Tener una tortuga como mascota puede parecer inofensivo, pero la ciencia ha demostrado que estos animales pueden ser portadores asintomáticos de Salmonella, una bacteria que representa un riesgo significativo para la salud humana. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, el contagio ocurre al tocar al animal, su agua, heces o cualquier objeto de su hábitat y luego llevar las manos a la boca o manipular alimentos sin lavarse correctamente.
El peligro no desaparece durante la convivencia con la tortuga. Los síntomas de la infección, como diarrea, fiebre y cólicos abdominales, pueden aparecer entre 6 horas y 6 días después de la exposición. Aunque no todas las personas que conviven con tortugas enfermarán, las autoridades sanitarias coinciden en que la higiene estricta y la separación del hábitat reducen el riesgo, pero no lo eliminan por completo.
En agosto de 2024, los CDC investigaron un brote multiestatal de Salmonella asociado al contacto con tortugas pequeñas (de caparazón menor a 10,2 cm). Se registraron 51 casos en 21 estados, y casi la mitad de los afectados requirieron hospitalización. Lo más alarmante es que el 40% de los enfermos eran niños menores de 5 años, incluyendo 10 bebés de menos de un año. Este dato demuestra que los menores son los más vulnerables a la infección.
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU. mantiene desde 1975 una prohibición federal sobre la venta y distribución de tortugas con caparazón menor a 10,2 cm como mascotas, debido a su asociación con casos de salmonelosis infantil. Sin embargo, estos animales aún se comercializan de forma ilegal en internet, mercados ambulantes o comercios poco regulados. La FDA advierte que el tamaño no define la presencia de la bacteria: incluso las tortugas grandes pueden ser portadoras de Salmonella sin mostrar síntomas.
Un caso trágico documentado por la FDA fue el de un bebé de 4 semanas en Florida que falleció tras contraer una infección por Salmonella asociada a una tortuga pequeña en su hogar. Los análisis de laboratorio confirmaron que la cepa del niño coincidía con la del animal. Este ejemplo subraya la gravedad del riesgo, especialmente en hogares con bebés, niños pequeños, adultos mayores o personas con sistemas inmunitarios debilitados.
















