viernes 13 de marzo de 2026 02:07 am
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«El Nobel de Química que cuestiona el avance descontrolado de la IA: ‘Se necesita más ciencia y menos prisa'»

El premio Nobel de Química 2024 y CEO de Google DeepMind, Demis Hassabis, ha generado un debate global al afirmar que, de haber dependido de él, «la inteligencia artificial habría permanecido más tiempo en el laboratorio». En una entrevista reciente, el científico británico criticó el ritmo acelerado con el que la IA ha sido llevada al mercado, priorizando la competencia comercial sobre el rigor científico y la seguridad.

¿Por qué Hassabis quiere frenar la IA? Según el experto, el desarrollo actual de la IA está dominado por una «carrera frenética» entre empresas y países, lo que ha llevado a descuidar aspectos críticos como la seguridad, la ética y la precisión científica. Hassabis, pionero en el uso de IA para avances médicos como AlphaFold (que predice estructuras proteicas) y AlphaGenome (para análisis genético), advierte que «solo estamos arañando la superficie» de lo que la IA podría lograr si se desarrollara con mayor prudencia.

Los riesgos de una IA prematura

  • Falta de creatividad real: Hassabis destaca que, aunque la IA actual resuelve problemas complejos, no es capaz de generar teorías o conjeturas nuevas por sí misma, un requisito clave para alcanzar una Inteligencia Artificial General (IAG).
  • Errores básicos: Sistemas como Gemini 3 aún cometen fallos en cálculos simples, lo que evidencia que «la tecnología no está lista para un despliegue masivo sin supervisión».
  • Presión comercial vs. ciencia: El científico señala que el sistema capitalista ha acelerado la salida de la IA al mercado, sacrificando la investigación profunda por ganancias inmediatas.

AlphaGenome: Un ejemplo de IA responsable A pesar de sus críticas, Hassabis reconoce el potencial transformador de la IA en campos como la medicina. AlphaGenome, lanzado recientemente, puede analizar fragmentos de ADN con una precisión sin precedentes, ayudando en el diagnóstico de enfermedades raras y el desarrollo de terapias génicas. Sin embargo, insiste en que «este tipo de avances deberían ser la norma, no la excepción».

¿Qué sigue? Hassabis no rechaza la IA, pero aboga por un enfoque más cauteloso y colaborativo, donde la ciencia dicte el ritmo, no los intereses económicos. «El futuro de la IA depende de cómo la gestionemos hoy», advierte, recordando que «la creatividad humana sigue siendo insustituible».


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