Por José Zabala, creador de contenido
En un colmado, en una galería o alrededor de una mesa de dominó, siempre aparece alguien con un cuento que interrumpe la conversación y arranca una carcajada. Estos diez cuentitos están ambientados en República Dominicana y llevan ese toque de ocurrencia, exageración y respuesta inesperada que tanto disfrutamos.
¿Y por qué los cuentos dominicanos tienen que ser solo para los dominicanos? Nuestros vecinos estadounidenses y personas de cualquier cultura también pueden disfrutarlos. Quizás haya que explicar qué es un motoconcho o qué significa comprar “fiao”, pero después de eso, ¡que venga la risa!
1. El fiao tiene memoria
—Don Pipe, fíeme dos panes, que mañana le pago.
—Eso mismo me dijiste ayer.
—¡Para que usted vea que yo soy un hombre de palabra!
2. El motoconcho
—¿Cuánto hasta el cementerio?
—Cien pesos.
—¿Y por cincuenta?
—Te dejo en el hospital y tú resuelves lo otro.
3. La compra de mamá
—Mami, traje todo: arroz, aceite y pollo.
—¿Y los cuartos que sobraron?
—Se me perdieron.
—Pues vuelve y búscalos.
—¡Pero, mami, allá afuera está oscuro!
—No te preocupes: cuando regreses, aquí también.
4. El gallo caro
—¿Cinco mil pesos por ese gallo? ¿Y qué hace?
—Canta a las cinco de la mañana.
—¿Y por ese precio no puede esperar hasta las ocho?
5. El dominó
A Cheíto lo dejaron con todas las fichas.
—¡Mi compañero no me ayudó en nada!
—Pero tú tenías el doble seis trancado.
—¡Por eso! ¡Ni para cargarlo me ayudó!
6. La dieta
El médico le dijo a Ñaño:
—De noche, una comida ligera.
Esa noche se comió un plato enorme de mangú.
—¿Y la dieta? —preguntó su mujer.
—¡Me lo comí ligerito, antes de que tú llegaras!
7. El apagón
Volvió la luz y todo el barrio gritó:
—¡Llegóóóó!
Se fue de nuevo.
Un señor salió a la galería:
—¡Hablen bajito, que parece que la asustaron!
8. El perro del campo
—Compadre, ¿ese perro muerde?
—A mí nunca me ha mordido.
El visitante entró y el perro le agarró el pantalón.
—¡Pero usted dijo que no mordía!
—¡A mí, compadre! ¡Usted y yo no somos la misma gente!
9. El sancocho
Doña Fefa le sirvió sancocho al marido.
—¿Y la carne?
—En el fondo.
—¿Y por qué no la encuentro?
—Porque tú estás comiendo, no buceando.
10. El velorio
En pleno velorio, el difunto se sentó:
—¡Yo estoy vivo!
La esposa miró al médico y después al marido:
—¡Cállate, Ramón! ¡Tú siempre contradiciendo a los profesionales!
Una carcajada para compartir
Estos cuentos juegan con situaciones imaginarias y palabras familiares: “fiao” es comprar a crédito; “cuartos” significa dinero; y un motoconcho es un servicio de transporte de pasajeros en motocicleta. Con esas pequeñas aclaraciones, cualquiera puede entrar en el cuento y disfrutar la ocurrencia.
La invitación queda abierta: compártalos con un vecino, un compañero o un amigo de otra cultura. Y si le dicen que usted está exagerando, ya tiene la respuesta: “¡Pero ven acá! ¿Tú quieres que te eche el cuento o que te presente pruebas?”
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