viernes 2 de octubre de 2026 18:03 pm
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Culebrilla e infarto: la asociación que encontró la ciencia, bien explicada

El hallazgo y su verdadero significado

La culebrilla (herpes zóster) suele reconocerse por el dolor y las ampollas que aparecen en una franja de la piel. Pero una investigación estadounidense encontró una asociación entre la infección y mayores probabilidades de sufrir un infarto durante los primeros 30 días posteriores al brote: los pacientes con zóster tuvieron 1.35 veces más probabilidades de infarto que el grupo de comparación.

El estudio, publicado en 2023 en Open Forum Infectious Diseases, analizó registros de más de 2.1 millones de pacientes del sistema de salud del Departamento de Asuntos de los Veteranos entre 2015 y 2020. En los 30 días evaluados, el infarto se registró en el 0.34 % del grupo con zóster (244 casos) frente al 0.28 % del grupo de control (5,782 casos) — aproximadamente 34 y 28 infartos por cada 10,000 personas, respectivamente.

Conviene aclarar el dato más citado: el aumento del 35 % no significa que 35 de cada 100 personas con culebrilla tendrán un infarto. Se trata de una odds ratio de 1.35 — una comparación estadística entre grupos —, no de una probabilidad individual. Y al ser un estudio retrospectivo, muestra una asociación, no una causalidad demostrada.

Quién tiene más riesgo y qué lo protege

Según el análisis ajustado, el riesgo de infarto tras el zóster fue mayor en personas con infarto previo, sexo masculino, edad de 50 años o más, antecedentes de insuficiencia cardíaca, enfermedad vascular periférica, VIH, accidente cerebrovascular previo y enfermedad renal.

El hallazgo más alentador: los pacientes de 50 años o más que recibieron la vacuna recombinante contra el zóster tuvieron menos infartos tras la infección (odds ratio 0.82), lo que sugiere que la vacunación protege no solo contra la culebrilla sino también contra sus complicaciones cardiovasculares.

La enfermedad y su tratamiento

El zóster ocurre cuando se reactiva el virus varicela-zóster —el mismo que causó la varicela en la infancia—, que permanece inactivo en el organismo y puede volver años más tarde, con mayor riesgo a mayor edad o con el sistema inmunitario debilitado. El dolor, picazón u hormigueo pueden preceder a las lesiones, que suelen afectar un solo lado del cuerpo o del rostro. Sus complicaciones incluyen la neuralgia posherpética (dolor persistente tras la desaparición del sarpullido) y problemas de visión si compromete el ojo.

Los CDC recomiendan consultar de inmediato ante la sospecha: hay antivirales que acortan la enfermedad y reducen su gravedad, y son más eficaces dentro de las primeras 72 horas desde el inicio de los síntomas. Las lesiones cerca del ojo requieren atención especializada urgente.

Vacunación y señales de alarma

Los CDC recomiendan dos dosis de Shingrix a los adultos de 50 años o más —incluso si ya tuvieron culebrilla— y desde los 19 años a personas inmunodeprimidas. Las dosis se separan entre dos y seis meses (los inmunodeprimidos pueden recibir la segunda antes, según evaluación médica). La vacuna previene; no trata un brote activo, y quien está cursando la infección debe esperar a que termine el episodio.

Finalmente, el dolor de la culebrilla puede afectar el tórax, pero no explica automáticamente cualquier molestia en el pecho. Presión torácica, falta de aire, sudor frío o molestias que se extienden al brazo, la mandíbula o la espalda pueden señalar un infarto: los CDC indican llamar al 911 de inmediato. La debilidad súbita de un lado del cuerpo, la asimetría facial, la dificultad para hablar o los cambios repentinos de visión y equilibrio requieren atención urgente por posible accidente cerebrovascular.

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