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El tren de Nueva York: la maravilla subterránea que unió a la Gran Manzana y que millones de personas utilizan sin imaginar su extraordinaria historia @MTA

Desde 1904, el subway ha sido mucho más que un medio de transporte: es una obra de ingeniería construida con sacrificios humanos, un escenario de películas, músicos, pintores, historias de amor y acontecimientos históricos. Millonarios, obreros, profesionales, estudiantes, madres solteras, inmigrantes y turistas comparten diariamente uno de los mayores símbolos culturales de la ciudad que nunca duerme.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– Hay algo extraordinario que sucede todos los días debajo de las calles de Nueva York. Mientras millones de personas caminan por sus avenidas, trabajan en oficinas, visitan hospitales, asisten a universidades o recorren sus lugares turísticos, una gigantesca red ferroviaria continúa moviendo la ciudad.

Es el famoso subway, el tren subterráneo de Nueva York, una de las obras de ingeniería más importantes de la historia estadounidense y uno de los grandes símbolos de la Gran Manzana.

Para muchos neoyorquinos es simplemente el tren que toman para llegar al trabajo. Para otros representa una necesidad económica, una oportunidad de progreso o el único medio de transporte que les permite cumplir sus responsabilidades.

Pero detrás de cada estación, cada túnel y cada vagón existe una historia extraordinaria de sacrificios humanos, excavaciones monumentales, innovación tecnológica, expresiones culturales y transformaciones sociales.

¿Cómo fue posible construir semejante sistema hace más de 120 años? ¿Cuántos hombres trabajaron bajo tierra? ¿Cuántos perdieron la vida? ¿Cómo lograron atravesar ríos y conectar distintos sectores de la ciudad cuando todavía no existía la tecnología moderna?

La respuesta merece mucho más que una explicación sobre transporte. Es la historia de una ciudad que aprendió a crecer, desarrollarse y expresarse culturalmente gracias a sus vías subterráneas.

Una obra que comenzó en 1900 y cambió para siempre la ciudad

La construcción del subway moderno comenzó oficialmente el 24 de marzo de 1900, cuando Nueva York emprendió un proyecto que muchos consideraban extraordinariamente difícil.

La ciudad necesitaba una solución. Sus calles estaban congestionadas por carruajes, tranvías, vehículos y multitudes que se desplazaban diariamente.

El ingeniero William Barclay Parsons desempeñó un papel fundamental en el diseño del primer sistema, mientras que el contratista John B. McDonald estuvo vinculado a su construcción y August Belmont Jr. a su desarrollo empresarial.

El 27 de octubre de 1904, Nueva York inauguró oficialmente su primera línea del metro moderno, operada por la Interborough Rapid Transit Company, conocida como IRT.

El recorrido inicial tenía aproximadamente 9.1 millas y 28 estaciones, desde City Hall (Ayuntamiento), en el Bajo Manhattan, hasta la calle 145 y Broadway, pasando por Grand Central y Times Square.

El pasaje costaba apenas cinco centavos.

Aquella primera noche, más de 110,000 personas viajaron en el nuevo tren. Era una celebración colectiva: Nueva York acababa de entrar en una nueva etapa de su historia.

El costo humano: una maravilla construida con sudor, sacrificios y vidas perdidas

La construcción original necesitó miles de trabajadores, entre ellos inmigrantes italianos, alemanes e irlandeses, así como trabajadores afroamericanos. Algunas reconstrucciones históricas mencionan aproximadamente 7,700 obreros vinculados a las primeras obras.

Muchos excavaban prácticamente a mano, utilizando herramientas pesadas, explosivos y equipos rudimentarios comparados con la maquinaria moderna.

Los obreros tuvieron que remover enormes cantidades de tierra, atravesar formaciones rocosas, enfrentar corrientes de agua subterránea y trabajar cerca de los cimientos de edificios existentes.

Una de las técnicas utilizadas fue la denominada cut and cover, que consistía en abrir grandes zanjas en las calles, construir los túneles y posteriormente cubrirlos para restablecer la superficie.

En otras zonas fue necesario perforar directamente la roca.

La magnitud de las excavaciones se refleja en las aproximadamente 21 millas de vías contempladas en el proyecto original, incluyendo vías locales y expresas.

