El cerebro decide cuándo ignorar la comezón Un estudio reciente del Indian Institute of Science ha desentrañado un misterio que intrigaba a los científicos: por qué el estrés puede reducir o aumentar la sensación de picor. Los investigadores descubrieron que, en situaciones de estrés agudo, un grupo de neuronas en el hipotálamo lateral actúa como un interruptor que suprime temporalmente la necesidad de rascarse, mientras que en casos de estrés crónico, el efecto es el opuesto.
Neuronas que actúan como un «freno» del picor Mediante experimentos con modelos animales, el equipo de Jagat Narayan Prajapati demostró que la activación de estas neuronas reduce el rascado, incluso en condiciones de inflamación similar a la psoriasis. Sin embargo, cuando se inhibieron, los animales rascaron más, confirmando su papel como reguladores. Este mecanismo explica por qué, en momentos de tensión intensa, algunas personas dejan de percibir la comezón, mientras que otras la sienten con mayor intensidad cuando el estrés se prolonga.
La conexión entre el hipotálamo y la piel Las neuronas identificadas envían señales a regiones cerebrales como la sustancia gris periacueductal (vinculada al control del dolor) y el núcleo parabranquial lateral, que modulan la percepción sensorial. Esto sugiere que el cerebro jerarquiza las respuestas: en situaciones de estrés agudo, prioriza la supervivencia y minimiza sensaciones secundarias como el picor. Pero cuando el estrés se vuelve crónico, el sistema se desregula, lo que podría explicar el empeoramiento de enfermedades como la dermatitis atópica.
Implicaciones para el tratamiento del picor crónico Hasta ahora, los tratamientos para la comezón se han centrado en la piel o el sistema inmunitario. Sin embargo, este estudio destaca que el cerebro es un actor clave. «Entender cómo el estrés modula el picor podría llevar a terapias más integrales», señaló Arnab Barik, coautor de la investigación. Esto es especialmente relevante para millones de personas que sufren de picor persistente, una condición que afecta su sueño, estado de ánimo y bienestar general.
Hacia una nueva generación de terapias Aunque el estudio se limitó al estrés agudo, los científicos planean explorar cómo estos circuitos neuronales responden en enfermedades crónicas o bajo diferentes estados emocionales. El objetivo es desarrollar intervenciones que modulen estos mecanismos cerebrales, ofreciendo alivio a quienes padecen comezón crónica, un problema a menudo infravalorado pero profundamente discapacitante.
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