún no han logrado llegar. Además, el riesgo de enfermedades, desabastecimiento de alimentos y falta de agua potable amenaza con agravar la crisis en los próximos días.
Un país en estado de emergencia
Venezuela, que ya enfrentaba desafíos económicos y sociales antes de los terremotos, se encuentra ahora en un estado de emergencia nacional. La destrucción de infraestructuras críticas, como hospitales, escuelas y redes de comunicación, ha complicado aún más la respuesta a la catástrofe.
Mientras tanto, la comunidad internacional ha expresado su solidaridad y ha comenzado a movilizar recursos para apoyar a Venezuela. Sin embargo, la escala de la tragedia hace que los esfuerzos sean insuficientes frente a la magnitud de las necesidades.
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