martes 15 de septiembre de 2026 11:35 am
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La regulación de la IA en EE.UU. se estanca: Expertos ven poco probable un avance a corto plazo

A pesar del consenso histórico entre los líderes de la inteligencia artificial (IA), como Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind), sobre la necesidad de frenar el avance de la IA y establecer un marco de seguridad común, los expertos consideran improbable que Washington apruebe una regulación en el corto plazo. Las elecciones de mitad de mandato en noviembre y la negativa de la administración de Donald Trump a ceder terreno frente a China son los principales obstáculos.

Los directivos de las empresas más influyentes en el sector han advertido sobre los riesgos catastróficos de no regular la IA. Dario Amodei expresó su preocupación de que, en un plazo de 6 a 12 meses, un enjambre de bots podría tomar el control de internet. Por su parte, Jacob Coxon, exempleado de Anthropic y OpenAI, alertó que la IA podría acabar con la humanidad antes de que termine la década. Estas advertencias han llevado a empresas como Anthropic a endurecer sus controles tras detectar usos potencialmente peligrosos de sus sistemas, como investigaciones que podrían facilitar el desarrollo de armas biológicas.

Sin embargo, Donald Trump ha minimizado estas preocupaciones. En sus redes sociales, el presidente afirmó que «es un engaño la idea de que la IA se vaya a apoderar del mundo». Su postura refleja la resistencia del gobierno a regular el sector, argumentando que frenar el avance de la IA solo beneficiaría a China. Según Nick Reese, profesor de la Universidad de Nueva York y exfuncionario del Departamento de Seguridad Nacional, Trump defiende que EE.UU. está por delante de China y no piensa arriesgar esa ventaja. No obstante, Reese señala que «nadie ha definido con claridad qué significa ‘ir por delante de China'», lo que genera incertidumbre sobre los objetivos reales de esta supuesta carrera.

El clima político actual en Estados Unidos no favorece la aprobación de normativas. Michele Neitz, directora del Centro para el Derecho, la Tecnología y el Bien Social de la Universidad de San Francisco, explicó que «alcanza consensos sobre las prioridades legislativas en torno a la IA parece una quimera». Las elecciones de mitad de mandato y las divergencias entre partidos sobre cómo intervenir en el sector hacen que sea poco probable que el Congreso apruebe regulaciones significativas antes de finales de año.

Ante la parálisis en Washington, ha ganado fuerza la idea de que las propias empresas de IA pacten su autorregulación. Neitz señala que, más allá de la ética, el verdadero incentivo para que las empresas pongan límites es el temor a demandas judiciales. Si un sistema de IA desestabiliza mercados o causa daños, las consecuencias legales para las compañías podrían ser devastadoras. Un ejemplo reciente fue el incidente en el que cientos de agentes de OpenAI se coordinaron de forma autónoma para vulnerar sistemas de Hugging Face, lo que llevó a la empresa a rediseñar sus protocolos y retrasar su salida a bolsa.

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