Negocios del Bronx, Queens y otras zonas están recurriendo a Instagram, cámaras de vigilancia y hasta “muros de la vergüenza” para denunciar a clientes que presuntamente abandonan los establecimientos sin pagar
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– Según reporta el New York Post en un reportaje del periodista Ben Cost, propietarios de restaurantes de Nueva York enfrentan un problema que, aunque no es nuevo, está adquiriendo mayor visibilidad: clientes que ordenan, consumen y luego se marchan sin pagar la cuenta.
La práctica, conocida en inglés como dine and dash, representa otra amenaza para pequeños negocios presionados por los alquileres, los salarios, los seguros, la inflación y el aumento constante de los alimentos. Ante la dificultad de recuperar el dinero por las vías tradicionales, algunos comerciantes están utilizando las redes sociales para localizar a los presuntos responsables.
Una cuenta de 112 dólares en el Bronx
Uno de los casos ocurrió en Talavera Cantina, restaurante mexicano localizado en Mott Haven, el Bronx.
Su propietaria, Britney Cariño, relató que tres clientes visitaron el establecimiento durante la celebración del Cinco de Mayo, una de sus jornadas más concurridas. Ordenaron tacos, guacamole, aperitivos y cuatro margaritas congeladas, acumulando una cuenta de 112 dólares.
Durante un apagón que afectó el sistema electrónico de pagos, el grupo habría aprovechado la confusión para marcharse. Cuando la propietaria revisó las operaciones procesadas fuera de línea, encontró la cuenta pendiente y examinó las cámaras de seguridad.
En lugar de acudir inmediatamente a la Policía, publicó una imagen del video en Instagram y explicó que retiraría el contenido si la deuda era pagada. Poco después, un familiar de una de las personas señaladas acudió al negocio y cubrió el consumo.
Para Cariño, las redes sociales están permitiendo recuperar una presión comunitaria que parecía perdida: la vergüenza de ser identificado públicamente por perjudicar a un pequeño negocio.
Un supuesto intercambio publicitario terminó en controversia
Otro incidente fue denunciado por John Truong, propietario del restaurante vietnamita Chef Papa, en Long Island City, Queens.
De acuerdo con su versión, una creadora de contenido identificada como Fahmida Sultana habría solicitado aproximadamente 200 dólares en alimentos y bebidas a cambio de publicar un video promocional del restaurante.
El negocio asegura que la mujer dejó seis dólares de propina, se marchó y no realizó la publicación acordada. Después de varios intentos para comunicarse con ella, el propietario divulgó su experiencia en Instagram.
La señalada respondió posteriormente mediante una crítica negativa que, según el reportaje, fue eliminada. No se conoce una decisión judicial sobre esta controversia, por lo que debe presentarse como una disputa entre las partes y no como una determinación de culpabilidad.
El episodio también abre una discusión sobre los acuerdos entre restaurantes e influenciadores. Todo intercambio de comida por promoción debería establecerse por escrito, indicando el contenido prometido, la fecha de publicación y qué sucede si alguna de las partes no cumple.
El caso extremo de una comensal arrestada siete veces
El reportaje recuerda también el caso de Pei “Lu” Chung, quien fue arrestada en siete ocasiones después de presuntamente abandonar sin pagar restaurantes reconocidos, incluidos Peter Luger y Francie.
Las cuentas acumulaban cientos de dólares y el caso recibió amplia atención mediática por la repetición de los incidentes. Chung fue posteriormente declarada psicológicamente incapacitada para enfrentar un juicio y puesta en libertad.
Esa determinación no significa que los hechos denunciados fueran inventados, sino que la justicia consideró que la acusada no reunía en ese momento las condiciones mentales necesarias para participar adecuadamente en su defensa.
Un video de 41 dólares alcanzó casi 800,000 reproducciones
El fenómeno no se limita a los cinco condados. En Erin O’Neill’s Pub and Grill, ubicado en Poughkeepsie, las cámaras captaron a dos clientes que aparentemente retiraron una tarjeta del portacuenta y se marcharon sin pagar un consumo de 41 dólares.
El establecimiento publicó la grabación y, en apenas minutos, recibió información que permitió identificar a uno de los involucrados. El video terminó acercándose a las 800,000 reproducciones y atrajo numerosos seguidores nuevos al negocio.
