lunes 20 de mayo de 2024 08:29 am

En 1936, una estrella empezó a brillar mil veces más de lo normal. Los astrónomos creen haber averiguado el por qué

FU Orionis y su repentina luminosidad pusieron a prueba las teorías astronómicas en 1936, pero ya no es ningún enigma.

El conjunto de radiotelescopios ALMA en el desierto de Atacama ha permitido saber más de esta estrella variable.

Las estrellas suelen seguir patrones predecibles… hasta que dejan de hacerlo. FU Orionis, un nombre que probablemente no resuene tanto como Betelgeuse, es la estrella protagonista de un viejo misterio de la astronomía a punto de resolverse.

Un misterio de hace 88 años. En 1936, una estrella normal y corriente de la constelación Orión se volvió mil veces más brillante de forma repentina. Los astrónomos pensaron que se trataba de algún tipo de nova, pero un estudio de su firma espectral descartó que fuera el caso.

Situada a 1.360 años luz de la Tierra, FU Orionis (FU Ori, para los amigos) ha seguido brillando con intensidad hasta hoy, lo que no encaja con un evento breve y esporádico como la explosión de una nova. Para colmo, es una estrella joven y de masa relativamente baja, lo que tampoco cuadra con el colapso de una supernova.

Hay más estrellas así. Durante décadas, FU Orionis fue el único caso conocido, pero en 1970 se descubrió una estrella con un comportamiento similar: V1057 Cygni. Hoy se conocen al menos una docena de objetos de este tipo.

Se las denomina “estrellas variables Fu Orionis” o “FUors”. La razón por la que aumentan hasta en seis magnitudes su luminosidad sigue sin estar del todo clara; sin embargo, 88 años más tarde, el misterio está cerca de resolverse.

Décadas de observaciones. Usando el enorme array de radiotelescopios ALMA en el desierto de Atacama, los astrónomos han podido estudiar el sistema FU Orionis a escalas de 160 a 25.000 unidades astronómicas (desde muy cerca hasta bastante lejos).

Después de años de observaciones, descubrieron que FU Orionis y el resto de FUors son en realidad sistemas binarios de estrellas jóvenes. La estrella responsable de su peculiar comportamiento es una protoestrella de tipo T Tauri, que no produce energía de la fusión de hidrógeno en su núcleo, sino de la acreción y contracción gravitacional.

Una hipótesis cerca de confirmarse. Los astrónomos identificaron una corriente de acreción (una especie de río de gas) fluyendo lentamente hacia el sistema de estrellas. Este flujo alimenta de monóxido de carbono a FU Orionis, pero no es lo suficientemente grande para explicar cómo el sistema binario aumentó su brillo de repente y de manera tan intensa.

Siguiendo una hipótesis que se propuso hace algunos años, los investigadores usaron modelos matemáticos para entender cómo se mueve el gas en la corriente de acreción. Concluyeron que el flujo actual podría ser un remanente de un evento más grande que pudo causar el brillo inusual de la estrella.

El misterio, casi resuelto. Ese evento más grande podría haber contribuido a la inestabilidad del disco de acreción (que se calienta y se expande), desencadenado el estallido que observaron los astrónomos a principios del siglo pasado, escribe una nueva generación de astrónomos en The Astrophysical Journal.

Todas las estrellas experimentan explosiones que afectan a la composición química de los discos de acreción alrededor de las estrellas recién nacidas. Puesto que los planetas nacen de estos discos de acreción, comprender mejor los FUors podría ayudarnos a saber más sobre la formación de los planetas.

Matías S. Zavia

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