La acumulación de grasa hepática puede progresar sin síntomas hasta causar fibrosis, cirrosis o cáncer; hepatólogos recomiendan cambios sostenibles, control metabólico y evaluación médica temprana
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– El hígado graso no es simplemente una acumulación inofensiva de grasa. En determinados pacientes puede desencadenar inflamación, cicatrización progresiva —fibrosis—, cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer. El mayor peligro es que suele avanzar silenciosamente y muchas personas descubren el daño cuando la enfermedad ya está desarrollada.
Actualmente, los especialistas utilizan el término enfermedad hepática esteatósica asociada con disfunción metabólica (MASLD) para describir gran parte de los casos anteriormente llamados hígado graso no alcohólico. Su forma inflamatoria y progresiva se conoce como MASH. La obesidad, la diabetes tipo 2, los triglicéridos elevados, la hipertensión y el síndrome metabólico figuran entre sus principales factores de riesgo. MedlinePlus en español
Un problema que afecta a millones
El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales estima que aproximadamente el 24 % de los adultos estadounidenses presenta hígado graso no relacionado principalmente con el alcohol. Entre el 1.5 % y el 6.5 % tendría su forma inflamatoria, capaz de producir daños más graves. NIDDK
Las estimaciones internacionales varían según la población estudiada y los métodos utilizados. Algunos análisis clínicos colocan la prevalencia mundial por encima del 30 % entre los adultos, mientras modelos epidemiológicos más recientes calculan alrededor de 1,300 millones de personas afectadas. La conclusión común es que la enfermedad está creciendo junto con la obesidad y la diabetes. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
¿Qué recomiendan los hepatólogos?
Las guías de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado —elaboradas por especialistas en hepatología— indican que perder entre un 5 % y un 10 % del peso corporal puede disminuir la grasa, la inflamación y la cicatrización hepáticas.
Una reducción superior al 10 %, cuando es necesaria y se logra de manera gradual y supervisada, se ha relacionado con mejorías todavía mayores. La recomendación no es pasar hambre ni seguir una dieta extrema, sino adoptar hábitos que puedan mantenerse durante años. AASLD
También se aconseja realizar por lo menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, distribuidos durante varios días. Incluso cuando la báscula cambia poco, el ejercicio puede mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la grasa acumulada alrededor de los órganos.
Qué alimentos favorecen al hígado
El patrón mediterráneo es uno de los más recomendados. No exige productos costosos ni elimina grupos completos de alimentos. Se basa principalmente en:
- Vegetales variados y frutas enteras.
- Habichuelas, lentejas, garbanzos y otras legumbres.
- Avena, arroz integral y demás granos enteros.
- Pescado, mariscos y proteínas magras.
- Nueces y semillas en porciones moderadas.
- Aceite de oliva y otras grasas insaturadas.
- Agua como bebida principal.
Para una familia dominicana o latina, proteger el hígado no significa abandonar su cocina. Puede implicar preparar las habichuelas con menos grasa, aumentar los vegetales, moderar el arroz blanco, preferir carnes magras y reducir frituras, embutidos y bebidas azucaradas.
El NIDDK recomienda controlar las porciones, sustituir grasas saturadas y trans por grasas insaturadas y escoger alimentos con menor impacto sobre la glucosa, como vegetales, frutas enteras y granos integrales. NIDDK
Lo que conviene limitar o evitar
Los principales enemigos cotidianos del hígado son el exceso de calorías, el azúcar líquido y los productos ultraprocesados. Deben limitarse:
- Refrescos, jugos azucarados, bebidas energéticas y tés endulzados.
- Dulces, bizcochos, galletas y cereales con mucha azúcar añadida.
- Pan blanco, grandes cantidades de arroz blanco y otros carbohidratos refinados.
- Frituras frecuentes y comidas con grasas trans.
- Salchichas, salami, tocineta y otras carnes procesadas.
- Consumo excesivo de carnes rojas.
- Alcohol, especialmente cuando ya existe fibrosis o inflamación.
- Suplementos, productos herbales y “limpiezas del hígado” sin supervisión médica.
