miércoles 7 de octubre de 2026 16:57 pm
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La OMS publica sus primeras directrices mundiales contra la obesidad infantil: sin fármacos ni cirugía en menores de 10 años

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó este miércoles sus primeras directrices internacionales para el tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes, un hito en la salud pública global que desaconseja el uso de agonistas del receptor GLP-1, la cirugía bariátrica y los dispositivos para bajar de peso en menores de 10 años. Para los adolescentes de entre 10 y 19 años, los medicamentos o la cirugía solo pueden considerarse bajo condiciones estrictas, después de que intervenciones supervisadas sobre dieta, actividad física y conducta no hayan logrado los resultados esperados.

La magnitud del problema justifica la urgencia del documento: en 2024, 170 millones de niños y adolescentes de entre cinco y 19 años padecían obesidad, según datos de la propia OMS. De ese total, 70 millones tenían entre cinco y nueve años y 100 millones entre 10 y 19. La prevalencia de esta enfermedad crónica se cuadruplicó desde 1990, cuando pasó del 2 al 8%, con un aumento más marcado entre los adolescentes y una incidencia mayor en los países de renta baja y media.

La directora del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, Luz Maria de Regil, calificó la prohibición para los más pequeños sin ambigüedad: «Esta es una fuerte recomendación». La funcionaria delimitó el criterio de edad con precisión: «Para niños de cero a nueve años, el cuidado debería centrarse en las intervenciones estructurales», adecuadas a «las necesidades individuales y a las circunstancias de los niños y adolescentes».

Las recomendaciones se apoyan en tres ejes fundamentales: intervenciones estructuradas sobre dieta, actividad física y modificación de la conducta, aplicables de manera individual o dentro de programas multimodales. Las herramientas de salud digital también figuran entre las alternativas, aunque condicionadas a la supervisión de padres o tutores. «La base del tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes no reside en la medicina ni la cirugía, sino en el acceso a un apoyo integral que fomente una alimentación sana, la actividad física y un cambio de comportamiento sostenible», sintetizó De Regil.

Respecto a los fármacos para adolescentes, De Regil fue tajante sobre el estado actual de la evidencia: «No hay suficiente evidencia sobre la eficacia», porque «los tratamientos están empezando». Por esa razón, afirmó que «la OMS recomienda priorizar otras intervenciones». Reconoció, no obstante, que «dependiendo del contexto nacional, algunas asociaciones pediátricas nacionales pueden recomendarlo, pero la OMS no lo recomienda como una opción», y advirtió que «este es un campo que está evolucionando», por lo que el organismo seguirá de cerca «la evidencia de eficacia y seguridad de todos estos tratamientos» para actualizar las recomendaciones.

La científica del mismo departamento María Nieves García Casal subrayó que persisten dudas sobre la duración de las terapias: «Todavía hay preguntas pendientes relacionadas con cuándo el tratamiento debería detenerse», dijo, recordando que los pacientes «están creciendo» y podrían obtener «una respuesta inmediata, pero con consecuencias en el futuro». Sobre la cirugía bariátrica, que debe tener un uso «condicional», explicó que «requiere una madurez, no solo físicamente, sino también mentalmente», e insistió en que «no todos, incluso los adultos, están preparados para la cirugía bariátrica».

El jefe de la Unidad de Acción sobre Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, Laurence Grummer-Strawn, expresó inquietud por el uso de tratamientos farmacológicos sin datos concluyentes: «Estamos muy preocupados por entrar en ello sin evidencia muy clara sobre su utilidad, sus efectos a largo plazo». El funcionario mencionó además «preocupaciones significativas sobre la adherencia al medicamento a largo plazo» y efectos adversos que «no son muy severos, pero existen».

Las directrices, difundidas en dos documentos, buscan que los sistemas de salud y los profesionales sanitarios brinden atención oportuna, basada en pruebas y centrada en las personas, libre de estigma y discriminación. De Regil llamó a «crear ambientes que hagan que las dietas saludables y la actividad física sean accesibles», mientras Grummer-Strawn recordó que la Asamblea Mundial fijó para 2030 el objetivo de reducir la prevalencia de obesidad del 7% al 5% en mayores de cinco años. Para García Casal, el manejo «debe ir más allá de un único enfoque en la pérdida de peso»: el cuidado «debería centrarse en mejorar salud, funcionamiento y bienestar», con seguimiento a largo plazo.

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