Al llegar el final de este día, elevo mi corazón a Ti, Señor.
Gracias por cada momento vivido, por las alegrías que me regalaste y por las pruebas que me ayudaron a crecer. Si en algo fallé, te pido perdón y te ruego que limpies mi corazón de todo aquello que no proviene de Ti.
Esta noche pongo en Tus manos mis preocupaciones, mis sueños, mi familia y cada uno de mis seres queridos. Cúbrenos con Tu amor y permite que Tus ángeles acampen alrededor de nuestro hogar para protegernos de todo peligro.
Señor, aleja el miedo, la ansiedad y toda inquietud que quiera robar nuestra paz. Llena esta habitación con Tu presencia y concede un descanso profundo, reparador y lleno de tranquilidad.
Fortalece a quienes están enfermos, consuela a quienes hoy lloran, provee al que tiene necesidad y renueva las fuerzas de quienes sienten que ya no pueden más.
Mientras mis ojos se cierran para descansar, que mi corazón permanezca confiando en que Tú sigues obrando, incluso mientras duermo. Sé mi refugio, mi fortaleza y mi esperanza para el nuevo amanecer.
Mañana, si es Tu voluntad, permíteme despertar con salud, con un corazón agradecido y con nuevas oportunidades para hacer el bien.
En el nombre de Jesús, amén.
«En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo Tú, Señor, me haces vivir confiado.» — Salmos 4:8.