La fructosa añadida a refrescos, bebidas deportivas y otros productos endulzados merece atención especial porque puede contribuir al exceso de grasa hepática. La fruta entera no produce el mismo efecto que una bebida cargada de azúcar, pues aporta fibra y suele consumirse en cantidades menores. NIDDK
Los llamados productos “detox” tampoco sustituyen un tratamiento. Algunos suplementos naturales pueden incluso provocar lesiones hepáticas o interactuar con medicamentos. Antes de consumirlos, debe consultarse con un profesional de la salud.
Las cifras de mortalidad
No existe un conteo único que atribuya todas las muertes hepáticas exclusivamente al hígado graso. Las estadísticas oficiales agrupan múltiples causas, como hepatitis, alcohol, enfermedades metabólicas y otros trastornos. Sin embargo, permiten dimensionar la gravedad del daño hepático avanzado.
En Estados Unidos se registraron 52,274 muertes por enfermedad crónica del hígado y cirrosis durante 2024, una tasa de 15.4 fallecimientos por cada 100,000 habitantes. Ese conjunto de enfermedades ocupó el noveno lugar entre las principales causas de muerte del país. Estas cifras incluyen causas diversas y no deben interpretarse como muertes producidas únicamente por hígado graso. Chronic Liver Disease or Cirrhosis
A escala mundial, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer informó que el cáncer de hígado representó aproximadamente el 7.5 % de las 9.8 millones de muertes por cáncer registradas en 2024. Eso equivale, de manera aproximada, a 735,000 fallecimientos y lo coloca como la tercera causa más frecuente de muerte por cáncer. Nuevamente, no todos esos tumores se originaron por hígado graso, aunque la cirrosis causada por MASH constituye un factor de riesgo reconocido. IARC
La ausencia de síntomas no significa ausencia de daño
Muchas personas con grasa en el hígado no sienten nada. Cuando aparecen manifestaciones, pueden incluir cansancio persistente o molestias en la parte superior derecha del abdomen, pero esos síntomas no son exclusivos de esta enfermedad.
Las personas con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, colesterol o triglicéridos elevados y resultados anormales en pruebas hepáticas deben conversar con su médico sobre una evaluación. El diagnóstico puede requerir análisis sanguíneos, ecografía, elastografía y, en casos seleccionados, biopsia.
Una herramienta llamada FIB-4, calculada mediante la edad, las enzimas AST y ALT y el número de plaquetas, ayuda a estimar el riesgo de fibrosis. Sin embargo, el resultado debe interpretarse clínicamente y no utilizarse como autodiagnóstico. AASLD
Existen tratamientos para pacientes seleccionados
La alimentación, el ejercicio y el control de la diabetes, la presión arterial y el colesterol continúan siendo la base del tratamiento. No obstante, Estados Unidos ya cuenta con medicamentos aprobados para ciertos adultos con MASH no cirrótica y fibrosis moderada o avanzada.
La Administración de Alimentos y Medicamentos aprobó resmetirom en 2024 y posteriormente semaglutida para determinados pacientes con fibrosis en etapas F2 o F3. No son medicamentos para todas las personas que presentan grasa hepática ni sustituyen los cambios de hábitos; requieren diagnóstico, evaluación de riesgos y supervisión especializada. fda.gov
El mensaje más importante
El hígado posee una considerable capacidad de recuperación, especialmente cuando el problema se identifica antes de la cirrosis. Perder peso de manera gradual, caminar o ejercitarse regularmente, eliminar bebidas azucaradas, moderar carbohidratos refinados y controlar las enfermedades metabólicas puede cambiar el curso de la condición.
No existe una comida milagrosa ni una limpieza rápida. La verdadera protección se construye todos los días y comienza con una evaluación médica oportuna. Ante cansancio persistente, color amarillento en la piel, inflamación abdominal, pérdida inexplicable de peso o antecedentes metabólicos importantes, corresponde buscar atención profesional.
Este contenido es informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento de un médico o especialista en hepatología.
Fuentes médicas consultadas
- NIDDK: Alimentación, dieta y nutrición para la enfermedad del hígado graso
- MedlinePlus: Enfermedad del hígado graso
- AASLD: Información clínica sobre MASLD y MASH
- CDC: Mortalidad por enfermedad hepática y cirrosis
- FDA: Aprobación de resmetirom para MASH con fibrosis
- Artículo periodístico que originó esta actualización
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