domingo 6 de abril de 2025 00:24 am
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Friusa sigue sacando el lado oscuro de la comunicación en República Dominicana

Por José Zabala, Creador de Contenido

Nueva York. La localidad de Friusa, en Bávaro, se ha convertido en los últimos meses en el símbolo de un fenómeno preocupante: la pérdida del respeto, la ética y la responsabilidad en la comunicación pública. Desde este punto del país han surgido voces que, escudándose en la libertad de expresión, traspasan los límites del profesionalismo, afectando la imagen nacional, promoviendo el caos mediático y atacando sin fundamentos a figuras públicas e instituciones.

“No soy locutor, ni periodista, ni comunicador. Soy un creador de contenido que escucha radio, ve televisión, interactúa en redes sociales y que siempre anda con el control en la mano para cambiar todo lo que no me gusta a nivel de comunicación. Siento que estoy perdiendo la pelea como consumidor y oyente de la comunicación dominicana”, expresó José Zabala.

Muchos aseguran que la tecnología y las redes sociales son responsables de la crisis comunicacional que vivimos. Sin embargo, el verdadero problema no es la tecnología, sino el mal uso que se hace de ella. No se trata de censura, sino de aplicar las leyes existentes con equilibrio y justicia.

La lucha sensible en términos migratorios, que antes tenía fuerza y dirección en Friusa, ha perdido su esencia por el mal enfoque comunicacional en muchos medios del país. Los mensajes transmitidos por ciertos comunicadores no responden ni conectan con la realidad ni con las necesidades de Friusa-Bávaro.

Desorden comunicacional sin precedentes

Dominicanos dentro y fuera del país expresan su preocupación por lo que califican como un desorden comunicacional sin precedentes, donde se combinan insultos al Presidente de la República, irrespeto a las instituciones, difusión de mentiras y una peligrosa normalización del lenguaje vulgar y ofensivo.

“¿Dónde están las autoridades? ¿Hasta cuándo se permitirá que cualquier persona, sin formación ni ética, utilice un micrófono o una cámara para dañar la imagen de nuestro país?”, comentó indignado un ciudadano desde Santo Domingo.

¿Libertad de expresión o abuso de ella?

La Constitución Dominicana garantiza el derecho a la libertad de expresión, pero también establece que ese derecho tiene límites cuando afecta el honor, la reputación o la seguridad pública. La Ley 6132 sobre Expresión y Difusión del Pensamiento establece claramente que toda persona puede emitir sus opiniones, siempre que no incurra en calumnia, injuria o difamación.

En este contexto, la comunicación dominicana parece caminar sin brújula. Y mientras tanto, la audiencia se convierte en víctima de un espectáculo sin contenido, sin control y sin consecuencias.

Crisis en la comunicación: decepción y desconfianza

Este caos genera rechazo en sectores educativos, religiosos y comunitarios. Las redes sociales, que podrían ser aliadas de la educación y la conexión social, se han convertido en campos de batalla llenos de odio y desinformación. La televisión y la radio, que antes eran sinónimo de confianza, hoy decepcionan con frecuencia por el bajo nivel de sus contenidos.

El llamado del pueblo a las autoridades

Desde distintas provincias del país, ciudadanos exigen que se reforcemos los mecanismos de supervisión y sanción para quienes destruyen la credibilidad de la comunicación nacional.

“No puede ser que cualquiera, con un celular, insulte al presidente, difunda mentiras y humille a dominicanos desde una pantalla sin que nadie intervenga. Esto no es libertad, esto es abuso”, declaró una madre de familia desde Santiago.

¿Qué dice la ley?

La Ley 6132 de 1962 establece que el ejercicio de la comunicación debe regirse por la veracidad, la responsabilidad, la dignidad humana y la paz pública.

También existen normas dentro de la Ley de Protección a la Niñez (136-03) que prohíben la exposición de menores a contenidos inadecuados, así como disposiciones en el Código Penal que sancionan la difamación e injuria.

Libertad de expresión según la Ley 6132:

  • La expresión del pensamiento es libre, excepto si atenta contra el orden social, la paz pública o el honor de las personas.
  • Se prohíben medidas preventivas, controles administrativos o intervenciones en la expresión de ideas o la comunicación de hechos.

Reflexión final: ¿Un país sin ley en la comunicación?

El escenario actual plantea una pregunta urgente:
¿Estamos frente a una crisis pasajera o ante el nacimiento de una cultura mediática sin ley, sin respeto y sin dirección?

La respuesta está en manos de quienes comunican, de las autoridades reguladoras y del pueblo dominicano, que con su sintonía y sus “likes”, valida o rechaza los contenidos.

La comunicación debe volver a ser un puente, no un muro. Debe informar, educar, conectar y transformar.
Y como bien dice la audiencia:
“Si no me gusta lo que escucho o veo, tengo el control para cambiarlo.”

Pero también pedimos que quienes tienen el poder de regular, lo ejerzan con responsabilidad y firmeza.

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