martes 1 de septiembre de 2026 09:11 am
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¿Cómo debe vestir un político en estos tiempos? La ropa también habla cuando el votante está cansado de la política

No funciona así. Una camisa con las mangas recogidas no convierte automáticamente a nadie en trabajador; unos tenis no hacen a un dirigente más cercano; un traje costoso tampoco demuestra capacidad para gobernar.

Un experto en moda y comunicación política diría que ya no basta con el traje y la corbata: la vestimenta debe transmitir respeto, autenticidad y coherencia con la persona, su edad, el lugar que visita y las responsabilidades que representa.

Porque en política también existe una regla que nunca pasa de moda: la ropa puede abrir una primera impresión, pero finalmente son la conducta, las propuestas y los resultados los que deben sostener la confianza ciudadana.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– En tiempos de apatía política y creciente desconexión entre ciudadanos y dirigentes, hasta la manera de vestir de un político forma parte de su comunicación. La ropa no sustituye las propuestas, la preparación ni los resultados, pero antes de pronunciar una palabra ya puede transmitir formalidad, cercanía, autoridad o sencillez.

Una investigación publicada en 2026 sobre apariencia de candidatos explica que el traje formal puede proyectar estabilidad, experiencia y tradición, mientras una vestimenta más casual puede comunicar cercanía y la imagen de una persona común.

La especialista Teresa Sádaba, decana de ISEM Fashion Business School y estudiosa de la relación entre moda y política, ha analizado precisamente el poder simbólico de la vestimenta en las campañas latinoamericanas. Su investigación muestra que elementos tan sencillos como eliminar la corbata o utilizar determinado calzado pueden convertirse en símbolos dentro de la comunicación política.

Pero aquí aparece la palabra fundamental: autenticidad.

Un político de 65 años no necesariamente tiene que vestirse como uno de 30 para parecer moderno, ni uno de 30 necesita aparentar 60 para transmitir autoridad. Intentar representar mediante la ropa una personalidad que no existe puede producir precisamente el efecto contrario. Estudios sobre comunicación política señalan que la autenticidad surge cuando existe coherencia entre la imagen presentada y la identidad de la persona.

¿Traje o ropa casual?

Depende del escenario.

Para un acto de Estado, una reunión institucional, una ceremonia religiosa o un encuentro diplomático, la formalidad puede expresar respeto por la ocasión. En una visita comunitaria, una actividad deportiva, un recorrido por un barrio o una conversación informal, una presentación menos rígida puede resultar coherente con el ambiente.

Eso no significa disfrazarse del público que está delante.

El político debe adaptarse al lugar sin dejar de ser él mismo.

Su religión y sus convicciones culturales también pueden reflejarse legítimamente en su manera de vestir, siempre que formen parte auténtica de su identidad y no sean utilizadas simplemente como accesorios para una fotografía.

El diseñador neoyorquino LaQuan Smith, al hablar sobre moda y figuras políticas, resumió una idea importante: la moda comunica sin palabras; el corte de un traje o el color de una prenda puede transmitir algo sobre quién es una persona y qué representa.

La mejor ropa no consigue por sí sola un voto

En momentos de abstención y desencanto electoral existe una tentación: creer que modernizando la imagen se puede resolver la desconexión con los ciudadanos.

No funciona así.

Una camisa con las mangas recogidas no convierte automáticamente a nadie en trabajador; unos tenis no hacen a un dirigente más cercano; un traje costoso tampoco demuestra capacidad para gobernar.

La imagen puede acompañar un mensaje, pero no reemplazarlo.

Por eso, el político contemporáneo debería buscar algo más sencillo: vestirse correctamente para cada ocasión, cuidar su presencia y, sobre todo, mantener coherencia entre cómo se presenta, cómo habla y cómo actúa.

Porque en política también existe una regla que nunca pasa de moda: la ropa puede abrir una primera impresión, pero finalmente son la conducta, las propuestas y los resultados los que deben sostener la confianza ciudadana.

Foto Ilustrativa de IA

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