¿Cuántas personas murieron construyendo el subway?

Los registros históricos de las primeras obras documentan decenas de fallecimientos y cientos de heridos. El Historic American Engineering Record, conservado por la Biblioteca del Congreso, recoge 37 muertos y 278 heridos entre 1900 y 1902, además de por lo menos 17 fallecidos y 13 lesionados identificados en registros periodísticos correspondientes a los años siguientes. Estas cifras suman al menos 54 muertos y 291 heridos, aunque no representan necesariamente el total definitivo de víctimas ni incluyen todas las ampliaciones posteriores.

Entre las tragedias recordadas figura un accidente de 1903 en Fort George, Alto Manhattan, donde un desprendimiento de rocas provocó la muerte de diez trabajadores.

Aquellos hombres salían de sus hogares para ganarse la vida construyendo una obra destinada a beneficiar a millones de personas que todavía no habían nacido.

Algunos nunca regresaron.

Sus historias merecen ser recordadas cada vez que celebramos la grandeza del transporte neoyorquino.

¿Cómo lograron construir túneles debajo de los ríos?

Una de las mayores hazañas del subway fue conseguir que los trenes cruzaran de una parte de la ciudad a otra sin necesidad de circular exclusivamente por puentes.

La respuesta es que sí, varios trenes de Nueva York viajan por túneles construidos debajo del lecho de los ríos y canales.

En 1908 entró en servicio el túnel de Joralemon Street, que permitió conectar Manhattan con Brooklyn por debajo del East River.

Con el paso de las décadas se construyeron otros túneles submarinos, utilizando métodos de excavación, revestimientos resistentes y sistemas de ingeniería diseñados para controlar la presión del terreno y las filtraciones de agua.

El tren no circula directamente dentro del agua. Viaja por estructuras cerradas y protegidas, construidas bajo el fondo del río.

Cuando un pasajero atraviesa el East River en determinados servicios del subway, quizás está mirando su teléfono, escuchando música o leyendo un mensaje, sin pensar que sobre su cabeza se encuentra uno de los grandes cuerpos de agua de Nueva York.

Esa es precisamente la grandeza de esta ingeniería: convertir una operación extraordinariamente compleja en una experiencia cotidiana.

Los cinco boroughs: una conexión que necesita una aclaración

Nueva York está integrada por Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island.

El subway tradicional conecta directamente cuatro de estos cinco distritos: Manhattan, Brooklyn, Queens y el Bronx.

Staten Island constituye la excepción. Cuenta con su propio sistema ferroviario, Staten Island Railway, administrado también dentro de la estructura de la MTA, pero no tiene una conexión directa por vías de subway con los otros cuatro boroughs.

Sus residentes utilizan el ferry de Staten Island, autobuses y otros servicios para conectarse con el resto de la ciudad.

¿Cuántas líneas, estaciones y kilómetros tiene actualmente?

La dimensión del subway resulta impresionante incluso para quienes llevan toda una vida utilizándolo.

El sistema cuenta con 472 estaciones, más de 800 millas de vías ferroviarias —equivalentes a más de 1,287 kilómetros— y aproximadamente 27 servicios identificados mediante letras, números y variantes.

Los servicios principales se identifican mediante números del 1 al 7 y letras como A, B, C, D, E, F, G, J, L, M, N, Q, R, W y Z.

Una de sus características más admiradas es que mantiene operaciones las 24 horas, los siete días de la semana, aunque determinados servicios se modifican durante la madrugada por mantenimiento.

El subway como escenario cultural: músicos, pintores, bailarines y artistas de todo el mundo

Nueva York es considerada una de las grandes capitales culturales del planeta, y buena parte de esa riqueza artística también se manifiesta debajo de sus calles.

El subway no es solamente una estación de llegada y salida. En muchos lugares se convierte en un teatro improvisado, una galería de arte, un escenario musical y un espacio de encuentro entre culturas.

En sus pasillos pueden escucharse saxofonistas interpretando jazz, violinistas tocando música clásica, cantantes de ópera, guitarristas, grupos de percusión, bailarines urbanos y artistas que interpretan ritmos latinos.

