jueves 8 de octubre de 2026 19:36 pm
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¿A las tres de la mañana, quién está cuidando a nuestros hijos?

La presencia de menores en la calle durante la madrugada y las relaciones con adultos deben encender una alarma. Protegerlos exige responsabilidad familiar, respuesta de las autoridades y comunidades dispuestas a actuar.

Por José Zabala, creador de contenido

Nueva York.– ¿Cómo puede una familia no saber que su hija o su hijo de 13, 14 o 16 años está en la calle a las tres de la mañana? La pregunta duele, pero merece hacerse. Cuando un menor queda expuesto al alcohol, al tabaco, a la violencia o a adultos que buscan relacionarse con él, la sociedad no puede mirar hacia otro lado.

La impresión de que los casos aumentan no demuestra por sí sola un incremento estadístico; para afirmarlo se necesitan cifras comparables de las autoridades. Lo que sí muestran datos recientes es una situación seria que requiere atención.

En septiembre de 2026, UNICEF informó que el 23 % de los usuarios de internet de 12 a 17 años en República Dominicana —unos 272,000 adolescentes— sufrió alguna forma de violencia sexual facilitada por la tecnología durante los 12 meses anteriores. Según el estudio, en el 68 % de los casos el agresor era alguien conocido por la víctima y menos del 1 % de los casos fue denunciado. Alrededor de la mitad de las víctimas eran niños. Estas cifras se refieren a violencia digital, no describen por sí solas lo que ocurre en las calles; sí advierten que el riesgo puede estar dentro del círculo de confianza y afectar a niñas y niños.

Una relación con un adulto no es un asunto privado

Que una adolescente diga que tiene una relación con un hombre adulto no debe cerrar la conversación con un “ella quiso”. La diferencia de edad, poder y experiencia puede colocarla en una situación de abuso o explotación. UNICEF ha advertido que las uniones tempranas afectan la educación, la seguridad y el desarrollo de las adolescentes, y que la pobreza, la desigualdad, ciertas normas sociales y la falta de protección pueden contribuir a que se normalicen.

La responsabilidad principal frente a una relación con una persona menor de edad recae en el adulto. Eso no elimina la necesidad de acompañar, orientar y supervisar a los hijos: significa que la respuesta debe protegerlos, no avergonzarlos ni convertirlos en culpables.

Supervisar también es cuidar

El Ministerio de Salud Pública ha llamado a padres, madres y tutores a mantener vigilancia activa para prevenir el consumo de alcohol en menores. Un especialista en salud mental citado por la institución advirtió que el alcohol puede afectar su salud y aumentar la exposición a embarazos no planificados, agresiones sexuales y otras situaciones de violencia. El Ministerio recomienda prestar atención en fiestas, reuniones y otros espacios donde haya bebidas alcohólicas.

La supervisión no significa resolver todo con castigos. Significa saber con quién están los hijos, dónde se encuentran, a qué hora volverán y cómo comunicarse con ellos. También supone crear confianza para que puedan contar si alguien los amenaza, los presiona o les ofrece dinero, regalos, alcohol o sustancias.

No todas las familias enfrentan las mismas condiciones. Hay padres y madres que trabajan largas jornadas, hogares con un solo cuidador y comunidades donde faltan espacios seguros y apoyo institucional. Esas realidades merecen comprensión y políticas de apoyo; no justifican la indiferencia cuando un menor está en peligro. La responsabilidad debe ser compartida entre las familias, las escuelas, las autoridades y la comunidad.

En los pueblos pequeños, saber también obliga

En una comunidad pequeña, muchas veces la gente sabe quién es quién y quién suele andar con quién. Pero ese conocimiento pierde valor si se convierte en chisme, silencio o comentario de esquina. Si un menor está expuesto a un adulto que lo presiona o a una situación peligrosa, hacen falta protección, orientación y canales seguros para pedir ayuda.

A los padres, madres y tutores les corresponde estar presentes, establecer límites y escuchar sin humillar. A las escuelas y comunidades, detectar señales y acompañar. Y a las autoridades, investigar las denuncias y garantizar atención. CONANI ha llamado a no ignorar señales de riesgo y a fortalecer la prevención familiar y comunitaria.

La pregunta no es para condenar a una familia ni señalar un barrio. Es para despertar una conciencia nacional: ¿dónde están nuestros hijos a esta hora, quién los acompaña y qué adulto se está aprovechando de su vulnerabilidad? Si no tenemos respuesta, no basta con indignarnos cuando ocurre una tragedia. Hay que acercarse, preguntar, proteger y actuar.

ZabalaAlDía.com — La voz que conecta con la comunidad y la diáspora Dominicana.

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