lunes 2 de marzo de 2026 00:25 am
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«República Dominicana intensifica gestiones diplomáticas con China y Rusia para la misión en Haití»

El presidente Luis Abinader ha llevado la diplomacia dominicana a un nuevo nivel al dirigir cartas personales a los líderes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, en un esfuerzo por asegurar el apoyo internacional para la misión en Haití. Estas comunicaciones, fechadas el 1 de septiembre de 2025, buscaban garantizar que ambas potencias, con su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, no bloquearan la resolución que estableció la Fuerza de Supresión de Pandillas en el país caribeño. La estrategia era clara: evitar un veto que pudiera paralizar la iniciativa antes de que siquiera comenzara, especialmente cuando el proyecto ya contaba con el respaldo de Estados Unidos y Panamá, pero necesitaba el consenso de todos los miembros permanentes para ser viable.

En sus misivas, Abinader dejó en claro que la violencia en Haití no era solo un problema interno de ese país, sino una crisis que ya estaba trascendiendo sus fronteras y afectando directamente a República Dominicana. El mandatario advirtió sobre los riesgos que esta situación representaba para la seguridad nacional dominicana y para la estabilidad de toda la región. Este enfoque no solo buscaba generar empatía hacia la situación humanitaria, sino también destacar las posibles consecuencias geopolíticas de un colapso total en Haití, un argumento que podría resonar en potencias como China y Rusia, preocupadas por la estabilidad global y el impacto de crisis regionales en sus propios intereses estratégicos.

El resultado de estas gestiones fue significativo: tanto China como Rusia optaron por abstenerse durante la votación en el Consejo de Seguridad, una decisión que, aunque no equivalía a un apoyo explícito, fue suficiente para que la resolución avanzara. Junto con la abstención de Pakistán, esta postura permitió que la resolución 2793 fuera aprobada, dando luz verde a la misión internacional. Este desenlace demuestra cómo la diplomacia silenciosa pero firme puede lograr resultados concretos, incluso cuando los actores involucrados tienen posturas históricamente cautelosas frente a intervenciones extranjeras.

El compromiso de República Dominicana con esta causa no se limitó a las cartas enviadas a China y Rusia. El gobierno de Abinader también logró unificar las voces de los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina, quienes firmaron una carta conjunta dirigida a los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Este gesto de unidad política interna no solo fortaleció la posición dominicana ante la comunidad internacional, sino que también demostró que la crisis haitiana es percibida como una prioridad nacional que trasciende las diferencias partidistas. La cohesión en este tema envía un mensaje poderoso sobre la seriedad con la que República Dominicana aborda la situación en su país vecino.

Lo que está en juego con esta misión es nada menos que el futuro de Haití y, por extensión, la estabilidad de toda la región del Caribe. Abinader dejó claro en sus comunicaciones que el éxito de esta intervención es indispensable para evitar un «colapso irreversible» del Estado haitiano. La aprobación de la resolución abre una puerta crítica para restaurar el orden público y sentar las bases de una gobernabilidad democrática en Haití. Sin embargo, el desafío real apenas comienza: convertir esta oportunidad diplomática en resultados tangibles sobre el terreno requerirá no solo recursos y voluntad política, sino también una coordinación internacional sin precedentes en una región históricamente marcada por la inestabilidad.

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