La música dominicana, el merengue, la bachata, la salsa, el jazz y el hip-hop forman parte del universo sonoro que caracteriza a la ciudad, aunque la presencia de cada género varía según la estación y los artistas.

La MTA cuenta con el programa Music Under New York, que organiza presentaciones musicales autorizadas en diferentes espacios del transporte público.

Para algunos artistas, tocar bajo tierra representa una oportunidad de conseguir ingresos. Para otros es una plataforma para darse a conocer ante un público internacional.

Un músico puede comenzar su jornada interpretando canciones ante pasajeros apresurados y terminar siendo grabado por un turista que comparte su presentación en redes sociales.

Y ese video puede viajar mucho más lejos que el propio tren.

Las estaciones también son museos: murales, mosaicos y obras de grandes artistas

Otro aspecto extraordinario es el patrimonio artístico que existe dentro del sistema ferroviario.

La MTA, mediante su programa Arts & Design, ha incorporado cientos de obras de arte público en estaciones, utilizando mosaicos, esculturas, vitrales, fotografías e instalaciones contemporáneas.

En la estación de la calle 81, cerca del Museo Americano de Historia Natural, los mosaicos representan animales y escenas inspiradas en la naturaleza.

En la estación de la calle 14 y la Octava Avenida, las famosas figuras de bronce del escultor Tom Otterness forman parte de la obra Life Underground, una colección de personajes pequeños que sorprenden a los pasajeros.

En Times Square, el artista Roy Lichtenstein dejó su huella mediante un mural que refleja el dinamismo del transporte neoyorquino.

Y en la estación de la calle 72 de la Segunda Avenida, el artista brasileño Vik Muniz creó retratos en mosaico que representan la diversidad humana de Nueva York.

También existe una historia vinculada al grafiti y al nacimiento de expresiones urbanas como el hip-hop. Durante las décadas de 1970 y 1980, los vagones del subway se convirtieron en superficies utilizadas por escritores de grafiti, una práctica frecuentemente ilegal que, al mismo tiempo, dejó una influencia importante en el desarrollo del arte urbano contemporáneo.

Hollywood bajo tierra: las películas que hicieron famoso al tren de Nueva York

El subway también ha sido protagonista del cine internacional.

Sus túneles, estaciones, escaleras y vagones han aparecido en películas de acción, suspenso, drama, comedia y producciones que forman parte de la historia cinematográfica.

Entre las más reconocidas se encuentran:

* The French Connection (1971): famosa por su persecución relacionada con un tren elevado en Brooklyn, una de las secuencias más recordadas del cine policial.
* The Taking of Pelham One Two Three (1974): protagonizada por Walter Matthau y Robert Shaw. Su historia gira alrededor del secuestro de un tren. Parte del rodaje se realizó en la antigua estación Court Street, en Brooklyn.
* The Warriors (1979): convirtió los recorridos nocturnos por el sistema de transporte en parte fundamental de su historia sobre pandillas neoyorquinas.
* Coming to America (1988): protagonizada por Eddie Murphy, presenta el transporte y los escenarios urbanos como parte de la experiencia de llegar a Nueva York.
* Money Train (1995): con Wesley Snipes y Woody Harrelson, desarrolla una historia de acción alrededor del sistema ferroviario, combinando escenarios y recreaciones cinematográficas.
* The Taking of Pelham 123 (2009): con Denzel Washington y John Travolta, retomó la historia del secuestro ferroviario, incluyendo filmaciones en instalaciones reales y otros escenarios.

No todas las escenas que parecen ocurrir dentro del subway fueron filmadas en estaciones operativas. Algunas producciones utilizaron escenarios construidos en estudios o instalaciones ferroviarias cerradas.

Sin embargo, la influencia cultural es indiscutible.

El cine convirtió al subway en un personaje más de Nueva York: misterioso, ruidoso, impredecible, lleno de movimiento y profundamente humano.

Historias de amor: besos, despedidas y propuestas de matrimonio

El subway también es testigo de historias que nunca aparecen en los informes oficiales.

En sus vagones han nacido amistades, se han producido encuentros inesperados y se han vivido momentos románticos.

Una pareja puede conocerse durante un viaje cotidiano. Dos enamorados pueden despedirse en un andén antes de tomar trenes diferentes. Un joven puede preparar una sorpresa para pedir matrimonio mientras amigos y pasajeros observan emocionados.

