lunes 3 de agosto de 2026 19:57 pm
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El homenaje que llegó a tiempo: La Romana declara Hijo Adoptivo a Don Chicho, ejemplo de una vida de trabajo y dignidad

Por: Aquiles Rojas

A sus 90 años, Martín Sánchez Cordero, conocido por generaciones de romanenses como «Don Chicho», recibió una de las más altas distinciones que confiere el Ayuntamiento Municipal de La Romana.

Nacido en la comunidad de Hato de Mana, en la provincia La Altagracia, hizo de esta ciudad su hogar definitivo, donde construyó una trayectoria marcada por el trabajo, el emprendimiento y una conducta intachable que hoy recibe el reconocimiento de toda una comunidad.

La Romana, R.D.- Hay reconocimientos que llegan demasiado tarde. Otros, afortunadamente, encuentran al homenajeado con la lucidez suficiente para recibir el aplauso y el agradecimiento de toda una ciudad. El otorgado a Martín Sánchez Cordero, conocido cariñosamente como «Don Chicho», pertenece a esta última categoría.

A sus 90 años, el Ayuntamiento Municipal de La Romana lo declaró Hijo Adoptivo del Municipio, una de las más altas distinciones honoríficas contempladas por la administración local, convirtiendo en acto oficial el respeto que durante décadas le ha profesado la comunidad romanense.

La resolución, aprobada por el Concejo de Regidores y sustentada en la Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios, reconoce no solo la trayectoria laboral del homenajeado, sino también los valores humanos que marcaron toda una vida: su espíritu de servicio, su trato afable, su hospitalidad, su conducta ejemplar y el legado moral que dejó en varias generaciones de ciudadanos.

Aunque nació en la comunidad de Hato de Mana, perteneciente a Santana, jurisdicción de Higüey, provincia La Altagracia, Don Chicho llegó a La Romana siendo apenas un adolescente de 12 años. Lo que inicialmente fue un cambio de residencia terminó convirtiéndose en una historia de vida inseparable del desarrollo de la ciudad.

Fue allí donde formó su familia, desarrolló sus actividades comerciales y construyó una reputación basada en el trabajo constante, la disciplina y el respeto. A lo largo de las décadas incursionó en diversas actividades económicas, desde la panadería hasta el comercio y otras iniciativas empresariales propias de distintas etapas de la evolución económica de La Romana, siempre caracterizado por la responsabilidad y la seriedad con las que asumió cada compromiso.

Pero si algo distingue su historia no es únicamente su capacidad de emprender, sino haber llegado a nueve décadas de vida conservando un prestigio ganado a pulso.

En una sociedad donde con frecuencia la atención pública se concentra en lo inmediato, lo polémico o lo efímero, la figura de Don Chicho representa un recordatorio de que el verdadero reconocimiento suele construirse silenciosamente, a partir de miles de acciones cotidianas realizadas con honestidad, decencia y perseverancia.

Durante casi ocho décadas de vida romanense, nunca su nombre estuvo vinculado a escándalos públicos, hechos delictivos ni conductas que empañaran la imagen de un hombre que hizo del respeto hacia los demás uno de los principios fundamentales de su existencia. Esa coherencia entre la vida pública y la vida privada constituye, precisamente, el patrimonio moral que hoy reconoce el Ayuntamiento.

Más que distinguir a un ciudadano ejemplar, la declaratoria de Hijo Adoptivo del Municipio de La Romana envía un mensaje de profundo contenido social: las comunidades también se construyen gracias a hombres y mujeres cuya mayor obra no aparece necesariamente en los libros de historia, sino en el recuerdo agradecido de quienes compartieron con ellos una vida de trabajo y servicio.

El reconocimiento adquiere un significado especial porque llega en vida. No se trata de un homenaje póstumo ni de una reparación tardía de la memoria colectiva. Se trata de una ciudad que decidió agradecer mientras el homenajeado aún puede escuchar los aplausos, sentir el afecto de su comunidad y comprender el alcance de una distinción que trasciende el protocolo.

En tiempos en que muchas veces los adultos mayores son relegados al olvido o considerados ajenos al dinamismo de la sociedad, la decisión del Ayuntamiento de La Romana reivindica el valor de la experiencia, la integridad y la trayectoria como elementos esenciales del patrimonio humano de una comunidad.

La resolución municipal lo expresa con una frase que resume el espíritu de la distinción: «El hombre trasciende fronteras cuando su accionar es destacado y reconocido de manera positiva por sus aportes en cualquier renglón de la vida pública o privada.»

Esa reflexión encuentra en Don Chicho una expresión concreta. Nació en otra provincia, pero eligió a La Romana para escribir la historia de su vida. La ciudad, por su parte, decidió corresponder a esa entrega adoptándolo oficialmente como uno de los suyos.

Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja este reconocimiento: el sentido de pertenencia no siempre lo determina el lugar donde se nace, sino el lugar donde se decide servir, trabajar, formar una familia y contribuir al bienestar colectivo.

Con esta declaratoria, La Romana no solo honra a Martín Sánchez Cordero. También envía un mensaje a las nuevas generaciones sobre el valor de la honestidad, el esfuerzo sostenido y la dignidad como principios capaces de trascender el paso del tiempo. Porque hay vidas cuya mayor riqueza no se mide por lo que acumularon, sino por el respeto que sembraron. Y cuando una ciudad entera decide agradecer esa siembra, el homenaje deja de ser un acto ceremonial para convertirse en una lección de memoria, gratitud y civismo.

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