La educación puede ayudar a prevenir la delincuencia juvenil, pero las estadísticas no prueban que estudiar sea la única razón por la que hay menos mujeres encarceladas.
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– En República Dominicana, las mujeres son mayoría en las universidades. El informe estadístico del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) para 2023 registró 355,269 mujeres, el 65.9% del estudiantado, frente a 184,032 hombres, el 34.1%. Por eso, la proporción supera el 60% que suele mencionarse.
¿Por qué hay más mujeres estudiando?
No existe una sola explicación. El crecimiento de la matrícula femenina refleja cambios en las oportunidades, las aspiraciones y el acceso de las mujeres a la educación. Para muchas, un título universitario es una vía hacia una profesión, mayor independencia económica y más opciones de empleo.
También pueden influir las expectativas sociales y laborales. En algunos hogares, los varones jóvenes enfrentan mayor presión para comenzar a trabajar temprano; otros se inclinan por empleos o formaciones técnicas que no requieren pasar por la universidad. Son posibles factores, no una explicación que aplique a todos los hombres y mujeres.
La viceministra de Educación Superior Carmen Evarista Matías ha descrito a las mujeres como protagonistas del cambio académico y científico, y ha resaltado su presencia como líderes e innovadoras. Ese avance, sin embargo, todavía convive con brechas: un análisis de la Oficina Nacional de Estadística señala que las mujeres siguen siendo minoría en áreas como tecnología e ingeniería.
¿Hay menos mujeres en el sistema penal?
Las cifras de encarcelamiento muestran una diferencia marcada. Para 2024, los datos presentados por el Observatorio Interamericano de Seguridad de la OEA registran 23,865 hombres adultos y 630 mujeres adultas en prisión. Las mujeres representan alrededor del 2.6% de esa población adulta encarcelada.
Pero estar en prisión no equivale a tener una orden de arresto ni indica cuántas personas son buscadas por la Policía. Tampoco significa que las mujeres no tengan problemas judiciales: también pueden ser investigadas, acusadas o encarceladas. La cifra describe a quienes estaban recluidos, no todos los contactos de la población con la justicia.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) advierte que el género influye en las experiencias y los riesgos relacionados con la delincuencia. Como ejemplo, señala que los varones jóvenes son reclutados con mayor frecuencia por grupos criminales organizados. Esto ayuda a analizar la desigual exposición a la violencia y a redes delictivas, sin afirmar que la delincuencia sea exclusiva de los hombres ni que las mujeres estén al margen de ella.
¿Puede estudiar ayudar a prevenir la delincuencia?
Sí, puede ser una parte importante de la prevención. El informe de 2026 del equipo del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de la UNESCO explica que una experiencia escolar positiva puede mantener a los jóvenes vinculados con adultos de apoyo, fortalecer sus habilidades y abrirles oportunidades laborales. También recoge evidencia internacional que relaciona más educación con menos arrestos y condenas.
Eso no demuestra que la mayor presencia de mujeres en las universidades sea la causa directa de su menor representación en prisión. Para comprobar esa relación en República Dominicana se necesitarían estudios que sigan a jóvenes durante varios años y comparen, entre otros factores, la continuidad escolar, la situación económica, el entorno familiar, la edad y el tipo de delito.
La UNESCO también advierte que la educación no sustituye el empleo digno, la protección social, la prevención de la violencia ni un sistema de justicia justo. Por eso, el mensaje para la juventud debe ser claro: mantenerse en la escuela, la universidad o una formación técnica puede abrir alternativas y reducir riesgos, pero requiere oportunidades y apoyo real.
La matrícula femenina es un avance que merece celebrarse. La baja proporción de mujeres encarceladas también invita a estudiar las diferencias de género con seriedad. Y el mayor desafío es que más jóvenes, especialmente quienes enfrentan mayores riesgos, encuentren en la educación y el trabajo un camino posible hacia un futuro distinto.
















