jueves 6 de agosto de 2026 14:26 pm
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Una comunidad dominicana acéfala políticamente y cada vez más desolada, entonces llegan los que pescan en río revuelto en la diáspora. El desafío de recuperar el poder construido durante décadas de lucha.

Pero sería un error atribuir esta situación únicamente a los cambios demográficos. También existe una responsabilidad interna.

Cuando algunos dirigentes, activistas o figuras comunitarias colocan los intereses personales por encima del bienestar colectivo; cuando las diferencias personales pesan más que los objetivos comunes; cuando el protagonismo sustituye el trabajo comunitario y las divisiones desplazan el consenso, la comunidad pierde fuerza. El perjudicado no es un partido político ni un dirigente en particular. El perjudicado es la comunidad-diáspora.

Las nuevas generaciones observan esa realidad y muchas veces prefieren alejarse de la participación cívica. Sin relevo generacional, sin formación de nuevos líderes y sin una agenda común, el liderazgo comienza a debilitarse.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York. – La comunidad dominicana de Nueva York atraviesa uno de los momentos más determinantes de su historia política. Después de más de medio siglo de lucha, organización y participación cívica que permitió conquistar espacios de representación e influencia, surge una pregunta que merece una reflexión profunda: ¿estamos perdiendo el liderazgo político que tanto sacrificio costó construir?

Durante décadas, los dominicanos demostraron que la unidad podía transformar una comunidad inmigrante en una fuerza política respetada. Líderes comunitarios, empresarios, iglesias, organizaciones sin fines de lucro, comunicadores, educadores y miles de ciudadanos trabajaron con un mismo propósito: abrir puertas para las nuevas generaciones y garantizar que la voz dominicana fuera escuchada en los espacios donde se toman las decisiones.

Ese legado no apareció por casualidad. Fue el resultado de décadas de trabajo, sacrificio y participación ciudadana. Hoy, sin embargo, ese capital político enfrenta nuevos desafíos. El alto costo de la vivienda, la migración hacia otros estados, los cambios demográficos y la disminución de la población dominicana en algunos sectores tradicionales de Nueva York están modificando el panorama político de la comunidad. Estudios recientes del Center for Latin American, Caribbean and Latino Studies (CLACLS) de CUNY muestran una reducción de la población dominicana en la ciudad desde 2021, asociada principalmente a la migración hacia otras partes de Estados Unidos.

La historia demuestra que ninguna comunidad mantiene su influencia política por inercia. El poder comunitario se construye con organización, participación electoral, instituciones fuertes y capacidad de trabajar unidos, incluso cuando existen diferencias.

La comunidad dominicana sigue siendo una de las más importantes de Nueva York. Continúa destacándose en los negocios, la educación, la cultura, los medios de comunicación, el deporte y el emprendimiento. Además, los dominicanos permanecen entre los grupos inmigrantes más numerosos de la ciudad, aunque su distribución geográfica está cambiando.

Por eso, el reto no es lamentarse por lo que se está perdiendo, sino proteger lo que aún se tiene y construir lo que hace falta. Es tiempo de fortalecer las organizaciones comunitarias, formar nuevos líderes, inscribir más votantes, apoyar a quienes desean servir y dejar de convertir las diferencias personales en obstáculos para el progreso colectivo.

La pregunta no es quién ocupará el próximo cargo político. La verdadera pregunta es si la comunidad dominicana tendrá la capacidad de preservar el poder político construido durante décadas para que las futuras generaciones también tengan voz, representación y oportunidades.

Porque los liderazgos pasan. Los partidos cambian. Pero una comunidad organizada, unida y comprometida con su futuro siempre tendrá la capacidad de escribir su propia historia.

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