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En la cara, menos es más: las tendencias que lideran en la medicina estética


Con más de 25 años de trayectoria a sus espaldas, la doctora Mar Mira es una de las especialistas en medicina estética referente sus trabajos naturales, aquellos que respetan la fisionomía del paciente, incluso cuando este criterio exige decir “no” en función de un resultado con armonía y sin huella estética.

Las facciones exageradas con excesivos volúmenes se evitan.EFE/ Studio B

Agencia EFE/ María Muñoz Rivera/ Listín Diario
22/02/2026 00:00 | Actualizado a 22/02/2026 00:00
Ni pómulos desproporcionados ni expresiones congeladas: la medicina estética del futuro es aquella que reproduce el “efecto buena cara” sin ser evidente, y también la que tras un estudio exhaustivo de los rasgos del paciente los respeta sin deformarlos; así son las claves esenciales del futuro según una especialista líder en el sector.

Con más de 25 años de trayectoria a sus espaldas, la doctora Mar Mira es una de las especialistas en medicina estética referente sus trabajos naturales, aquellos que respetan la fisionomía del paciente, incluso cuando este criterio exige decir “no” en función de un resultado con armonía y sin huella estética.

La doctora, que ha abierto un nuevo centro en el corazón de Madrid, explica a EFE las claves esenciales sobre un tipo de medicina estética que, aunque ahora es tendencia, es el que trabaja desde sus orígenes, apoyada en un principio esencial: “es un acto médico, no un servicio banal ni un producto de consumo rápido”.

Acompañar y prevenir, no corregir.

“Hace veinte años el foco estaba en corregir un rasgo concreto, una arruga o un surco. Hoy hablamos de acompañar el envejecimiento de forma coherente, desde la prevención y el mantenimiento”, explica. Esta evolución ha permitido pasar de un abordaje fragmentado a una visión integral que tiene en cuenta la armonía facial y el estado emocional.

La medicina estética busca preservar sin alterar rasgos.
La medicina estética busca preservar sin alterar rasgos.EFE/ Studio B

En este nuevo contexto, la denominada “belleza emocional” adquiere relevancia. El objetivo ya no es modificar el rostro, sino lograr que la imagen exterior refleje cómo se siente la persona. “Si no estamos cansados, no debemos transmitir cansancio”, resume la especialista.

Sin embargo, este avance convive con una tendencia paralela marcada por la rapidez y la presión comercial. La proliferación de tratamientos estandarizados y resultados uniformes ha contribuido, según los expertos, a banalizar la práctica médica. “Es fundamental reivindicar que la medicina estética es medicina, con diagnóstico, indicación y seguimiento”, subraya Mira.

Naturalidad fisiológica: la búsqueda de un efecto “buena cara”.

Frente a esta estandarización, la especialista defiende una naturalidad fisiológica, basada en el respeto a las proporciones y a la dinámica muscular de cada rostro. “No existen protocolos universales. Cada paciente tiene una evolución distinta y un envejecimiento propio que debe ser comprendido antes de intervenir”, afirma.

Los tratamientos más demandados en este contexto responden a la restauración y prevención. Los neuromoduladores, la bioestimulación cutánea y el uso estratégico del ácido hialurónico constituyen los pilares principales, y su aplicación se realiza con un objetivo distinto al de hace años: no añadir volumen indiscriminado, sino reposicionar y armonizar.

“Se busca un efecto de buena cara, de frescura, sin alterar la identidad”, explica. Esta tendencia responde a una demanda creciente de resultados “indetectables”, en los que la intervención médica no sea evidente, pero sí perceptible en el conjunto.

El reto, advierte, consiste en evitar que la búsqueda de armonía derive en la repetición de rasgos. “La clave es la individualización basada en un diagnóstico facial detallado. Cada rostro tiene proporciones, gestos y una forma de expresar emociones que deben respetarse”, señala.

Estudio del rostro en reposo y en movimiento.

Para lograr esta integración, el proceso comienza con una lectura global del rostro, tanto en reposo como en movimiento. A partir de ahí se establece un plan de tratamiento con objetivos definidos y una secuencia lógica de intervención. “No se trata de hacer más o menos, sino de hacer lo preciso”, afirma.

En este sentido, el papel del médico incluye también la capacidad de marcar límites. “Saber decir no forma parte de la responsabilidad profesional. Es una forma de cuidado”, sostiene. La relación médico-paciente se basa así en la confianza y en la orientación hacia el bienestar a largo plazo.

La medicina estética busca preservar sin alterar rasgos.
La medicina estética busca preservar sin alterar rasgos.EFE/ Studio B

La prevención se consolida como otro de los ejes fundamentales. Lejos de asociarse a una edad concreta, se plantea como una estrategia para preservar la armonía facial con el paso del tiempo. “Cuando se previene con criterio, el rostro evoluciona de forma natural y sostenida”, indica.

Este enfoque se complementa con hábitos de vida saludables, que influyen de forma directa en la calidad de la piel y en la apariencia general. La gestión del estrés, el descanso o la alimentación equilibrada forman parte de un plan integral que refuerza los resultados de la consulta.

Los especialistas advierten de los riesgos de trivializar esta disciplina. La simplificación mediática y la percepción de inmediatez pueden generar expectativas irreales y decisiones impulsivas. “Sin diagnóstico ni planificación, los resultados son insatisfactorios y se pierde la esencia del acto médico”, señala Mira.

La naturalidad evoluciona de tendencia a punto imprescindible.

El futuro de la medicina estética se orienta hacia una mayor precisión técnica y hacia planes personalizados a largo plazo. La innovación, lejos de sustituir al criterio médico, lo refuerza.

“La naturalidad dejará de ser una tendencia para convertirse en la base de cualquier tratamiento”, concluye la doctora, cuyos trabajos pueden observarse en su perfil de Instagram, ‘@dramira’, una ventana que se convierte en imprescindible a la hora de abogar por elegir un médico estético en el presente.

La medicina estética entra así en una nueva etapa en la que la discreción, la ética y la coherencia sustituyen al exceso. Una disciplina que, sin renunciar a la mejora de la imagen, reivindica su condición médica y sitúa al paciente en el centro de la decisión.

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