Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York. – Cuando la salud mental se confunde con la delincuencia, estamos ante un problema serio en la sociedad. Una condición de salud mental no equivale a criminalidad.
La salud mental, la indigencia, el abandono de las personas mayores y el Alzheimer requieren atención, respeto y apoyo. Mirar hacia otro lado solo agrava el sufrimiento de quienes atraviesan estas situaciones.
Nueva York enfrenta una crisis de salud mental
Nueva York enfrenta una verdadera crisis de salud mental. La ansiedad, la depresión y otros trastornos afectan a miles de ciudadanos, mientras que la demanda de atención supera la capacidad de respuesta de muchos servicios psicológicos, psiquiátricos y terapéuticos.
Según datos del Departamento de Salud de la ciudad, aproximadamente 945,000 adultos necesitaron atención de salud mental sin recibir toda la ayuda requerida en 2023. Esta realidad demuestra que no basta con tener hospitales y especialistas: Nueva York necesita ampliar el acceso a tratamientos oportunos, porque la salud mental también es una emergencia de salud pública.
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La falta de empatía: cuando el dolor ajeno se convierte en espectáculo
Cuando una persona famosa, artista, pelotero, empresario, comunicador, creador de contenido, profesional o emprendedor se ve afectada por alguien que podría estar atravesando una crisis de salud mental, viviendo en la indigencia, pasando hambre o padeciendo Alzheimer, la primera reacción no debería ser exponerla en las redes sociales para conseguir «likes», llamar la atención o ganar popularidad.
La seguridad y el derecho a denunciar un hecho deben respetarse, pero también es necesario preguntarse qué ocurrió, buscar información confiable y procurar que intervengan profesionales cuando sea necesario.
Convertir un episodio en espectáculo, sin considerar sus posibles causas ni la dignidad de la persona involucrada, puede alimentar el estigma y agravar el problema.
La empatía no significa tolerar una agresión ni ignorar los riesgos. Significa responder con responsabilidad, proteger a quienes están en peligro y no utilizar el dolor ajeno para alimentar el ego o aumentar la popularidad.
Hay una pregunta que debería interpelarnos a todos: si mañana yo estuviera desorientado, enfermo, sin comida o viviendo en la calle, ¿alguien se detendría a preguntarme qué me pasa?
La indiferencia suele parecernos algo lejano hasta que toca a nuestra familia o a nosotros mismos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 1,200 millones de personas vivían con algún trastorno mental en 2023 y advierte que el estigma, la discriminación y las violaciones de derechos continúan afectando a quienes necesitan atención.
Por eso, es peligroso mirar a una persona en crisis y etiquetarla automáticamente como delincuente. Una condición de salud mental no equivale a criminalidad, y vivir en la calle tampoco permite diagnosticar a nadie.
La respuesta debe comenzar por la seguridad, la escucha y el acceso a ayuda profesional, no por los prejuicios.
Salud mental e indigencia: primero, tratar a la persona con dignidad
La pobreza, la falta de vivienda, el hambre, el consumo de sustancias y los problemas de salud mental pueden coincidir en una misma realidad, pero no son lo mismo ni explican por sí solos la historia de cada persona.
No toda persona indigente tiene una enfermedad mental o una adicción. Antes de juzgar, podemos preguntar respetuosamente si necesita ayuda y, si existe un riesgo inmediato, contactar a los servicios de emergencia o a los equipos comunitarios correspondientes.
No siempre es necesario entregar dinero para demostrar empatía. También podemos ayudar a una persona a encontrar alimentos, refugio o atención profesional.
La preocupación que surge al observar cómo algunas personas pasan junto a alguien necesitado sin detenerse merece ser escuchada. Sin embargo, tampoco debemos exigir que alguien se acerque si no se siente seguro. En esos casos, puede solicitar asistencia profesional.
La solidaridad debe ejercerse con compasión, responsabilidad y prudencia.
Las personas mayores necesitan una red de cuidado
El envejecimiento no debería significar soledad ni abandono. El cuidado de una persona mayor no puede recaer siempre sobre un solo familiar, sin orientación, descanso ni recursos suficientes.
Las instituciones responsables de la protección de los adultos mayores también deben responder cuando una persona se encuentra desamparada o corre peligro.
La familia, el Estado y la comunidad tienen responsabilidades diferentes, pero complementarias, en la construcción de una red de apoyo que garantice una vida digna.
En la República Dominicana, el Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE) informa que ofrece atención gerontológica a personas mayores dependientes, además de orientación y otros servicios sujetos a requisitos y disponibilidad.
En su página web figura el teléfono 809-688-4433. Consultar estos recursos puede ser un primer paso para las familias que no saben cómo actuar ante una situación de abandono o dependencia.
Más información: https://conape.gob.do/
Alzheimer: acompañar también es proteger
El Alzheimer y otras formas de demencia pueden afectar la memoria, la orientación y la capacidad de realizar actividades cotidianas. Por eso, no es justo interpretar estos cambios como caprichos, mala conducta o falta de interés.
Aunque la edad es un factor de riesgo importante, los problemas cognitivos deben evaluarse profesionalmente y no pueden diagnosticarse únicamente por el comportamiento de una persona.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que el Alzheimer es la forma más común de demencia y destaca la necesidad de brindar apoyo tanto a las personas afectadas como a quienes asumen su cuidado.
Si un familiar se desorienta o se pierde, es fundamental actuar con rapidez, buscar ayuda y evitar dejarlo desprotegido. Tampoco debemos culparlo por aquello que la enfermedad le impide controlar.
Un plan de cuidado, una lista de contactos de emergencia y la orientación médica pueden ayudar a proteger tanto a la persona afectada como a sus familiares y cuidadores.
La fama y el dinero no sustituyen la responsabilidad humana
No podemos afirmar que todos los países, las familias o los artistas hayan perdido la empatía. Sí podemos reconocer que el abandono existe y que la fama, el dinero o el éxito no sustituyen la responsabilidad humana.
Quienes tienen visibilidad pública, influencia o recursos también pueden contribuir, dentro de sus posibilidades, a crear conciencia y facilitar que las personas vulnerables reciban apoyo.
No se trata de señalar a quienes no pueden resolver todos los problemas, sino de recordar que cada gesto responsable puede marcar una diferencia.
La salud mental no debe convertirse en motivo de burla. La indigencia no debe ser una razón para humillar. El envejecimiento no debe condenar a nadie al abandono, y el Alzheimer no debe privar a una persona de su dignidad.
Hoy soy yo; mañana podrías ser tú.
Que esa posibilidad nos impulse a mirar con humanidad, preguntar antes de condenar y exigir servicios capaces de proteger a quienes viven con una enfermedad, enfrentan la indigencia o necesitan cuidados especiales.
El progreso de un país también se mide por la dignidad con la que trata a las personas más vulnerables.
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