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25 años del 9/11: una herida que Nueva York todavía lleva por dentro

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– Han pasado 25 años desde aquella mañana del 11 de septiembre de 2001, pero para Nueva York el tiempo no ha borrado el sonido de las sirenas, las imágenes de las Torres Gemelas ni la angustia de miles de familias que esperaron una llamada que nunca llegó. El 9/11 no es solamente una fecha histórica: es una herida humana que todavía vive entre nosotros.

Los atentados dejaron 2,977 víctimas mortales en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. En las torres trabajaban personas de diferentes nacionalidades, idiomas y condiciones sociales. Entre ellas había latinos y dominicanos que habían llegado a Estados Unidos buscando progreso, además de policías, bomberos, paramédicos, empleados de restaurantes, trabajadores de limpieza, construcción, transporte y oficinas. Cada nombre grabado en el monumento representa una vida, una familia y un sueño interrumpido. Museo y Memorial Nacional del 11 de Septiembre⁠

Para la comunidad latina, el impacto fue profundo. Muchos de nuestros trabajadores participaron en las tareas de rescate, limpieza y reconstrucción. Otros perdieron empleos, enfrentaron dificultades económicas o vivieron durante años con miedo, ansiedad y enfermedades provocadas por la exposición al polvo tóxico de la Zona Cero. En numerosos hogares inmigrantes, además, las barreras del idioma y el desconocimiento de los programas disponibles complicaron el acceso a servicios médicos y compensaciones.

La tragedia tampoco terminó cuando se apagaron los incendios. Veinticinco años después, miles de sobrevivientes y socorristas padecen cáncer, enfermedades respiratorias, trastornos digestivos y problemas de salud mental relacionados con el desastre. Un estudio reciente indica que, de casi 140,000 personas inscritas en el Programa de Salud del World Trade Center, más de 90,000 tienen al menos una condición certificada. El 9/11 continúa cobrando víctimas silenciosamente. Programa de Salud del World Trade Center⁠

Por eso existe una deuda pendiente: garantizar atención médica, tratamiento y compensación permanente para cada persona afectada. Recordar a los héroes en los discursos no es suficiente si quienes arriesgaron la vida todavía deben luchar por servicios esenciales. También falta enseñar esta historia a las nuevas generaciones, especialmente a los jóvenes que nacieron después de 2001 y conocen la tragedia únicamente mediante fotografías y videos.

La comunidad dominicana recibe este aniversario con respeto, oración y solidaridad. Muchos dominicanos vivían y trabajaban en Nueva York aquel día; algunos pudieron ver el humo desde sus vecindarios y otros caminaron durante horas para regresar a sus hogares. Washington Heights, el Bronx y otras comunidades se convirtieron en espacios de apoyo donde se compartieron alimentos, llamadas, abrazos y esperanza.

El gran mensaje del 9/11 es que una ciudad puede caer de rodillas sin perder su alma. Frente al terror aparecieron el valor, la solidaridad y la capacidad de ayudar sin preguntar nacionalidad, religión, idioma ni situación migratoria. Nueva York descubrió, en medio de su peor dolor, que su verdadera fortaleza estaba en su gente.

A los 25 años, “Nunca olvidar” debe significar mucho más que recordar a quienes murieron. Significa cuidar a los enfermos, acompañar a las familias, rechazar el odio y defender la unidad. Las torres desaparecieron del horizonte, pero las vidas perdidas continúan levantándose cada vez que Nueva York elige la solidaridad por encima del miedo. Imagen IA

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