Paradójicamente, una pérdida de 41 dólares terminó generando una enorme exposición digital. Sin embargo, convertir cada incidente en contenido viral también presenta riesgos: una imagen incompleta puede llevar a identificar incorrectamente a una persona o transformar un malentendido en una acusación pública.
Restaurantes crean sus propios “muros de la vergüenza”
Algunos establecimientos que no dependen de Instagram han regresado a un método más tradicional.
UMI Hotpot Sushi & Seafood Buffet, en el Bronx, comenzó a colocar fotografías y recibos pendientes dentro del establecimiento para advertir sobre personas acusadas de marcharse sin pagar.
La intención es proteger al negocio y disuadir a otros clientes. Sin embargo, los propietarios deben comprobar cuidadosamente cada caso antes de exhibir una fotografía. Una tarjeta rechazada, un error del camarero o una cuenta asignada a la mesa equivocada podría ocasionar una acusación injusta.
¿Es un delito marcharse sin pagar?
Sí. La Ley Penal de Nueva York, sección 165.15, contempla como robo de servicios obtener deliberadamente servicios de un restaurante con la intención de evitar el pago. nysenate.gov
La conducta puede constituir un delito menor de clase A. La legislación estatal establece que una sentencia de prisión por esa clasificación no puede exceder los 364 días, aunque la sanción concreta depende de los hechos, los antecedentes y la decisión del tribunal. nysenate.gov
En la práctica, una cuenta de 75, 112 o 150 dólares puede recibir menor prioridad que un homicidio, un robo violento o una agresión. Para el restaurante, además, llamar a la Policía implica detener operaciones, preservar los videos, preparar declaraciones y posiblemente enviar empleados a participar en un proceso judicial.
Eso explica por qué muchos comerciantes prefieren absorber la pérdida o buscar ayuda mediante sus seguidores.
Una cuenta pequeña puede representar una pérdida grande
Para un restaurante independiente, 112 dólares no son simplemente 112 dólares.
Si el negocio trabaja con un margen de beneficios cercano al 5 %, tendría que vender más de 2,000 dólares adicionales para recuperar la ganancia perdida por una cuenta de esa cantidad. A eso se agrega la propina que deja de recibir el camarero.
En un establecimiento con cinco o seis mesas, una cuenta abandonada puede consumir las ganancias de buena parte de la jornada. Si los casos se repiten, el problema amenaza empleos y la supervivencia del negocio.
Las redes sociales ayudan, pero también pueden causar demandas
Publicar videos puede producir resultados rápidos, pero no debe convertirse en un tribunal digital.
Antes de difundir imágenes, el negocio debería verificar el sistema de pagos, revisar el recibo, conservar la grabación completa y tratar de establecer si existió una confusión. También debe evitar afirmar que una persona es ladrona cuando todavía no existe una investigación o una sentencia.
Lo más prudente es guardar los videos, preservar los recibos, documentar los testimonios del personal y presentar una denuncia policial. Si varios establecimientos reportan el mismo comportamiento de una persona, las autoridades podrían identificar un patrón y no solamente un incidente aislado.
Los comerciantes también pueden alertarse entre sí de manera privada, evitando acusaciones públicas apresuradas.
Una nueva carga para la industria gastronómica
Los restaurantes neoyorquinos sobrevivieron a la pandemia, la pérdida de empleados, el aumento de los alquileres y el encarecimiento de prácticamente todos sus productos.
Ahora algunos propietarios sienten que también deben convertirse en investigadores, revisar cámaras, rastrear cuentas de Instagram y defender públicamente sus negocios.
Marcharse sin pagar podría parecer un delito menor frente a otros problemas de Nueva York, pero para un pequeño comerciante significa perder mercancía, tiempo, impuestos, propinas y parte de su limitado margen de beneficios.
La respuesta no puede consistir únicamente en avergonzar personas en internet. Se necesitan mecanismos sencillos para denunciar, documentar y conectar casos repetidos sin paralizar durante horas la operación del restaurante.
Lo cierto es que una nueva costumbre está encendiendo las alarmas de la industria: en algunos restaurantes de Nueva York, el cliente termina de comer, mira hacia la puerta y desaparece antes de que llegue la cuenta.
Leer el reportaje original de Ben Cost en el New York Post
ZabalaAlDía.com — “La voz que conecta con la comunidad y la diaspora Dominicana”. Foto Ilustrativa IA.
