Las propuestas de matrimonio y las celebraciones espontáneas en estaciones y vagones forman parte de las historias que circulan en videos y redes sociales.

También están los encuentros entre padres e hijos, las despedidas de familiares que regresan a sus países y los abrazos de inmigrantes que vuelven a reunirse después de años de separación.

El subway transporta personas, pero también sentimientos.

En un mismo vagón puede viajar alguien que acaba de conseguir el empleo de su vida, una persona que regresa del hospital, una pareja que celebra su amor y un inmigrante que todavía está buscando su primera oportunidad.

Esa dimensión humana no aparece en las estadísticas de pasajeros, pero constituye una parte esencial de la historia del tren.

Momentos históricos: crisis, apagones, atentados y una ciudad que nunca se rinde

Durante más de un siglo, el subway ha sido testigo de algunos de los acontecimientos más importantes de Nueva York.

En la década de 1970, la crisis fiscal de la ciudad coincidió con un período de deterioro del sistema, problemas de mantenimiento, grafitis y preocupaciones por la delincuencia.

El apagón de 1977 paralizó buena parte de la ciudad y afectó gravemente el transporte.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron otro momento histórico. El sistema ferroviario sufrió interrupciones, daños en infraestructura y cierres de estaciones, mientras trabajadores del transporte participaron en los esfuerzos para recuperar la movilidad de Nueva York.

En 2012, el huracán Sandy inundó túneles, dañó equipos eléctricos y obligó a realizar reparaciones extraordinarias.

Durante la pandemia de COVID-19, el subway experimentó una caída histórica de pasajeros. En mayo de 2020 comenzó una suspensión nocturna programada para tareas de limpieza, una medida excepcional en un sistema famoso por funcionar continuamente. El servicio nocturno completo fue restablecido en mayo de 2021.

También ha vivido momentos de celebración, como los desfiles multitudinarios, los grandes conciertos, los partidos de béisbol, las celebraciones de Año Nuevo y el Maratón de Nueva York.

El subway ha sido una herramienta indispensable tanto en las tragedias como en las alegrías colectivas.

Cuando Nueva York ha enfrentado sus momentos más difíciles, recuperar el funcionamiento de sus trenes ha sido también una señal de que la ciudad estaba recuperando su vida.

De los vagones antiguos a la tecnología moderna

El tren que comenzó funcionando en 1904 ha experimentado transformaciones enormes.

Los primeros vagones dieron paso a unidades metálicas más modernas, sistemas de puertas automáticas, aire acondicionado, comunicaciones digitales y tecnología avanzada para controlar la circulación ferroviaria.

Entre las mejoras más importantes de las últimas décadas se encuentran la modernización de estaciones, nuevas unidades ferroviarias, sistemas de información sobre llegadas, cámaras de seguridad, señales electrónicas y mecanismos de pago sin contacto.

El sistema OMNY representa uno de los cambios más visibles para los usuarios, al permitir pagar mediante tarjetas y dispositivos compatibles, reduciendo la dependencia de la histórica MetroCard.

También se han incorporado ascensores, rampas y otras instalaciones para personas con discapacidades, adultos mayores y familias que viajan con coches de bebés.

En 2026, el sistema ya contaba con más de 160 estaciones completamente accesibles, según información publicada por la MTA, aunque todavía queda una cantidad considerable que necesita mejoras.

La modernización también incluye la expansión de señales ferroviarias digitales y proyectos como la Segunda Avenida, cuya primera fase comenzó a funcionar en 2017, mientras continúan los trabajos para extender el servicio hacia East Harlem.

¿Cuántas personas utilizan actualmente el tren? ¿Ha aumentado la cantidad de pasajeros?

El crecimiento de pasajeros constituye una de las señales más importantes de la recuperación del transporte público neoyorquino.

Después de la caída histórica de usuarios durante la pandemia de COVID-19, el subway comenzó un proceso gradual de recuperación.

Los registros publicados para 2025 indican aproximadamente 1,282 millones de viajes anuales en el subway, frente a unos 1,195 millones en 2024.

Esto representa un crecimiento aproximado del 7.3 %.

El 29 de octubre de 2026 se registraron aproximadamente 4.72 millones de viajes, la cifra diaria más alta desde la pandemia.

Estos números confirman una realidad: a pesar del trabajo remoto, los cambios de hábitos y las críticas al servicio, el tren continúa siendo indispensable para Nueva York.

La seguridad en el subway: avances, preocupaciones y nuevos desafíos

La seguridad continúa siendo uno de los temas más sensibles para los usuarios del tren.

Durante los últimos años, las autoridades han reforzado la vigilancia policial, instalado cámaras adicionales y desarrollado programas destinados a reducir delitos, incidentes violentos y situaciones de riesgo en estaciones y vagones.

El sistema cuenta con decenas de miles de cámaras de seguridad, incluyendo equipos instalados en trenes y estaciones.

También se han incorporado barreras de protección en determinados andenes.

La iluminación LED, la vigilancia nocturna y los equipos de asistencia para personas con problemas graves de salud mental forman parte de las medidas adoptadas.

En octubre de 2026, las autoridades policiales informaron que, según las estadísticas acumuladas hasta septiembre, determinadas categorías de delitos dentro del transporte público habían registrado mínimos históricos. Sin embargo, el total de delitos graves en el sistema había aumentado ligeramente, un 0.9 % respecto al mismo período de 2025.

Sin embargo, los resultados favorables en determinadas categorías no eliminan las preocupaciones de quienes utilizan el tren diariamente. Los empujones en los andenes, las agresiones, los robos y las situaciones de comportamiento impredecible siguen generando temor.

El reto de la MTA no consiste solamente en reducir los delitos, sino en conseguir que los usuarios se sientan seguros mientras esperan, viajan y salen de las estaciones.

Los beneficios para la comunidad y lo que todavía falta por mejorar

El subway ha transformado la vida de comunidades enteras, particularmente en vecindarios de trabajadores e inmigrantes.

Para los residentes de Washington Heights, Inwood, Harlem, el Bronx, Brooklyn y Queens, representa una conexión directa con oportunidades laborales, centros educativos, hospitales y establecimientos comerciales.

Un trabajador puede vivir lejos de Manhattan y llegar a su empleo sin necesidad de comprar un automóvil, pagar estacionamiento o enfrentar diariamente el tráfico.

Una madre soltera puede llevar a sus hijos a la escuela y continuar hacia su trabajo. Un estudiante puede llegar a la universidad. Un adulto mayor puede acudir a una cita médica.

Pero también existen dificultades que requieren atención.

Las interrupciones del servicio, los largos tiempos de espera, los cambios de rutas durante los fines de semana, las estaciones sin ascensores y los problemas de limpieza continúan afectando a miles de pasajeros.

El plan de inversiones de la MTA para 2025-2029, de aproximadamente 68,400 millones de dólares para toda su red regional, contempla nuevos trenes, modernización de señales, rehabilitación de estaciones, mejoras de accesibilidad y protección de instalaciones frente a inundaciones.

Entre sus objetivos se encuentran incorporar unos 2,000 vagones nuevos, modernizar al menos 75 millas de señalización y mejorar la accesibilidad de por lo menos 60 estaciones adicionales.

Son inversiones importantes, pero su verdadero valor deberá medirse por la calidad del servicio que finalmente reciban los pasajeros.

El tren donde viajan juntos el millonario y el trabajador

Pocas instituciones representan tan bien la diversidad de Nueva York como su subway.

En un mismo vagón pueden coincidir un ejecutivo de Wall Street, un trabajador de construcción, una enfermera que termina su turno nocturno, un estudiante universitario, un empleado de restaurante, una madre con sus hijos y un turista que acaba de llegar a Estados Unidos.

Todos comparten el mismo espacio y, muchas veces, el mismo destino.

El tren no pregunta cuánto dinero tiene una persona, qué profesión ejerce, dónde nació ni cuál es su nivel social.

Es cierto que no todos los neoyorquinos dependen del transporte público de la misma manera. Para algunas personas es una alternativa conveniente; para otras, una necesidad absoluta.

Pero esa convivencia cotidiana convierte al subway en algo mucho más grande que una red de transporte.

Es uno de los pocos espacios donde la riqueza, la pobreza, las distintas culturas y las aspiraciones humanas se encuentran todos los días.

El turista que sueña con tomarse una fotografía en el subway

Para millones de visitantes, viajar en el subway forma parte de la experiencia de conocer Nueva York.

No basta con visitar Times Square, Central Park, la Estatua de la Libertad o el Empire State Building.

Muchos turistas desean entrar en una estación, observar los mosaicos históricos, esperar un tren y fotografiarse junto a uno de esos vagones que tantas veces han visto en películas, series de televisión y videos musicales.

Las estaciones de Times Square, Grand Central, Fulton Street y otras zonas emblemáticas se han convertido en escenarios reconocibles internacionalmente.

En el Alto Manhattan, sectores como Dyckman Street y Nagle Avenue también permiten contemplar una imagen diferente del transporte neoyorquino: los trenes elevados que atraviesan estructuras metálicas por encima de las calles.

Criticar a la MTA es un derecho, pero reconocer la grandeza del tren también es necesario

La Metropolitan Transportation Authority recibe constantemente críticas por el precio del pasaje, los retrasos, la seguridad, las interrupciones del servicio y las condiciones de determinadas estaciones.

Muchas de esas preocupaciones son legítimas y merecen respuestas.

Los usuarios tienen derecho a exigir puntualidad, limpieza, seguridad, transparencia administrativa y un servicio eficiente.

Sin embargo, también es importante reconocer que administrar un sistema ferroviario de más de un siglo de antigüedad, con cientos de estaciones, miles de vagones y millones de viajes diarios, constituye una responsabilidad extraordinariamente compleja.

Detrás de cada tren que llega a una estación trabajan conductores, operadores, técnicos, electricistas, ingenieros, personal de limpieza, supervisores y empleados de mantenimiento.

La ciudad necesita exigir mejores resultados sin olvidar la magnitud de la infraestructura que utiliza diariamente.

Porque una cosa es cuestionar la administración del sistema y otra muy distinta es desconocer el valor histórico, económico, cultural y social de esta extraordinaria obra.

El subway no está en sus últimos días: está luchando por adaptarse a una nueva generación de pasajeros que exige mayor seguridad, tecnología, limpieza y eficiencia.

Y mientras millones de personas continúen dependiendo de él, seguirá siendo el corazón que mantiene viva a Nueva York.

Una reflexión final: Nueva York no sería la misma ciudad sin su tren

Imaginemos por un momento que el subway dejara de funcionar durante un día completo.

Millones de viajes tendrían que buscar alternativas. Las calles experimentarían una presión enorme, numerosos trabajadores llegarían tarde, estudiantes enfrentarían dificultades y muchos negocios sufrirían las consecuencias.

El impacto económico y social sería inmenso.

Durante 122 años ha acompañado el crecimiento de Nueva York y ha permitido que generaciones de inmigrantes construyan sus sueños.

Pero no debemos olvidar a quienes hicieron posible esta maravilla: los trabajadores que excavaron sus túneles, los que resultaron heridos y aquellos que perdieron la vida construyendo un sistema que hoy beneficia a millones de personas.

Por eso, la próxima vez que escuchemos el anuncio de cierre de puertas, quizás valga la pena recordar que no estamos entrando simplemente a un vagón.

Estamos utilizando una de las mayores conquistas de ingeniería, movilidad urbana y convivencia cultural de Estados Unidos.

Nueva York es conocida como la ciudad que nunca duerme. Y una de las grandes razones por las que puede mantenerse despierta es que, debajo de sus calles, hay un tren que nunca deja de conectar sus historias.

Fuentes consultadas: Metropolitan Transportation Authority (MTA), informes de operación, seguridad, Arts & Design y plan de inversiones 2025-2029; Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, historia de la inauguración de 1904 e Historic American Engineering Record; PBS American Experience, New York Underground; American Society of Mechanical Engineers, historia del IRT; Oficina del Contralor de Nueva York; Departamento de Policía de Nueva York, estadísticas de seguridad de octubre de 2026; Museum of the City of New York; New York Transit Museum; American Film Institute; Museum of the Moving Image; y reportes de noviembre de 2026 sobre récords de pasajeros.

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